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La “tradicional” oposición de la cultura china al individualismo

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Uno de los tópicos más recurrentes sobre la cultura china es el relativo a su particular concepto del individuo, y a la idea de que, en este país, las personas son consideradas más bien en su calidad de miembros de una familia o una organización social.

A la hora de tratar esta cuestión, no pocos medios de comunicación occidentales hacen hincapié en las implicaciones legales de estas nociones, y en la innegable privación de derechos a la que están sometidos los ciudadanos chinos. Y no les falta razón para ello, pues aunque en China existen ciertas garantías legales para el individuo, en la práctica, algunos de los procedimientos burocráticos más cruciales siguen basados en la familia como unidad administrativa.

Por ejemplo, los ciudadanos chinos pueden comprar un billete de avión, acudir al hospital, y acceder a una gran cantidad de servicios privados y públicos a través de su carnet de identidad. Sin embargo, llegado el momento de casarse, empadronar a los hijos, o matricularlos en una escuela, la burocracia requiere presentar el famoso “hukou”, una especie de “libro de familia” que ata a los ciudadanos a su origen familiar y geográfico, y que, hoy por hoy, constituye el principal mecanismo para frenar el éxodo rural.

Otra tendencia relativamente recurrente en el discurso occidental es la de presentar el “espacio individual” chino como continuamente constreñido por los intereses y presiones provenientes de la familia, y de agentes colectivos como el propio Partido Comunista Chino. Esta es, sin duda, una cuestión muy palpable para cualquiera que se acerque a comprobar el modo en que padres, tutores, y “lideres” (领导 lingdao) forman y disciplinan a las nuevas generaciones.

Durante mis investigaciones sobre el ámbito educativo chino, pude comprobar la naturalidad con la que se permite que sean los padres quienes planeen y elijan las carreras universitarias de sus hijos, y el enorme control e influencia que ejerce el gobierno sobre los Campus, donde todo impulso de asociación y organización espontánea es sometido a la burocracia del partido.

Sin embargo, aunque ciertos medios occidentales tiendan a señalar al Gobierno y al Partido Comunista Chino como principales responsables de la precariedad de lo individual en China, lo cierto es que la cultural familiar y sus fuentes constituyen un agente muy importante a la hora de entender este fenómeno. Es decir, no  podemos olvidar que, en buena medida, el Partido Comunista Chino se limita a reproducir un modelo de gobierno basado en los linajes familiares como unidad, y legitimado durante siglos por corrientes de pensamiento como el confucianismo.

Y como todo sistema de dominación capaz de mantenerse durante tanto tiempo, el sistema de dominación basado en los linajes familiares cuenta con toda una serie de mecanismos de recompensa que hacen que los propios agentes sociales se inclinen por reproducir las formas de dominación, y desconfíen de las alternativas políticas disponibles.

Dicho de otro modo, si en el seno de las propias sociedades occidentales abunda la noción de la libertad individual como un “reto” o como una condición a “conquistar” a costa de arduos esfuerzos, ¿cómo no van a titubear los ciudadanos chinos ante la idea de romper con un modelo de dominación tan arraigado?

Por otra parte, ¿quién puede demostrar que los objetivos e intereses de la familia o el linaje sean menos importantes que los de los miembros que lo componen? Es muy posible que a muchos occidentales nos parezca “lo más racional” pensarnos desde la perspectiva del individuo frente a la familia, frente al grupo, frente al Estado, o frente a la muerte. Pero la alternativa de imaginarnos como miembros de un linaje cuenta con un recorrido histórico y una presencia mucho mayor en términos globales, y además responde a una lógica de la supervivencia biológica igual de consistente.

De hecho, aun a pesar de todos los sacrificios que este modelo impone a sus miembros, lo cierto es que el sometimiento de los impulsos y deseos personales a los del linaje ofrece una recompensa difícilmente igualable por el modelo basado en el individuo: transcender la muerte de uno mismo a través de los descendientes.

Y es justo bajo esa esperanza de continuidad genética, en su sentido más amplio, como mejor podemos entender el intenso moldeado al que son sometidos los ciudadanos chinos por parte de padres, profesores y líderes políticos. Porque lo que aquí se está jugando no es tanto la gloria personal, sino el destino de una gran familia de familias cuyas raíces se remontan a tiempos inmemoriales.

Recuerdo que, antes de pasar a realizar la ronda de entrevistas, un estudiante de la universidad de Wuhan me contó algo sobre el culto a los antepasados que apunté del siguiente modo: “cuando pienso en mi como persona, no sólo veo mi carácter, sino también el de mi padre, el de mi abuelo, y quizás también el de mis ancestros”. No obstante, esa proyección trans-generacional del carácter personal no sólo se orienta hacia el pasado, sino también hacia un futuro con visos de eternidad.

Hablaríamos, por tanto, de una especie de “salvación” de los miembros del linaje sin tener que recurrir a un “más allá” en términos religiosos. Y esta es, probablemente, una de las particularidades más notables del confucianismo, doctrina que logró ofrecer una ética, una moral y una salida transcendental basadas en el objetivo de garantizar la supervivencia y la honra del linaje familiar.

Por otra parte, entre los expertos en cultura china que más se oponen a la transformación socio-política en clave occidental, como el célebre escritor Liu Yang, existe la hipótesis de que el confucianismo influyó profundamente a varias de las figuras destacables de la Ilustración en Europa y América, e inspiró muchos de los grandes cambios en materia religiosa, política y burocrática.

En resumen, que en cuestión de organización social, fueron las potencias occidentales las que “copiaron” los modelos chinos, y fue gracias a ello, y a su espíritu imperialista, como lograron conquistar la superioridad económica que ostentó el “Reino del Centro” hasta el Siglo XIX.

Por desgracia para Liu Yang y los suyos, no parece que este tipo de argumentos ultra-nacionalistas desanimen a los interesados en promover los derechos y libertades individuales liderados por las potencias occidentales. Sin embargo, el calado de dichos argumentos entre las élites conservadoras del país constituye una clara muestra del interés por cuestionar la tesis del individualismo como opción más racional y más afín a la modernización.

Comments

  1. L'Homme Machine says:

    Puedo aportar una opinión desde la psicología. En la carrera hay una asignatura troncal que se llama genética de la conducta en la que se aprende -si se quiere aprender- que la genética determina una buena parte del carácter de los individuos y hay un excelente libro de DeFries y Plomin donde se mantiene, grosso modo, que la genética viene a condicionar entre el 40 y el 60% de nuestra conducta (inteligencia, personalidad, etc.)
    Desde un punto de vista más socio-político creo que hay libertad de acción en cuanto a la estructuración de la sociedad.
    Por una parte, los defensores del individualismo y liberalismo a ultranza defienden la libertad individual como bien supremo pero, el individuo jamás se desarrolla en aislamiento, de hecho los niños criados en incubadora necesitan del “afecto humano” de una matrona para sobrevivir, si no morirían. Es decir, todos tenemos una deuda con la sociedad que nos cría.
    Por otra parte, los defensores de un, así llamado, socialismo a ultranza que defienden que el individuo es producto exclusivo de su sociedad ignoran o minusvaloran la capacidad transformadora de individuos concretos como Ganhdi, Martin Luther King Jr. o más recientemente Nelson Mandela (en el lado oscuro estarían Adolf Hitler y Pol Pot).
    Como tantas cosas en las ciencias sociales hay un delicado equilibrio entre sociedad e individuo. La sociedad china apuesta por una sociedad más “familar” con sus pros y sus contras. Indudablemente como habitante y ciudadano de una sociedad cada vez más individualista veo sus limitaciones como el exceso de competitividad y humanidad que han llevado y llevaran a conflictos sociales. Un chino verá las ataduras de la familia y las responsabilidades asociadas.

  2. De acuerdo con que las intrusiones en la esfera de intimidad individual son a menudo grotestas. Y el hukou es un autentico latazo, de eso no hay duda. Pero no estoy tan de acuerdo con que el individualismo se haya eliminado en aras de la familia/comunidad/directriz de partido.
    De facto existe una dualidad por la que se produce un individualismo exarcebado en diversas personas y facetas de la vida (como el cuidado del medio ambiente o el respeto a las normas de circulacion, por no hablar de la politica y los negocios), en que el respeto por el otro y la cooperacion grupal son inexistentes.
    Suele ocurrir que cuando se reprime una conducta durante largo tiempo, puesto que la represion perfecta es un imposible, suelen producirse escapes o fugas explosivas de la conducta reprimida que alcanza cotas altisimas en sentido opuesto al esperado, sobre un numero menor de ocurrencias (individuos o situaciones).
    Respecto al comentario, me resulta escalofriante la facilidad que se tiene a la hora de asignar porcentajes a instancias de frontera difusa como las conductas, o a conceptos de los que no existe ni siquiera una definicion clara, como la inteligencia. Decir entre el 40 y el 60% es como decir: a medio camino, el 50%, o sea, que ni si ni no, o sea que no se sabe. Entonces, mejor no realizar aseveraciones. Si estoy de acuerdo con estudiar el tipo de contrato social que tiene implicito el individuo con la sociedad, y las variantes de este a fin de optimizarlo.

  3. L'Homme Machine says:

    Alfonso,

    Dos puntualizaciones:
    Los datos de estimaciones los puedes ver en el libro de DeFries que he citado y, como he dicho, incluyen distintos conceptos. Por ejemplo, en temas de heredabilidad del estrés se sabe que puede saltar hasta tres generaciones con unos porcentajes superiores al 70% de padres a hijos.
    La inteligencia, desde luego, no tiene una definición clara como tampoco la tiene un fotón (¿partícula u onda?), pero se puede medir de muchas maneras como el BIG5 o el 16PF,. Son maneras de medir algo, más o menos intangible. Lo importante es que esas medidas correlacionan habitualmente en estudios de gemelos.
    Respecto a lo de no realizar aseveraciones me recuerda al conductismo clásico: como no podemos medir la mente abandonemos su estudio. Afortunadamente en los 60, gente como Noam Chomsky, aportaron ideas de estudiar la mente como constructo inmaterial, es decir, como los protones, los quarks o la materia oscura.

  4. No se trata de dejar de estudiarlo, sino de no esgrimir como ciertos unos argumentos con un grado de incertidumbre tan elevado que casi deja si evaluación al 50:50.
    Por lo demás, Chomsky es un excelente algebrista por lo que no me cabe duda que en cualquier cosa que estudia (como la manufactura del consentimiento) jamás se deja llevar por ambigüedades.
    Un saludo

  5. Llevo observando la sociedad china desde hace muchos años, y creo que esta clásica observación (la “tradicional” oposición china al individualismo), es errónea. El chino no es que de más importancia a la familia o al grupo que al individuo. De hecho, creo que son las personas más individualistas que conozco, si por eso entendemos la insolidaridad con el resto de sus conciudadanos y la preeminencia descarada que dan búsqueda de soluciones a sus problemas individuales, primando sobre las de sus conciudadanos. Para esto, naturalmente, uno de los recursos es integrarse en un grupo, o potenciar el ya existente de la familia, lo que no quiere decir que pongan por delante el interés del grupo social que el de su propia persona, sino que más bien al contrario, lo hacen por el beneficio que les reporta, como individuos, dicha integración. Un hecho que nos despista hacia hacernos pensar lo contrario es el hecho de que el chino sencillamente es mucho más GREGARIO que el occidental (fundamentalmente por razones de carácter), lo que es muy diferente de que valore el interés del grupo por encima del suyo propio.

    • Me parece que el individualismo va un poco más allá que la simple falta de consideración hacia los conciudadanos. Es más, el individuo, tal y como lo entendemos en Occidente, no tiene cavida sin un mínimo de respeto a las leyes, normas y usos sociales que garantizan un espacio de seguridad y libertad a las personas.

      Por eso, a mi modo de ver, es la carencia de dicha concepción y praxis del individuo la que motiva que antepongamos nuestros intereses incluso cuando somos conscientes de que afectan negativamente a la sociedad en que nos desenvolvemos. Y tienes razón en que esto ocurre mucho en China, pero también ocurre mucho en España, porque ambos son países que durante siglos han funcionado en clave “familista” y al margen (o en contra) del modelo de individuo promovido por el protestantismo y las corrientes de pensamiento ilustrado.

      No obstante, en mis investigaciones en China he podido comprobar que, en muchas ocasiones, los chinos anteponen el interés del linaje o de la familia al de sus propios miembros, y basta con haber vivido un poco de cerca la forma en que los padres crían a sus hijos para entender todo lo que están dispuestos a sacrificar por su futuro. Y conste que no se me escapa la tradicional expectativa de cuidar de los padres cuando se hagan mayores (también muy popular en España), pero en la actualidad buena parte de los cabezas de familia se lo da prácticamente todo a sus hijos sin ninguna garantía ni esperanza seria de que luego ellos vayan a estar en condiciones de poder devolverles el esfuerzo y mejorar sus condiciones de vida.

      Quizás a lo sumo esperen que les cuiden cuando su salud empeore, porque aquí las residencias de ancianos dejan mucho que desear, pero te aseguro que este compromiso hacia la continuidad y el bienestar del linaje es muy real, y además constituye la verdadera forma de “salvación religiosa” para muchísimos chinos.

      Otra cosa es que el interés de la familia o del linaje propios se anteponga al de los demás y genere desequilibrios, dilema discutido durante siglos por los pensadores destacados de China, o que el nivel de sacrificio por los hijos llegue a cotas que prácticamente anulan el “espacio personal”, pero a mí me parece que estás muy equivocado si piensas que los chinos lo hacen todo por puro egoismo o por el beneficio exclusivamente personal.

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