post

Suegra vs. nuera: la relación maldita que persigue a las familias chinas

En muchos países occidentales los roces entre suegra y yerno ocupan un lugar especial en el imaginario de las relaciones familiares difíciles. Sin embargo, en China son nuera y suegra las que se suponen enfrentadas en una batalla que haría las delicias de Freud. De hecho, diría que este tipo de clichés hacia las señoras que parieron a nuestros cónyugues resultan mucho más recurrentes en el gigante asiático que al otro lado de Eurasia, donde han sido más criticados por los movimientos feministas.

En la China de los cuñados no hay humorista o graciosete que se resista a transportarnos al más que célebre escenario en el que madre y esposa cuelgan de un precipicio y piden ayuda a su hijo/marido, quien solo podría salvar a una de ellas. Y es que, igual que ocurre en la versión que conocemos, el dúo suegra nuera es, en realidad, un trío en el que también se incluye al marido, quien suele jugar un papel tan pasivo como decisivo en este particular culebrón de parientes.

Varias son las causas que pululan tras este fenómeno tan recurrente. Sin embargo, a mi modo de ver, existen dos ingredientes fundamentales a la hora de preparar el jaleo.

El primero de ellos es el carácter patrilineal y patrilocal de las familias chinas. Para los que no estéis familiarizados con los palabros antropológicos, dicho rápido y mal, este término se aplica a las familias en las que la esposa abandona su linaje para formar parte del de su marido y (preferiblemente) vivir junto a él y sus padres.

En la China tradicional, este tipo de arreglos generaban mucha tensión en la familia de la mujer, sobre todo si esta última iba a parar a un hogar con más esposas o concubinas. Y es que, una vez entregada la dote, la mujer quedaba prácticamente confinada a los dominios de su marido y las ocasiones para regresar de visita a su hogar se reducían dramáticamente.  Como contrapartida, la familia del esposo debía hacerse cargo del bienestar de su mujer en la medida de lo posible. Sin embargo, esta es una parte del acuerdo que ha dado un giro muy interesante en los últimos años.

Lo que ha ocurrido es que, gracias al desarrollo económico de las últimas décadas y con la ayuda de la famosa burbuja inmobiliaria china, muchas suegras han empezado a pedir a sus yernos en potencia que ofrezcan una vivienda separada de la de sus padres como una especie de “dote” para el matrimonio.

Es decir, las madres de las novias han llegado a la conclusión de que no basta con eso de garantizar un hueco a sus hijas en los viejos hogares familiares de sus esposos, y llevan ya unos años exigiendo que el novio aporte una vivienda en la que él y ella puedan vivir a salvo de los caprichos de los padres de él. Bueno, en realidad los padres de las novias también tienen mucho interés en esto, pero los hombres de este país suelen escabullirse a la hora de negociar las condiciones de los enlaces matrimoniales.

Buff… ¡Vaya jaleo! Pues ahora es cuando entra el segundo ingrediente de la ensalada china, porque la política del hijo único ha hecho que muchas madres desarrollen un excesivo celo por sus hijos varones, en los cuales descansa el futuro de la familia. Esto me resulta muy curioso, porque es la madre quien, a pesar de proceder de otro linaje, lleva los pantalones a la hora de asegurar que su hijo se case con la mujer adecuada. Y es en este tipo de cuestiones, queridos amigos, donde se ve hasta qué punto la dominación patriarcal consigue que sean las propias mujeres las que, además de encargarse de la educación y de las tareas del hogar, se las tengan que ver con la tarea de asegurar un buen porvenir para el linaje que las adoptó.

Este tarea que los hombres no quieren hacer consiste, entre muchas otras cosas, en presionar a la nuera para que tenga hijos (en China es una ofensa familiar no tenerlos si la fertilidad lo permite), decirle cómo los tiene que cuidar y enseñarle cómo se gobierna el orden y la economía de un hogar. Una delicia, vamos.

Como ya he explicado antes, hoy en día las suegras no suelen vivir junto con sus nueras más que cuando estas última necesitan ayuda con sus hijos o cuando se hacen muy mayores, pero los encuentros casuales o esporádicos entre ambas no se libran del riesgo de catástrofe. Al fin y al cabo, si las suegras ya no pueden convivir con las nueras, es normal que durante sus visitas intenten ofrecer una versión intensiva de sus lecciones sobre maternidad y cuestiones del hogar.

En ocasiones, la pesadez de las madres excede los límites de lo humanamente aguantable, y es entonces cuando se producen esos escenarios que generan muchas tensiones, bastantes dramas, alguna que otra tragedia y, cómo no (así somos los humanos) toda una muralla de chistes y bromas.

Que si la suegra es una déspota pueblerina, que si la nuera una pija mal criada, que si se enfadan, que si se pelean, y mientras tanto el hijo/marido observa como una especie de payaso calzonazos atrapado en la tormenta perfecta. También de este último es muy fácil reírse por ser un pusilánime, pero su mayor drama es decidir a quién le cae el marrón de las crianza y las tareas del hogar, y aunque nunca termine de posicionarse, sabe que alguien se encargará de ello en su lugar.

No obstante, me da la impresión de que, al igual que ocurrió en España, el lado humorístico de este entramado socio-familiar está haciendo cada vez menos gracia a los chinos de las nuevas generaciones, quienes avanzan poco a poco hacia unos esquemas de relaciones entre padres e hijos con más espacios para la negociación, aunque sin por ello renunciar al viejo ideal de portarse lo mejor posible unos con otros.

Mi mujer ya ha probado lo que es tener una suegra que no se entromete en nuestra vida, y es posible que en ocasiones echemos de menos no poder cargarla con el cuidado de los hijos, como ocurre habitualmente en gran parte de China. Afortunadamente, en el gigante asiático también resulta cada vez más habitual y aceptable que los maridos se involucren en el cuidado y educación de los hijos, y es muy probable que esta transformación en la división del trabajo familiar acabé con la relación maldita entre suegra y nuera en menos de lo que se duerme un panda.

Deja un comentario

Clef two-factor authentication
A %d blogueros les gusta esto: