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Ventajas y retos de dar clases en una universidad china

Esta semana la mayoría de las universidades de China se han sumergido en el periodo de exámenes y evaluaciones, incluida aquella en la que trabajo y a la que no mencionaré por si las moscas.

Como ocurre en casi cualquier centro educativo durante esta parte de los ciclos formativos, aquí también se respiran bastantes nervios y estrés tanto entre los estudiantes como entre los profesores. En mi caso, aunque ya acumulo varios años colaborando con los departamentos de lenguas y culturas de un par de universidades chinas, esta es la primera vez que lo hago como mi trabajo principal y tengo que admitir que se me están formando opiniones y sentimientos encontrados sobre la formación de los estudiantes en este país.

Por supuesto, soy consciente de que la carrera de lengua y cultura hispánica no es la opción número uno entre los universitarios chinos, y entiendo que parte de los que acaban en mis clases lo hacen simplemente porque su puntuación en la selectividad no les daba para otra cosa. Otros vienen porque sus padres o familiares les han convencido de que el español va a ser la repera limonera en el marco de las relaciones internacionales de China. El resto lo hace por puro interés y no es raro que entre ellos haya algún fogoso apasionado de la lengua de Cervantes.

En cualquier caso, creo que trabajar con este tipo de estudiantes también permite conocer algunas de las características típicas de los universitarios chinos en su conjunto y, con un poco de suerte, a lo mejor las reflexiones que presento a continuación hasta resultan de utilidad a quienes prueben suerte en los jóvenes departamentos de lengua y cultura de las universidades chinas.

En primer lugar, tengo que decir que me asombra la enorme diferencia que hay entre los estudiantes de principio y final de carrera en lo relativo a su madurez psicológica, su autonomía o su tan discutida creatividad. Sé que esta impresión también es habitual entre mis profesores paisanos, pero creo que en China entran en juego otros factores que hacen que esta transformación resulte algo más dramática.

A mis alumnos de cuarto les doy una clase sobre proyectos de investigación, una especie de mezcla de técnicas de investigación, escritura académica y trabajo fin de carrera. Al principio tenía muchas dudas de si serían capaces de completar satisfactoriamente un curso práctico, pero decidí probar suerte y lo cierto es que me he quedado encantado con los resultados.

Los estudiantes se organizaron por grupos y propusieron temas de su interés como la opinión de los estudiantes de la facultad sobre la tauromaquia, el nivel de satisfacción de los inmigrantes hispanohablantes sobre la vivienda en China o la forma en que los emigrantes chinos en España valoran la educación de sus hijos. Este no era un curso anual, así que no había demasiado tiempo para hacer un proyecto serio, pero la mayoría de los grupos se las han apañado para diseñar una encuesta y pasarla a una pequeña muestra, y algunos incluso han utilizado aplicaciones móviles para recoger y analizar los datos obtenidos. Ah, y todo ello en español.

Trabajar con este tipo de alumnos es una gozada. Entienden todo lo que dices, son participativos y tienen ganas de aprender cosas útiles para su inminente carrera profesional. Sin embargo, estos estudiantes son el resultado de más de tres años de formación en los que, con suerte, también se produce alguna que otra estancia en el extranjero.

Cuando llegan a la universidad, la mayoría de los alumnos chinos muestran un perfil de actitudes sensiblemente diferente al que acostumbramos en Europa. Por un lado, son estudiantes mucho más “formales” en cuanto a comportamiento; no les cuesta guardar silencio cuando es requerido, no levantan la voz y, por defecto, respetan al profesor y prácticamente todo lo que sale de su boca o de su PowerPoint. Sin embargo, cada una de las aparentes ventajas resultantes de una mayor disciplina en la enseñanza secundaria oculta un pequeño reto de adaptación para el docente extranjero.

El más recurrente de dichos retos probablemente sea el de promover la participación en clase, ya que muchos estudiantes están acostumbrados a hablar solo cuando el profesor les haga una pregunta específica sobre la lección en cuestión. Por norma general, es muy extraño que interrumpan para plantear dudas o para manifestar su opinión, y mucho menos para cuestionar la información ofrecida por el profesor. Además, hay que ser más insistentes a la hora de asegurarse de que han entendido el contenido de la lección, ya que la mayoría prefiere asentir antes que reconocer frente a los demás que el asunto no le queda claro.

Recordemos que en China las aulas de secundaria pueden fácilmente reunir 50 estudiantes (algunas veces hasta 70), lo cual, unido al abrumador nivel de competencia para sobresalir en la selectividad, hace que en las clases se reduzca el espacio para la participación y se maximice el tiempo dedicado a asimilar los contenidos del examen. De hecho, la preparación para los exámenes absorbe tantas horas de clase que en la mayoría de los centros de enseñanza no-obligatoria apenas queda tiempo para trabajar facetas tan valoradas en Occidente como el trabajo en equipo.

Desde luego, resulta algo irónico que en un país de orientación socialista reine el individualismo educativo, pero creo que esta característica se va a seguir manteniendo por lo menos hasta que se aplique un sistema de evaluación continua que tome en cuenta los resultados de los estudiantes antes de la selectividad. Es decir, mientras el futuro se lo sigan jugando en forma de examen final, y mientras se mantenga el nivel de competencia por acceder a las mejores universidades, no va a haber centro educativo en China que apueste por dedicar más horas a los trabajos en grupo. Por cierto, ahora que gigantes de la tecnología como Google han vuelto a confirmar los beneficios de trabajar en equipo, estaría bien que los máximos responsables de la educación china se preguntasen cuántos recursos se están desaprovechando al no entrenar a sus estudiantes en estas habilidades.

¿Esto quiere decir que los estudiantes universitarios son incapaces de trabajar con sus compañeros? Claro que son capaces, pero es posible que no tengan la costumbre de reunirse para trabajar fuera de clase como hacemos nosotros desde bien pequeños, o que se les ocurra organizarlo todo por Wechat (el Whatsapp de China). Por eso, no deberíamos tirarnos de los pelos si resulta que un grupo de universitarios del primer curso nos presenta un trabajo que no está a la altura de sus capacidades individuales.

En principio, esta cuestión no debería suponer un gran problema, ya que la mayoría de los estudiantes tienen una gran capacidad de esfuerzo y si la cosa no sale bien la primera vez, lo más normal es que se preocupen de hacerlo mejor en la próxima ocasión. No obstante, también es cierto que muchos de ellos se relajan un poco demasiado una vez que superan la selectividad, y como ven que los profesores ya no están tan encima de ellos, pasan los primeros meses (o años) en un peligroso estado de atolondramiento y holgazanería. Lo bueno de estos estudiantes es que son pacíficos y lo peor que hacen es quedarse dormidos en clase. Pero si nos toca una proporción de ellos más alta de lo normal y a esto le sumamos unos proyectos en grupo organizados por los propios alumnos, el resultado puede ser digno de una reunión de agentes de la TIA.

Puede que esto suene un poco exagerado, pero igual que antes he dicho que los estudiantes de cuarto me tienen loco de contento por su rendimiento, también tengo que decir que he alucinado un poco con las presentaciones de los grupos de primero en la asignatura de cultura europea, algunos de los cuales se han limitado a leer directamente de la Wikipedia, incluida la etiqueta-enlace de “Artículo principal” que suele aparecer junto a algunos apartados.

Por último, pero no por ello menos importante, el hecho de que puedan ser muy disciplinados o trabajadores no implica que, como casi cualquier estudiante espabilado del mundo conocido, no estén a la espera de cualquier excusa para hacer el mínimo esfuerzo. Este es un hecho muy a tener en cuenta en momentos clave del curso, como a la hora de explicar la metodología de evaluación. De hecho, parece que es en estas ocasiones donde convergen o se conjuran todas las desventajas de las que he hablado antes con el fin de justificar la dejadez, de modo que si no han hecho el trabajo es porque no nos han entendido, porque les daba miedo preguntar, porque no se habían puesto de acuerdo entre ellos o porque estaban jugando al League of Legends en su dormitorio.

Por eso, creo que lo más recomendable es ser superpesados y repetir una y otra vez este tipo de información crucial, asegurándonos siempre que queda bien claro. Para ello, no solo es recomendable pasarla de forma escrita (en una hoja para cada alumno), sino también de forma oral en varias sesiones y también a través del grupo de Wechat de la clase, pero nunca a través de chats privados con cada estudiante, porque lo más probable es que se arme un lío monumental.

Otra forma muy recomendable de aprender a lidiar con el comportamiento de los estudiantes chinos consiste en observar a sus profesores, cosa a la que quizás algunos extranjeros nos resistimos, porque damos por hecho que al ser hablantes nativos y provenientes de países desarrollados lo hacemos mejor que ellos. Sin embargo, los profesores chinos suelen encargarse de los cursos más duros y decisivos para que los estudiantes aprendan rápidamente a desenvolverse en la la lengua que estudian, y saben muy bien cómo hacer que se esfuercen por dar lo mejor de sí mismos tratándolos con paciencia y respeto.

Como podéis ver, tengo una de cal y otra de arena para cada cuestión, pero incluso en estos momentos de nervios y estrés me siento muy animado para seguir trabajando junto con los demás profesores del departamento y hacer que los estudiantes salgan bien preparados de la universidad.

Otro día os contaré más cosas sobre esto de ser profe en China. Hasta entonces, nos vemos en Historias de China.

Comments

  1. Jaime Briones says:

    Hola Javi,

    Me presento brevemente. Soy estudiante de Lengua y Literatura Hispánicas, estudio mandarín desde hace dos años y me encantaría dedicarme en un futuro a la enseñanza del español en China.

    Tus artículos son siempre muy inspiradores. Simplemente quería agradecerte, a modo de feedback, el trabajo que estás haciendo con el blog. Lo he descubierto recientemente y espero poder seguir aprendiendo con tus ideas y reflexiones por mucho tiempo.

    ¡GRACIAS!

    Un saludo desde La Rioja,

    Jaime

    • ¡Muchísimas gracias a ti, Jaime! Mensajes como los tuyos me animan a seguir con todavía más ganas 😀

      Cuando te decidas a venir no dudes en darme un toque y veremos cómo te puedo ayudar.

      Recibe mi mejor saludo desde Dangyang, el pueblo de mi mujer (estoy de visita por el Año Nuevo).

      Javier

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