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Lei Feng, la trágica e inspiradora historia del mártir del maoísmo

Al hablar del periodo político dominado por Mao Zedong, es muy habitual referirse al culto casi religioso a su persona. Sin embargo, ningún gran culto se construye y mantiene sobre la sola imagen de su dios. Para ello hace falta una serie de figuras humanas que funcionen como un modelo para inculcar la forma ideal de relacionarse con lo divino a las masas. El cristianismo tenía al propio Jesús y a sus apóstoles y santos. El capitalismo tiene ya una buena colección de “hombres hechos a sí mismos” adorados a lo largo y ancho del mundo conocido. Y el maoísmo tenía a Lei Feng, todo un mártir de los valores sobre los que debía construirse la Nueva China.

De hecho, en el caso de Mao Zedong y Lei Feng ha ocurrido algo curioso, aunque no poco habitual en la evolución de los cultos religiosos, y es que la figura del santo ha envejecido algo mejor que la del propio dios. Obviamente, Mao Zedong siempre seguirá siendo respetado por asegurar los cimientos de una China soberana y moderna, pero incluso el propio PCCh le dedicó una buena dosis de críticas por los errores de sus políticas. Dicho de otro modo, a lo mejor el gran líder aspiró a convertirse en otro humano deificado de los muchos que moran en la burocracia celeste de China, pero su apuesta falló y se tuvo que conformar con la categoría de figura histórica destacada.

Sin embargo, el pobre, humilde y altruista Lei Feng, que murió con apenas 21 años, es recordado con un poderoso sentimiento reservado a muy contados iconos de la humanidad: el cariño. De hecho, de aquí a unos pocos días, el 5 de marzo, se celebrará su día en todo el país y millones de chinos se involucrarán en todo tipo de trabajos voluntarios para honrar su impoluta memoria. Además, la figura de Lei Feng parece llevarse bastante bien con el mundo del marketing y aunque su caso no es comparable al del Che Guevara, no resulta difícil verlo estampado en camisetas, tazas y demás artículos de promoción comercial (merchandising).

Pero comencemos ya a repasar la historia de nuestro protagonista, en cuya trayectoria, como en la de muchas otras personas de talento, resulta difícil discernir qué parte tuvo lugar realmente y qué parte fue adornada o inventada por la publicidad y la propaganda.

Feng nació el 18 de diciembre de 1940 en la provincia de Hunan, en una pequeña población cercana a la capital y redenominada en su honor (Leifeng) a partir de 1993. Su infancia estuvo marcada por una serie de tragedias habituales en el largo periodo de conflictos que asoló China durante la primera mitad del Siglo XX. Sin embargo, su caso fue especialmente terrible, ya que entre los años 1943 y 1947 perdió a su abuelo, sus padres y sus dos hermanos.

Cuando echamos un vistazo a la triste historia de su familia, descubrimos que toda ella fue víctima de los mismos agentes culturales, sociales y militares que combatirían las fuerzas comunistas.

Su madre fue dada en adopción cuando era pequeña y fue entregada siendo una niña a los abuelos de Lei Feng, de modo que estos la criasen y se la diesen a su hijo en matrimonio. Esta es una vieja costumbre china (童养媳) que solo sobrevive en alguna de las zonas menos desarrolladas del país, aunque en aquellos tiempos era muy habitual. Su padre participó como capitán en el movimiento de campesinos de Hunan, liderado por el propio Mao Zedong, pero fue apresado y sufrió lesiones internas que resultaron en cierto grado de incapacidad. En 1944 fue gravemente azotado por soldados japoneses y murió al año siguiente. El hermano mayor de Lei Feng falleció de tuberculosis en 1946, con solo 12 años de edad y tras soportar las duras condiciones de las fábricas de aquellos tiempos. Poco después, el hijo menor de la familia murió en los brazos de su madre a causa de la enfermedad y el hambre. Finalmente, tras haber padecido los abusos del terrateniente para el que trabajaba y superada por el dolor de tantas pérdidas, la madre de Lei Feng se ahorcó y lo dejó huérfano.

Después quedarse solo, Lei Feng fue adoptado por uno de sus tio-abuelos. Poco más tarde, en el año 1949, el gobierno de la Nueva China liberó su pueblo y nuestro joven protagonista, de 9 años de edad, consiguió ir por primera vez a la escuela. A partir de aquel momento, el Partido Comunista de China se convertiría en la familia de Feng y en el vehículo a través del cual pondría en práctica su entusiasmo por ayudar a sus paisanos.

Gracias a su espíritu colaborador y generoso, en 1950 Lei Feng se convirtió en el líder de su escuela de lo que más tarde se conocería como el Cuerpo de Jóvenes Pioneros de China. En aquel entonces comenzaba la reforma de colectivización agraria (1950-1952), por la que gran parte de los campos de los terratenientes pasaron a manos de los campesinos, y parece que Lei Feng se mostró muy activo en estas campañas. Como fruto de estas reformas, el joven Feng obtuvo una parcela de tierra de 2400 metros cuadrados, pero 5 años después donó todos sus terrenos a la escuela primaria en la que estudiaba.

Lei Feng completó su formación de primaria en el verano de 1956, con 16 años de edad, y en seguida comenzó a trabajar como asistente en la recolección de grano para el Estado. Tres meses después pasó a trabajar como mensajero en el pueblo de Anqing y poco después obtuvo un puesto de funcionario en el condado de Wangcheng.

En 1957 Feng pasó a formar parte de la Liga de la Juventud Comunista de China y las autoridades del condado de Wangcheng lo nombraron trabajador modelo. Sin embargo, el joven comunista nunca se permitió una vida cómoda y siguió acudiendo allá donde el gobierno lo necesitase. Apenas un año después pasó a trabajar en una granja colectiva y fue el principal donante a la hora de realizar la compra de un tractor, tras lo cual fue elegido para aprender a conducir la máquina. Después de completar su proceso de formación, Feng publicó un artículo propagandístico en el periódico local, donde relataba sus experiencia bajo el título de “He aprendido a conducir un tractor”. Puede que esto suene un poco ridículo visto desde la óptica de la China actual, pero en aquellos tiempos suponía todo un avance digno de promoción en un mundo agrario muy atrasado en cuestión de tecnología.

En septiembre de 1958 nuestro héroe cruzó medio país para llegar a la ciudad de Anshan, en la provincia de Liaoning. Había comenzado la campaña del Gran Salto Adelante y el gobierno había hecho un llamamiento para atraer trabajadores a la zona, una de las más destacadas de la industria nacional. Allí Lei Feng ofreció su experiencia con el tractor para ponerse al mando de un bulldozer. Según cuentan sus biografías, ese mismo otoño viajó de vuelta a Hunan para visitar el pueblo natal de Mao Zedong, y fue poco después cuando decidió cambiar su nombre original (Lei Zhengxing) por el de Lei Feng. Al parecer, el joven pensaba que su nombres sonaba demasiado rústico (土) y uno de sus superiores le aconsejó cambiar su nombre por el carácter 锋, que podríamos traducir como “punta afilada”.

En el año 1959 se prestó a trabajar en la construcción de una planta de coque de una zona montañosa de Liaoning, donde permaneció hasta finales de año. Entonces solicitó el ingreso en el ejército, y lo hizo volviendo a publicar una petición en el periódico local con el título de “Estoy decidido a responder a mi deber”. Por motivo de su baja estatura, en principio, Feng no estaba cualificado para entrar en el ejército, aunque finalmente su experiencia profesional y política acabaron por convencer a las autoridades.

En los siguientes años el pequeño gran Lei Feng fue nombrado trabajador modelo en más ocasiones. Esto se debió principalmente a su incesante deseo de dedicar los frutos de su trabajo a la construcción de la Nueva China. Durante un llamamiento del PCCh para la colaboración ciudadana, Feng se ofreció a donar 200 yuanes, el equivalente de casi un año de ahorro. Las autoridades solo aceptaron la mitad de dicha suma, pero Feng donó el resto para paliar los daños producidos por una inundación en la ciudad de Fushun. También fue en aquella época cuando se le hizo la sesión de fotos de la que proceden la mayoría de instantáneas que se conservan de él, aunque quizás el aire militarista de algunas de ellas no hace justicia a su verdadero espíritu.

En noviembre de 1960 por fin se convirtió en miembro del Partido Comunista de China y fue elegido para ser un representante del municipio al que había donado su dinero. A comienzos de 1962 fue nombrado sargento y publicó 3 artículos en los que hablaba de sus duros comienzos y de la inspiración que le produjo la causa y la figura de Mao Zedong.

No obstante, el 15 de agosto de ese mismo año, Lei Feng moriría víctima de un desafortunado accidente laboral. Al parecer, el joven sargento estaba dando indicaciones a un camionero para ayudarle a dirigir la máquina marcha atrás, pero esta resbaló y golpeó un poste eléctrico que cayó sobre Lei Feng, produciéndole un golpe fatal en la sien. Feng fue enviado a un hospital para tratar de salvar su vida, pero murió a las 12:05 de aquel mismo día.

En un principio, su funeral iba a celebrarse dentro del cuartel general en el que trabajaba, pero había tanta gente interesada en acudir a su despedida, que finalmente las autoridades de Fushun decidieron organizar una ceremonia pública a la que acudieron 100.000 personas.

Tras su muerte, la trágica y conmovedora leyenda de Lei Feng se extendió rápidamente por el país, en parte por la acción de los medios de propaganda y en parte por el simple boca a boca. Tanto es así que el 5 de mayo de 1963 el mismo Mao Zedong firmó un artículo en su honor para la revista “La juventud china”, que dedicó un especial a la figura del héroe. Tras las palabras del líder Mao, quien invitó a sus paisanos camaradas a “aprender de Lei Feng”, la figura de este último alcanzó el nivel más alto de popularidad y se convirtió en todo un icono de lo que suponía ser un buen ciudadano chino en aquella época.

Apenas un mes después se publicaron los diarios de Lei Feng, y aunque hay quienes sospechan que estos fueron un invento propagandístico, a partir de entonces la vida de Lei Feng se convertiría en uno de los más populares ejemplos de aquello a lo que Mao Zedong se refería cuando en 1944 acuñó el lema de “servir al pueblo”, uno de los más sagrados para el Partido Comunista de China. Incluso se creó un buen número de canciones y películas, y hasta una serie en memoria de tan destacada persona, y hoy en día hay 21 escuelas en China que llevan su nombre.

Ahora bien, su figura también fue utilizada muy activamente por la propaganda estatal en periodos con los que él no tuvo nada que ver, como la controvertida Revolución Cultural. No obstante, el llamado “espíritu de Lei Feng” sobrevivió intacto como un sinónimo de dedicación y entrega a los demás sin pedir nada a cambio, y aunque algunos de sus valores tienen un carácter universal, a mí me gusta pensar en este icono de la cultura popular china como un seguidor de la Regla de Oro (trata a los demás como querrías que te trataran a ti) en clave comunista.

Comments

  1. Muy buena entrada, había leído sobre el culto a Lei Feng pero lo cierto es que no sabía su historia. En el libro “Cisnes Salvajes” se ve muy bien la evolución del “culto a Lei Feng” que luego pasa derivar en el “culto a Mao” (por el “amor” que tiene Lei Feng a Mao”) y luego cuando el propio Mao manda dejar de imitar a Lei Feng y sus “buenas obras” e imitar al ejército y los soldados.

    ¡Saludos!

  2. Jon Segura says:

    Me hubiese gustado una interpretación de Ayn Rand sobre LeiFeng. Haha.

    Dos polos opuestos.

    Desde que una profe lo mencionó en clase, siempre he tenido especial curiosidad por LeiFeng.

    Ondo Segi!!!

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