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El culto religioso y mágico a Mao en la China de nuestros días

Hoy en día ni siquiera en China se discute que la Revolución Cultural (1966-1976) otorgó cierta aura religiosa o cuanto menos sagrada a la figura de Mao Zedong. Desde luego, este es un hecho un tanto paradójico si consideramos el convencido secularismo del líder chino y su particular lucha contra las organizaciones religiosas de China. Sin embargo, tampoco se puede negar que los grandes credos mundiales cuentan con métodos de dominación simbólica a prueba de siglos y siglos de historia política. Así pues, ¿quién es el megalómano que se atreve a descartarlos?

Al fin y al cabo, si hay una lección política clara tras la historia de las sucesivas dinastías chinas, es que hay que andarse con mucho cuidadín a la hora de mandar al carajo los símbolos y la liturgia que rodeaban al régimen anterior, sobre todo si acumulaba muchos años en el poder. Y si a los antiguos emperadores les fue tan bien con el rollo de que eran los intermediarios entre la Burocracia Celeste y la burrocracia mundana, ¿no funcionaría poniendo a Mao como enviado del Olimpo comunista?

No seré yo quien se aventure a afirmar que Mao era el mesías del socialismo chino, pero la sociología cuenta ya con todo un ejército de fanboys de los paralelismos entre el sueño de traer el reino del dios a la tierra y el de hacer realidad el comunismo. No en vano, pese a las muchas diferencias que los separan, resulta bastante obvio que ambos nos empujan a sacrificarnos por un futuro ideal que, dicho sea de paso, nunca acaba de llegar.

Ahora bien, al margen de lo conseguido por el propio Mao en el intento de favorecer la adoración de su persona, no hay que subestimar las aportaciones del caprichoso sincretismo chino, que durante siglos ha sido capaz de mezclar todo tipo de credos y crear nuevas organizaciones y sectas a la mínima en que el gobierno se ha despistado. Así pues, no es de extrañar que, además de los todavía muy numerosos materiales propagandísticos de la época, se conserve y mantenga toda una serie de parafernalia, rituales e incluso templos de carácter más o menos supersticioso-mágico-religioso centrados en la imagen del “Gran Timonel”.

Al mismo tiempo, tampoco hay que olvidar el hecho de que, aunque China permite la libertad religiosa en el ámbito privado y reconoce las organizaciones de las 5 religiones oficiales (budismo, taoísmo, islam, catolicismo y protestantismo), todas ellas están controladas por el Partido Comunista de China. Es más, sus máximos responsables están obligados a respetar las leyes contra el proselitismo y acomodar sus doctrinas religiosas a los principios socialistas. Así pues, es posible que en algunos de sus templos o en los de otros cultos no reconocidos se expongan imágenes de Mao u otros líderes del partido para demostrar la aceptación de los valores socialistas o para tratar de hacerles la pelota a las autoridades locales.

Como podéis apreciar, algunas fotos muestran un estilo más bien ortodoxo, pero en otras vemos a Mao junto a figuras destacadas del budismo, el taoísmo, la religión popular o el propio cristianismo, ¡y nadie se escandaliza! Por otra parte, en los años que llevo en China me he encontrado con gente que “creía” en Mao de formas tan variadas como tipos de religiones existen. Me explico. Hay quienes ven a Mao como algunos protestantes ven a Jesús de Nazaret, es decir, como una persona muy especial conectada a otro mundo o a las fuerzas del destino, pero sin flipar con su divinidad. Esta sería la forma más “racional” de culto religioso a Mao, aunque hay muchas otras en las que se le atribuyen ciertos poderes mágicos (sobre todo protectores) que recuerdan a los de los santos del catolicismo o el budismo.

En cualquier caso, y en conexión con la herencia de la China tradicional, tampoco es una locura pensar que hay quienes imaginan a Mao como el fundador de una nueva dinastía. Y desde ese punto de vista, lo propio sería que hubiese ciertos lugares en los que honrarlo e incluso dedicarle las ofrendas habituales para cualquier gran patriarca. Es más, aunque ahora ya no hay tanta gente que piense así, cuando Mao alcanzó al poder, muchas familias que compartían el mismo apellido se sintieron orgullosas, del mismo modo que ocurría con los emperadores del pasado.

Pero no demos por hecho que este es un fenómeno de las generaciones que crecieron con Mao, ya que en la actualidad también hay ciertos jóvenes que siguen con estas tradiciones y a los que no les disgusta precisamente pensar en su líder como un ser semi-divino. Por supuesto, en todo esto también puede haber buenas dosis de humor chino o simple cachondeo. Pero no deja de ser curioso que se de continuidad a todo esto por lo bajini o en el ámbito personal-familiar, cuando hace tiempo que diversos órganos del gobierno y la mayoría de empresas estatales evitan que su imagen pública se mezcle con la de Mao.

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