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Sobre las prioridades de la vida en China y por qué mi suegra tenía razón

Es posible que algunos de vosotros os acordéis de una entrada de este blog titulada “El placer de explicar a mi suegra china la vida en mi pueblo”. En ella hablé sobre lo mucho que le costaba a mi suegra entender que el lugar en el que me había criado, de apenas 4000 habitantes, contase con todas las comodidades del mundo desarrollado. Y es que, en la mayor parte de China, los municipios con menos de 100.000 habitantes son asociados a los dominios de lo rural y de la falta de oportunidades formativas y profesionales.

Durante años antes y después de conocer a mi querida suegra, viví convencido de que se podía tener una existencia tranquila y digna lejos de las grandes ciudades. En todo ese tiempo me imaginaba a mí mismo trabajando como traductor a distancia o profesor de una academia de idiomas en algún pintoresco pueblo o pequeña urbe de China. Nada que no resultase factible, respetable e incluso deseable en muchos lugares de la Europa desarrollada, especialmente en aquella en la que más frescos se han conservado los valores que florecieron en Mayo del 68. Sin embargo, en la China que yo he conocido, confesar ese tipo de intención a tus familiares supone una causa de decepción, preocupación y, sobre todo, rechazo, mucho rechazo.

Puede que en el gigante asiático exista el estilo de ropa hippie desde hace mucho tiempo, pero sigue siendo un país esencialmente enemigo de su espíritu. Si como en el caso de servidor y su mujer, resulta que tienes formación superior o un posgrado y se te ocurre marchar al pueblo, solo hay una explicación posible: eres gilipollas. Y lo eres porque no solo estás metiéndole un hachazo a tu capital social, económico y/o político, sino que además estás comprometiendo el futuro de tus sucesores, que es de lo que va el rollo por estos lares.

Pero lo más jodido del tema es que ni siquiera te quieren de vuelta en el pueblo donde naciste. Mi suegra siempre nos ha rogado que nos quedásemos en China, pero frunce el ceño cada vez que barajamos la posibilidad de abrir un negocio en su humilde Dangyang, que tiene nada menos que 150.000 habitantes y estudiantes de sobra para hacer realidad nuestro proyecto. Para ella y para millones de padres chinos, el regreso de sus hijos al pueblo es un signo de fracaso. Y aunque los valores tradicionales mandan estar cerca de los padres, hoy en día se conforman con disfrutar de los nietos y los hijos en la vejez y dejar que estos últimos trabajen donde haga falta para conquistar los siempre inalcanzable hábitos de consumo ideales.

Volviendo a la perspectiva de mi suegra, tengo que reconocer que la admiro por su capacidad de sacrificio hacia nosotros y me consta que es una persona con un gran corazón, pero no entiendo que su mayor anhelo en estos momentos sea vernos conduciendo un coche un nuevo. Creo que comprendo el significado que para ella tendría verse montada en el coche junto a nosotros, o que nos viesen los vecinos, porque ella nunca se permite ningún capricho y ya está un poco harta de ver a todo el mundo fardar con lo bien que les va. Pero me cuesta pensar que algo tan sencillo y a la vez tan banal pueda resultar satisfacer tanto a una persona.

Ahora bien, que esta mentalidad no me convenza no quiere decir que me niegue a satisfacer sus deseos y aspiraciones.

Hacer lo que a ti te guste o te parezca mejor sin pensar en lo que opinarán los demás es muy fácil cuando gran parte de la sociedad está convencida de ello. Pero hacerlo cuando todos piensan que eres gilipollas es muy arriesgado, ya que, como reza el teorema de Thomas, “si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias, y las consecuencias de ser considerado un gilipollas en un país como China pueden ser muy jodidas. Primero se empieza teniendo que explicar una y otra vez a todo el mundo por qué no vives en una ciudad decente y luego se va perdiendo su confianza, porque todo hijo de vecino cotilla deduce que algo malo has tenido que hacer en la ciudad para tener que salir de allí.

Como sugería antes, este puede ser un riesgo más o menos asumible para el individuo, pero quizás no para su descendencia, ya que en China el futuro profesional todavía depende mucho de la red de relaciones de cada familia, y descuidarlas puede traducirse en grandes limitaciones para la siguiente generación. Es decir, la realización del individuo por estos derroteros es entendida como una condena para lo más sagrado del confucianismo superviviente: la familia. Quizás por eso corren tan malos tiempos para el taoísmo en China, una de las corrientes de pensamiento más entregadas al ideal de separarse de la sociedad y vivir en armonía con la naturaleza. De hecho, incluso la tradición de las peregrinaciones o los retiros en las montañas sagradas se ha convertido en un fenómeno de masas y en un intento fracasado de diferenciarse del resto, pero eso ya es otro asunto.

Con esto no quiero decir que China sea más opresiva que el resto de países en cuestión de estilos de vida. Trata de ser un “estudiante modelo” en España y verás las hostias que te llevas, mientras que aquí todavía es más probable que te ganes el respeto y hasta la admiración de muchos de tus semejantes. Pero mucho cuidado con desaprovechar el esfuerzo que tu familia y tú mismo habéis invertido para no quedar atrás en la conquista del sueño chino.

Se trata, a fin de cuentas, de diferencias en las prioridades vitales, y a lo mejor ya es hora de empezar a aceptar las de los chinos, que para eso nos hemos quedado a vivir en su país.

Comments

  1. Amen a todo lo que dices. E imagino que tu suegra al ver que eres un extranjero (extranjero para los chinos es sinonimo de tener dinero) y que tienes planes para hacer en el pueblo le ha de suponer aun más dificil XD. El cotilleo en el pueblo de pq un extranjero prefiere quedarse en un pueblo en vez de ir a la ciudad o de volver a su pais en vez de estar en un sitio rural se agrava mas XD.

    • Pues sí, amigo Vicente, de momento está difícil lo de vivir en Dangyang. Creo que tendremos que esperar unos cuantos años, hasta que la situación cambie o hasta que mi suegra se haga mayor y nos necesite más cerca. Aunque a lo mejor ni con esas 😀

  2. Pequeña historia: mis abuelos eran de caserío, de los que su lengua materna era el euskera y de una época en que castellano era eso que hablaban los señoritos de la ciudad. Decidieron que a sus hijos les enseñarían solo castellano, porque el futuro estaba en la ciudad.

    Lo que quiero decir es que, hasta hace no mucho, vivir en el campo era símbolo de pobreza en España. Lo que querían sus padres es que sus hijos vivieran en la ciudad. Lo de la “vuelta al campo” es cosa de la generación actual en España, que ha crecido en la ciudad y para los cuales la situación se ha invertido y permitirse vivir fuera de la ciudad se ha convertido en símbolo de riqueza. De la misma manera que hace tiempo estar pálido era símbolo de riqueza (los pobres trabajaban en el campo, al sol) y ahora sin embargo el símbolo de riqueza es tener la piel bronceada.

    En ese aspecto China no es tan diferente de España. La cuestión es que se parece a la España de los años 50, no a la actual.

    • Es verdad, por eso comento lo de Mayo del 68. Yo creo que más que nuestras respectivas herencias culturales, que también tienen su peso, por supuesto, se nota mucho el hecho de que en China todavía no haya habido una transformación social como aquella que vivimos nosotros a partir de los 70. En ese sentido, la vida en China supone una especie de viaje a la España desarrollista en la que lo ideal era escapar del mundo rural y tratar de hacer dinero, pero sin dejar de obedecer a las autoridades tradicionales, entre ellos, los padres.

  3. ¿Pero es que en todos los sitios se ha de intentar diferenciarte del resto? Parece que no hay ninguna cultira que no sea clasista…

  4. Míralo por el lado positivo: vas a vivir los 70 y la época hippie. ^_^

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