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¿Es China una nación de bebés gigantes?

bebés gigantes china

De acuerdo con Wu Zhihong, la respuesta es sí. Es más, este psicólogo chino oriundo de Hebei cree que la mayoría de sus compatriotas tiene la madurez emocional de un bebé de 6 meses. Esta es la tesis que defiende en el libro Una nación de bebés gigantes, publicado a finales de 2016, aunque poco después fue retirado del mercado nacional. Al parecer, sus críticas al colectivismo y a la ética tradicional, la cual gira en torno a la piedad filial, fueron consideradas material altamente subversivo por las autoridades. Además, muchos lectores chinos se han sentido ofendidos con la comparación del autor, a quien se ha tachado de sensacionalista.

Pero no juzguemos al libro por su portada y atendamos al argumento que esgrime Wu Zhihong, quien cursó estudios de posgrado en la prestigiosa Universidad de Pekín y ya era un conocido autor antes de que escribiese esta obra.

De acuerdo con Sygmund Freud, padre del psicoanálisis, las personas pasamos por 5 etapas de desarrollo de la libido. La primera etapa es la oral, típicamente representada por la lactancia. Luego viene la etapa anal, derivada del gusto que nos produce cagar cuando somos pequeños. La tercera etapa es la fálica, en la que nos empezamos a fijar en las personas del sexo opuesto. A continuación vendría el periodo latente, aquel en el que aprendemos a controlar y canalizar nuestros impulsos sexuales de acuerdo con las convenciones sociales. Y finalmente llegaríamos a las puertas de la madurez sexual con la fase genital, la cual tiene lugar durante los cambios biológicos que acompañan a la pubertad, cuando surgen los deseos sexuales tal y como los entendemos comúnmente.

Ahora bien, según Wu Zhihong, gran parte de los chinos se quedan atascados en la fase oral y no son capaces de despegarse de la figura de sus padres. Este hecho explicaría las típicas tensiones entre las esposas y sus suegras, mientras los maridos se abstienen de tomar partido en la toma de decisiones familiares o las delegan en sus madres (de ahí los problemas con la nuera). Pero también explicaría otros tópicos recurrentes, como la dificultad de los jóvenes para tomar decisiones por cuenta y riesgo propio, o la tendencia de los padres a planear la vida de sus hijos hasta el matrimonio y más allá.

De hecho, estos problemas también afecta a muchos de los hijos de familias emigradas a países occidentales, muchos de los cuales reciben una gran presión por parte de sus padres para que hereden sus negocios y se casen con personas de ascendencia china. Por cierto, se me ocurre que sería muy interesante saber qué opinan los “chiñoles” sobre la tesis de Wu Zhihong (abajo), pero no sé a cuántos de ellos llegará este artículo.

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Como he mencionado al principio, el otro aspecto criticado por Wu es el del colectivismo. Este rasgo de la sociedad china se manifiesta en la enorme importancia del intercambio de favores entre familiares y conocidos a la hora de garantizar una buena carrera formativa y profesional para los hijos, cuyo esfuerzo y talento a solas no resultaría tan decisivo como en los países occidentales. Pero este colectivismo también estaría ligado a las características de la fase oral antes explicada, en la cual madre y bebé son un ente no diferenciado, tal y como les seguiría ocurriendo a los chinos adultos con su círculo de personas más cercanas.

Al mismo tiempo, la piedad filial y el colectivismo volverían a estar detrás de un narcisismo orientado al logro de poder, la reputación y la demanda de bienes materiales. Aunque, en el fondo, todo ello no sería más que un mecanismo de defensa y una sublimación de dos deseos primarios no satisfechos en la etapa infantil: abrázame y mírame.

Además, a la hora de comparar la sociedad occidental con la china, Wu Zhihong destaca que en la primera existe un respeto hacia el espacio personal, aunque en China ese mismo respeto puede acarrear la rotura de las relaciones. No en vano, uno de los temas de pareja más recurrentes es el de la manía de mirar el teléfono del otro, ante la que muchos ceden con tal de que no se produzca una nueva pataleta.

Por todo ello, de acuerdo con Wu, la clave para entender las relaciones sociales en el país de Confucio consistiría en asumir que las personas funcionan como bebés gigantes y que necesitan ser mimadas. No obstante, esta clave también puede ser utilizada como vía para la manipulación, convenciendo a los demás de que uno está a su servicio y esperando a que bajen la guardia para hacerse con el control de la situación.

Personalmente, aunque puedo estar de acuerdo en algunas de las cuestiones señaladas por el psicólogo, tiendo a sospechar cuando tan pocos factores explican tantos fenómenos y encajan con tantos aspectos de la vida social. Pero así es el psicoanálisis. Es una pena que no haya forma de demostrar muchas de estas correlaciones, porque supondrían un avance muy grande en la comprensión de las diferencias entre las sociedades occidentales y la sociedad china.

Comments

  1. Adrian Wang says:

    Muy buen articulo y totalmente de acuerdo.
    Tengo conocidos y amigos que tienen 30 y tantos, y aun siguen pendientes de que sus padres les tome las decisiones de su vida y tambien esperan a que les haga su vida (buscarle una esposa y algun negocio o trabajo).

    Me encanta tu pagina. Llevo trabajando desde hace un año en China y todas las diferencias culturales que he notado lo has expuesto en tus articulos.
    Un like para la pagina.

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