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Yali: la presión como rasgo destacado de la sociedad china

presión china

Cada sociedad y cada tiempo cuenta una serie de conceptos clave que sintetizan su espíritu y apuntan a las sensaciones dominantes de una vida “normal”. En el caso de la sociedad china actual, uno de esos conceptos es yali (压力), el cual podríamos traducir como “presión”.

En este país hay unos cuantos contextos en los que este término se puede aplicar en su acepción física, como cuando llega la hora de salir del trabajo y los pasajeros se amontonan en las estaciones de metro. Pero la acepción dominante es la nerviosa-psicológica, la misma que también afecta a millones y millones en Occidente. Ahora bien, a mi modo de ver, la presión con características chinas se manifiesta de forma más intensa y no creo que ello se deba solo a las circunstancias políticas y jurídicas, sino también a las enormes expectativas de los chinos.

Una de los efectos de las políticas económicas de Mao fue que las condiciones de vida de la población se igualaron en niveles muy humildes, de modo que cuando llegaron las reformas económicas de los 80, la gran mayoría compartió posición de salida al lanzarse a la carrera hacia la prosperidad. Obviamente, hubo familias bien situadas en el régimen que partieron con una gran ventaja, pero China apenas acumula una generación en esto de dejar que primero se enriquezca una parte, lo cual anima a pensar que cualquiera puede llegar a ganar tanto como el vecino si se aplica y tiene un poco de suerte.

En comparación con la realidad China, me da la impresión de que, aun con la influencia del sueño americano y sus mitologías, las clases bajas de los países desarrollados tienen un techo de expectativas relativamente bajo y sufren una presión más llevadera, especialmente allá donde se está más a salvo del concepto estadounidense del “perdedor”. Esto no quiere decir que hayamos dejado de hacernos ilusiones, pero en muchos de nuestros países domina una cultura conformista que es posible que tenga muchos efectos negativos, aunque a veces se echa de menos en el gigante asiático.

Las altas expectativas de los chinos han hecho que la mayoría mire con auténtico horror a la línea de salida de sus orígenes económicos, la cual está bastante por debajo de lo que en España se entiende por una vida humilde. Así pues, entre los extremos de la pobreza y lo que se podría llegar a ganar se abre un verdadero abismo que produce una continua sensación de vértigo para el cual solo existe una receta: mirar hacia delante y seguir trabajando.

De hecho, otra de las expresiones que mejor manifiesta el espíritu de los tiempos en China es la de “no quedar atrás” (别落后), con el añadido de que aquí uno no solo se juega el éxito personal, sino también el de sus descendientes. Es más, el hecho de entenderse a uno mismo como parte de un ente intergeneracional hace que las expectativas se agranden todavía más ante el horizonte de posibilidades de los hijos, los nietos y los que vengan después, lo cual complica todavía más la opción de conformarse y disfrutar de lo que uno tiene.

En mi caso, aunque ya hacía tiempo que me venía fijando en estos fenómenos, hasta hace bien poco solo los había vivido de forma parcial y desde la cómoda distancia que me ofrecía mi categoría de agente foráneo. Sin embargo, ahora que se nos echa encima el mandamiento de producir herederos, me siento cada vez más arrastrado a participar en la carrera china y cada vez más sujeto a su presión.

Por ejemplo, hace ya varios meses que no sé lo que es un fin de semana y cada vez me siento más afectado por las expectativas que nuestros cercanos se han formado sobre nuestro futuro. El otro día, sin ir más lejos, volvimos a hablar de la compra de una vivienda, otro mandamiento con el que se supone que todo matrimonio debe cumplir. Yo me inclinaba a comprar un piso en Dangyang, la localidad en la que vive mi suegra, donde bastan 30.000 euros para hacerte con un espacio de 80 metros cuadrados.

Sin embargo, a ella le parece un horror que sus nietos crezcan en un “pueblucho” de más de 100.000 habitantes y prefiere que nos esforcemos en poder obtener el mejor trabajo posible en una gran ciudad y que ahorremos todo lo posible para poder comprar una vivienda a nuestro hijo o hija. Es decir, para mi suegra lo correcto es que pasemos de nuestro bienestar y nos centremos en la situación de nuestros hijos allá por el momento en el que tengan nuestra edad.

Como muchos habréis deducido ya, esta lógica esconde la trampa de que al final ninguna generación puede llegar a disfrutar de sus esfuerzos, dando lugar a la versión confuciana de lo que Max Weber denominaba “orientación ascética del trabajo”, aunque aquí la salvación no está en el más allá del reino de los cielos, como en el caso de los protestantes, sino en el más allá del último descendiente.

Comments

  1. Estimado Javiertzo,
    llegué a este blog de pura casualidad y debo decir que es el mejor que he encontrado a la hora de plasmar lo que se vive aquí. Y digo aquí porque yo también estoy en China, en Shanghai. Y como muchos otros laowai, lo que al principio me dió ganas de salir corriendo se ha convertido en mi casa. Con planes de boda, etc. He vivido en otros dospaíses y mi camino en China ha sido el inverso al que seguí en los otros. Omito los que son para no crear suspicacias o discusiones absurdas, pero son países de los “de buena prensa”. Tenía buen trabajo pero nunca me sentí ni querido ni bienvenido. En China fue al contrario. Toda mi familia lo creyó una absoluta locura. Mis amigos ,por lo bajini, que era un idiota. Al llegar me espantó, la comida no me llenaba, la impresión fue mala. Sin embargo, los compagneros chinos siempre trataron de ayudarme, me echaron cientos de manos. Hice amigos, conocí a mi novia en el tren durante un viaje al Tibet… China me ha ganado con el tiempo, al contrario que los referidos países “de buena prensa” en los que residí con anterioridad. Y bueno, perdón por este rollo jeje. Sigue así con tu blog, me parece sinceramente el mejor en nuestra lengua que he encontrado en la red

    • Creo que a mí me ha pasado igual que a ti con China y otros países suelen estar muy por encima de ella en numerosos indicadores de bienestar. Tengo que decir que, de momento, no la cambio por nada. Te doy las gracias por compartir tu interesante experiencia, por seguir el blog y por ser tan atento y generoso con mi trabajo.
      Te envío un gran saludo desde Zhejiang y te invito a que vuelvas a participar cuando te plazca.

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