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Zhongxie, o cómo “descubrir” una aldea histórica de China

Hoy, 1 de octubre, se celebra el aniversario de la República Popular de China, el cual suele estar rodeado de varios días festivos en los que los principales destinos turísticos del país se llenan hasta los topes de visitantes. Lele y yo en principio no íbamos a salir fuera de Shaoxing, nuestro nuevo hogar en China, pero nos habían dicho que alrededor de la ciudad y en toda la provincia de Zhejiang hay muchos pueblos y aldeas que merece la pena visitar, así que decidimos investigar un poco al respecto. Y así es como nos topamos con el nombre de Zhongxie, una aldea de menos de 1000 habitantes que hace poco fue incluida en una lista con los 100 mejores pueblos antiguos de China, aunque apenas aparece en Google Maps.

El hecho de estar incluido en un top turístico nos puso un poco alerta, porque no nos apetecía nada comenzar las vacaciones haciendo el guiri en otra aldea más convertida en parque temático, pero al final hemos resultado ser prácticamente los únicos visitantes que andaban por allí. De hecho, aunque Zhongxie es una auténtica joya histórica y está lleno de casas construidas en las dinastías Qing y Ming, no cuenta con casi ningún comercio ni restaurantes ni hoteles. Para que os hagáis una idea de la situación, en la fachada de la “tetería” del pueblo había una pizarra en la que una familia anunciaba que hoy mataban un cerdo, de modo que el que quisiera pudiese acercarse a comprar algo de carne fresca. Con eso creo que os lo digo todo.

Yo nunca había visitado en China una población tan antigua y tan poco explotada por la industria del turismo, y tengo que decir que me ha encantado recorrer sus calzadas y sus callejuelas, muchas de las cuales se adentran en las casas tradicionales para cuatro familias (四合院) por laberínticos pasillos y desgastados patios que permanecen ajenos a los grandes cambios de las últimas décadas.

Después de un buen rato caminando, sacando fotos y hablando con los vecinos del pueblo, quienes nos han invitado a pasar y merendar cantidad de veces, nos hemos encontrado con un señor que afirmaba ser el antiguo secretario del partido en la aldea. Pues bien, no se ha quedado satisfecho hasta que nos ha enseñado la mayoría de las casas con más historia del pueblo y el templo en honor a Dayu, un antiguo ingeniero hidráulico convertido en deidad. Es más, incluso nos ha colado a un pequeño museo que estaba cerrado porque normalmente no viene nadie de visita y también nos quería enseñar otra antigua mansión que se remonta a la dinastía Tang, aunque finalmente le hemos convencido de lo contrario porque ya era tarde y apenas quedaba luz.

Mi mujer y yo dábamos por hecho que había recompensar el trabajo de nuestro improvisado guía con una propina, pero este se ha negado en redondo y nos ha dicho que está más que contento de que nos hayamos acercado a sacar fotos del pueblo. Entonces le hemos preguntado si conocía algún restaurante donde cenar, de modo que pudiésemos recompensarle aunque fuese de forma indirecta o invitándole a compartir mesa con nosotros, pero como ya he indicado antes, el Zhongxie carece de restaurantes en sentido estricto y, según nos ha explicado, cuando vienen visitantes hay que avisar con antelación para comprar y preparar comida en la cantina del pueblo.

También le hemos preguntado qué opina sobre la posibilidad de que empiece a llegar más gente, a lo que ha respondido que él es partidario de ello, aunque parece que muchos vecinos no están muy por la labor, en parte porque apenas saben nada sobre la industria del turismo y en parte porque, al contrario de lo que ocurre en muchos pueblos históricos, aquí ellos son propietarios de las casas y el gobierno tiene más dificultades para tomar medidas que impulsen dicha industria.

Es posible que a algunos os sorprenda que los vecinos de este lugar no tengan un poco más de espíritu emprendedor, pero parece que al menos en China ese espíritu es bastante tímido cuando no disfruta de la ayuda del gobierno en alguno de sus diferentes niveles. Un servidor ha tenido la suerte o la desgracia de poder meter sus prominentes narices en las entrañas del turismo chino y doy fe de que cuando se “descubre” o se da a conocer un nuevo destino turístico, su promoción suele correr a cuenta de las arcas públicas y no tanto de los bolsillos de las empresas privadas que más tarde se benefician de la llegada de turistas, si es que llegan.

Por si fuera poco, como bien demuestran muchos pelotazos turísticos de cierto país de cuyo nombre no quiero acordarme, aunque el turismo puede traer consigo el desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida de muchos, también acarrea muchas complicaciones (como la de no tender la ropa fuera de casa, falta de espacio, ruido, etc.) y siempre hay una parte de la población que se queda igual o peor de lo que estaba, generalmente debido a que sus ingresos no han aumentado y los precios se han multiplicado.

Por todo ello, si yo estuviese en el lugar del actual alcalde del pueblo, tengo que admitir que no tendría ni idea de lo que hacer ante esta posibilidad y lo más probable es que dejase el asunto en manos de algún entusiasta, como el antiguo secretario del partido, que ya está jubilado y puede ir haciendo un trabajo que nadie querría hacer gratis, pero sin el cual todo eso del descubrimiento de destinos turísticos no sería más que una quimera.

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