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Jiangge: el caso de violencia de género que ha conmocionado a China (aunque no se vea como tal)

Jiangge

Aunque China cuenta con un nutrido periodismo de sucesos y es raro el día en que no aparece una noticia de algún accidente o crimen llamativo, esta semana ha salido a la palestra un caso que ha destacado sobre todos los demás y sobre el que se seguirá hablando durante mucho tiempo. No en vano, el asesinato de la joven Jiangge contiene toda una serie de elementos que tocan la fibra sensible de la sociedad china, incluyendo la violencia contra las mujeres, la pena de muerte o la cada vez más delicada relación entre Internet y la justicia, con el handicap mediático de que el caso se produjo en Japón y no en tierras chinas.

Pero vayamos a los hechos. El asesinato de Jiangge, de 24 años, tuvo lugar la madrugada del 3 de noviembre de 2016, en el descansillo de la planta de su apartamento y a manos del ya confesado Chen Shifeng (25). Al otro lado de la puerta se refugiaba Liu Xin (24), exnovia de Chen Shifeng y amiga de la víctima, aunque fue incapaz de acudir en su auxilio durante la fatal agresión.

Liu Xin llevaba 2 meses viviendo en el apartamento de Jiangge después de que esta le ofreciese residir allí con tal de evitar el acoso de su exnovio. Sin embargo, este las siguió y se las arregló para dar con su dirección, en la que se presentó sin previo aviso y esperó a que las dos jóvenes regresasen. Tras producirse el encuentro se generó una fuerte discusión entre ambas partes, hasta el punto de que Jiangge pidió a Liu Xin que entrase en el apartamento. La pelea verbal prosiguió entre Jiangge y Chen Shifeng hasta que este último presuntamente sacó un cuchillo y la atacó en el pecho y el cuello. Para cuando llegó la policía, la cual habría sido contactada previamente por la propia Jiangge, esta yacía agonizante y su asesino se había dado a la fuga, aunque sería detenido 4 días después.

Más tarde se sabría que Chen Shifeng ya había agredido a otra exnovia en el año 2012. Sin embargo, en aquella ocasión y debido a su buena trayectoria como estudiante, las autoridades de la universidad en la que se produjo la agresión mediaron para lograr que se silenciase el caso e hicieron que el joven maltratador saliese impune, permitiendo incluso que continuase con sus cursos y con la única reprimenda de que su dormitorio fuese desplazado a la residencia de los estudiantes extranjeros.

Visto lo visto, está bastante claro que estamos ante un nuevo caso chino de violencia de género en toda regla, pero las circunstancias en las que se produjo el crimen y el comportamiento de Liu Xin durante y después de la muerte de su amiga han hecho que el debate público se desvíe hacia cuestiones que, en mi opinión personal, contribuyen a disimular el problema principal.

Gran parte de la carnaza mediática de este caso se ha colocado sobre el hecho de que, tras su cobarde aunque comprensible comportamiento en el asesinato de Jiangge, Liu Xin y sus familiares aparentemente rehusaron hablar con los allegados de Jiangge, todos ellos residentes de la misma ciudad. Así pues, la madre de la asesinada, divorciada y también víctima de la violencia de género, hizo todo lo posible por ponerse en contacto con ella, hasta el punto de hacer un llamamiento a través de Internet.

Recurrir a Internet para realizar denuncias se ha convertido en una tendencia con cada vez más fuerza en una población que se ha convencido de que la mejor forma de obtener justicia es formando un gran escándalo en la opinión pública. Y vaya si se ha formado. Finalmente, el encuentro entre la madre de Jiangge y Liu Xin se produjo el pasado agosto y ante las cámaras de Heart Talk, un canal de noticias que forma parte de Beijing News, aunque el vídeo, ahora viral, no se hizo público hasta el 11 de noviembre, días después del aniversario del crimen.

Previamente, la madre de la víctima había inicado una campaña para hacer que el asesino sea sentenciado a muerte por las autoridades japonesas, reuniendo más de 2 millones de firmas en cuestión de pocos meses. Sin embargo, esta petición no está carente de polémica e incluso de cierta ironía, en la medida en que en China no es tan habitual que los asesinos de sus parejas sean castigados con la pena máxima. ¿Podría ser que la madre de Jiangge cargase contra la amiga de su hija por la impotencia de no poder lograr justicia en los términos que esperaba?

Al mismo tiempo, Liu Xin, quien, pese a todo, sigue siendo otra víctima de la violencia de género, también ha sufrido un intenso linchamiento por parte de los internautas y ha sido juzgada y encontrada culpable por algo tan sencillo como intentar rehacer su vida. La conducta que más se le ha reprochado ha sido su silencio frente a las llamadas de la madre de Jiangge, pero muy pocos se han parado a pensar en las consecuencias que puede tener un encuentro de ese tipo en semejantes circunstancias, sobre todo si tenemos en cuenta el estilo de hacer justicia por las bravas que domina en algunos ámbitos de la sociedad china.

Personalmente, considero muy significativo que los medios de comunicación estén dando rienda suelta a estas delicadas cuestiones relativas a la justicia, pero es casi seguro que esa manga ancha se haya permitido sobre todo por el hecho de que es un caso que concierne a la justicia japonesa, aunque no me extrañaría que las autoridades chinas en la materia estén siguiendo muy de cerca la reacción de la opinión pública.

En China, la postura oficial de dichas autoridades está en contra de las persecuciones y los juicios vía Internet, y en su lugar apuesta por un avance en el ámbito del Estado de derecho, con reformas como la ley de violencia doméstica que entró en vigor en 2013. Sin embargo, me temo que la vorágine de discusiones que ha generado este caso no ha logrado centrar el debate sobre el problema de la violencia contra las mujeres y me temo que, igual que está ocurriendo con un sonado caso que tuvo lugar en mi tierra, se siguen echando balones fuera en lo relativo a esta lacra de la sociedad.

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