A los pandas no se les puede decir no

panda-ojos-2

Hace poco un internauta me amenazó con no volver a apoyar mis artículos si no escribía algo sobre los pandas, y como en Internet no te puedes fiar ni de Heidi, he acabado cediendo a sus exigencias. Según parece, se trata de un gran amante de estos animales tan majos, e incluso tiene su propia página dedicada a recoger fotos, vídeos y noticias sobre ellos, aunque vete tú a saber si eso de ser amante no incluye otras inclinaciones que, en fin, dejémoslo.

El oso panda, o  Ailuropoda melanoleuca, es conocido en China como “oso-gato” (熊猫), y aunque es posible que hoy en día la red de redes viralizase hasta crujir con semejante combinación zoológica, lo cierto es que esta especie pasó bastante desapercibida en la cultura tradicional del gigante asiático.

La referencia mitológica más antigua que existe de estos animales apunta a un periodo anterior al Siglo XXI antes de nuestra era, y está relacionada con la figura de Huang Long, que originalmente era un dragón amarillo (como su nombre indica), aunque más tarde tomó forma humana.

Como todo gran héroe, Huang Long tenía la noble costumbre de acudir raudo al rescate de cualquier compatriota que lo requiriese. Ahora bien, no penséis que usaba cualquier cosa como medio de transporte, ya que en sus aventuras gustaba de viajar a lomos de nada menos que un panda volador (añade tu chascarrillo sobre el modelo de Seat aquí).

Según mi interpretación personal, no es que el panda pudiese volar -bastante tienen con trotar- sino que Huang Long quedó tan cautivado por su caprichosa apariencia, que decidió insuflarle sus poderes mágicos y llevarlo a todas partes, de modo que, una vez terminada la estresante jornada de semidiós, pudiese relajarse contemplando los hábitos alimenticios del animal.

La segunda referencia histórica data de hace 4000 años, cuando los habitantes de un pueblo de Sichuan -refugio de la mayoría de pandas en la actualidad- ofrecieron este animal al emperador Dayu a modo de tributo por resolver sus problemas con las crecidas de los ríos.

La historia no deja constancia de si a Dayu ya le pareció un ser monísimo, pero todo apunta a que fue un regalo muy preciado, ya que por aquel entonces manejar bien el asunto de las aguas podía recompensarse con un hueco en la burocracia celeste, y supongo que no era plan de hacer regalos de mierda a una deidad en potencia.

panda-nieve-1

Aparte de esos dos apuntes que he encontrado en Baidu, no sé si existen muchos más sobre pandas dentro del patrimonio de los han, pero sí que consta un cuento tibetano de lo más conmovedor. Id sacando el pañuelo.

Según dicho relato, hace mucho tiempo, los pandas gigantes que vivían en las montañas de Tíbet tenían todo su pelaje de color blanco, y gozaban de una relación muy feliz y armoniosa con los pastores locales. Sin embargo, un día que una madre osa y su cachorro jugaban con el rebaño de unas pastoras, apareció un leopardo (otra especie local amenazadísima) y comenzó a atacar a los osos. Las pastoras acudieron a su rescate pero, desgraciadamente, murieron a manos del felino.

Y dado que la costumbre funeraria por aquel entonces mandaba oscurecer los hombros con ceniza (otros relatos hablan de pañuelos teñidos de negro), al abrazarse, frotar sus ojos húmedos y taparse los oídos para no escuchar los llantos de sus semejantes, los sos panda adquirieron las manchas negras que los caracterizan en el presente.

En fin, es muy posible que los chinos no tengan cuentos o leyendas tan entrañables como esta, y que apenas nadie se acordase de los pandas hasta después de que, allá por 1936, Ruth Harkness (abajo) se llevase un cachorro a Estados Unidos y popularizase la especie en Occidente.

Diez años más tarde, China prohibiría sacar pandas del país, y no sería hasta 1957 cuando comenzó a regalarlos y “prestarlos” como signo de buenas relaciones diplomáticas.

ruth-harkness-2

Sin embargo, es probable que muchos de mi generación los conociésemos como el icono del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), cuyos álbumes de cromos todavía conservamos en casa. De ahí que en la actualidad el oso panda sea uno de los símbolos más famoso de la protección medioambiental, y aunque su aspecto simpático e inofensivo también contribuya a ello, es muy comprensible que sintamos que no se les puede decir no, porque abandonarlos a su suerte supondría darnos por vencidos en la obligación de conservar y cuidar de las demás especies.

Con esta pequeña reflexión doy por terminada la entrada de hoy. Otro día hablaremos de la pena/rabia que les entra a los chinos cuando ven la genial Kung Fu Panda (2008) y caen en la cuenta de que los estadounidenses han sido más capaces que ellos a la hora de fusionar e inmortalizar la tríada pandas-ecologismo-cultura tradicional.

Espero que hayáis disfrutado con las curiosidades que he recogido, y que mi amigo el pandáfilo se haya quedado a gusto. Si conocéis más historias o enlaces interesantes sobre pandas, os invito a que los compartáis con un comentario. Mientras tanto, os dejo con este vídeo de nuestra visita al Centro de Conservación de los Pandas Gigantes en Chengdu.

8 comentarios en “A los pandas no se les puede decir no”

Deja un comentario