La peculiar fijación de la censura china por “lo amarillo”

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Uno de los éxitos recientes del cine chino que más me hizo reír es You are the apple of my eye (2011), una comedia romántica escrita y dirigida por el debutante Giddens Ko. En ella se narran las vivencias y peripecias de un grupo de estudiantes taiwaneses durante los años finales del instituto y los primeros de la universidad.

Y aunque es posible que la cinta haga referencia a una serie de experiencias colectivas de carácter un tanto local, contiene toda una serie de escenas de humor prácticamente universal que la convierten en un entretenimiento muy pasable para el espectador occidental.

En mi caso particular, lo cierto es que me divertí bastante con algunas de las gamberradas de los chicos del film, los cuales no sólo comparten amistad, sino también una especial fijación por una de sus compañeras de clase. En fin, me pareció una película tan interesante que decidí descargarla para volver a verla con mi pareja y, de paso, practicar algo de chino.

Sin embargo, al poco de comenzar a ver la película me di cuenta de que faltaban muchas de las escenas más cómicas que recordaba, y fue entonces cuando caí en que no estábamos viendo la versión original taiwanesa, sino la plasta censurada por el gobierno de la República Popular. Vamos, que ya nos podíamos ir olvidando de sus gracias de contenido sexual, lo que equivalía a algo así como ver American Pie sin ninguna de sus escenas “verdes”, o “amarillas” según los chinos.

Sin embargo, a medida que confirmaba que los censores habían aplicado sistemáticamente el tijeretazo a todo lo subidito de noto, me pareció que se les habían colando toda una serie de escenas de gran simbolismo político-social.

Por ejemplo, entre las escenas que ilustran la rutina dentro de la clase, la versión de la China Continental no deja ni rastro de la hilarante “carrera de pajas” que se echan los colegas de la fila de atrás durante una lección. Sin embargo, el potente momento de rebelión de los estudiantes contra el bedel del instituto, vestido de uniforme semi-policial, pasa sin problema alguno, a pesar de su clara connotación pro-democrática.

Por otra parte, en el metraje que transcurre dentro del hogar del protagonista, los censores no parecen encontrar problema alguno en su actitud un tanto “irreverente” hacia la figura de los padres, tema de lo más delicado a ojos de la ética tradicional china. Pero cuando vemos a ese mismo personaje discutir a gritos con su vecino desde la ventana, los fuck you que le dedica en inglés se transforman en unos ridículos e incomprensibles I love you.

En fin, a la vista de los destrozos que causa el Gobierno Chino sobre las películas y series locales, no me extraña que parte de su industria se haya posicionado a favor de que se aplique la misma norma sobre las producciones extranjeras, hasta ahora más libremente difundidas por la red.

Sin embargo, a los censores tampoco les faltan razones de peso para mantener su especial “fijación” por lo sexual. Recordemos que, en buena parte de la China continental, no es raro que los institutos cuenten con 50 o más estudiantes por aula, lo que hace que la disciplina se convierta en un aspecto crucial para mantener la eficiencia de los recursos invertidos en educación.

Es decir, el hecho de que esos impulsos tan naturales se impongan a los férreos métodos de represión que imperan en los institutos chinos puede implicar efectos de gran impacto sobre el sistema de formación chino.

Además, no podemos olvidar que para los centros educativos chinos, la castidad no sólo constituye una vía para mantener la “armonía” dentro de las aulas, sino que es continuamente ensalzada como condición para mejorar los resultados académicos de los estudiantes y de los propios centros.

Y al igual que ocurre en el ámbito de los medios audiovisuales, en su particular lucha por mantener la eficiencia del sistema educativo, los censores que pululan en los centros formativos pueden llegar a aplicar medidas que rozan lo esperpéntico.

Sin ir más lejos, en la primavera de 2012, mientras investigaba en Wuhan (Hubei), aparecieron unos carteles de lo más llamativo por el Campus de Música de la Universidad Normal de China Central. Los carteles habían sido colocados por orden de los líderes de la Facultad de Música, y en ellos se enumeraban cuatro normas de conducta a acatar en el interior de los edificios. La cuarta de ellas prohibía expresamente las “muestras de afecto” entre estudiantes, entre las que se incluían conductas tan normalizadas en los Campus occidentales como abrazarse, tomarse de la mano, o besarse.

Sin embargo, en aquel caso concreto, la histriónica actuación de los censores contribuyó a levantar una polémica que llegó incluso a hacerse eco en los medios de comunicación.

Por supuesto, la prioridad número uno de los censores sigue siendo la del ámbito de la disidencia política, y no cabe duda de que las medidas tomadas al respecto pueden ser mucho más drásticas y brutales. Sin embargo, los cortes a lo sexual constituyen una realidad padecida por la práctica totalidad de los ciudadanos chinos, sean o no simpatizantes del régimen.

Y por eso mismo, como elemento íntimamente unido al desarrollo social y económico de este país (y de muchos otros), este tipo de censura constituye un hecho que, como sociólogo, no me puedo permitir el lujo de perder de vista, por mucho que nos inviten a mirar a otra parte.

4 comentarios en “La peculiar fijación de la censura china por “lo amarillo””

  1. Si yo te contara los de los carteles prohibiendo las “muestra de afecto” en Emiratos… están por todos lados, especialmente en centros comerciales y lugares públicos.
    Luego que hay guerras… ¡si prohíben el afecto! Hasta qué extremos lleva la incoherencia oiga.

    1. Qué gran verdad, Alfonso.
      Ya podían podían poner los carteles con el mensaje contrario, seguro que otro gallo cantaba.
      Si te descuidas igual hasta dejábamos de consumir tanto, aunque no sé si eso les iba a gustar a nuestros economistas.

  2. “You are the apple of my eye”, viviendo en taipei es una película bastante especial para mí y es famosísima en todo Taiwán. Y muy divertida, me sorprendió mucho, me alegro que te gustase a ti también.

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