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Segunda mano en China: visita al gran mercado de Liangjia Honghua

En China casi cualquier sector de la economía adquiere dimensiones mastodónticas, y el mercado de segunda mano no es ninguna excepción. Es cierto que en las ciudades occidentales también se celebran grandes mercadillos y existen numerosos establecimientos especialmente dedicados a la segunda mano, pero en el gigante asiático hay pueblos enteros que se ganan la vida con ello.

Es más, toda ciudad china que se precie cuenta con uno o varios de estos mercados permanentes situados en zonas más o menos marginales (aunque no siempre). No obstante, en las urbes más grandes podemos encontrarnos con zonas con decenas de almacenes y tiendas que pueden ocupar varios miles de metros cuadrados. El que os muestro en este fotorreportaje es el mercado de segunda mano más grande de Chengdu. Se llama  Liangjia Honghua y está situado al este de la ciudad, en la municipalidad de Shiling. El lugar en cuestión ocupa nada menos que 100.000 m², lo que equivale a unos 10 campos de fútbol.

Como podéis imaginar, en un sitio tan grande se puede entrar una enorme variedad de productos, pero este mercado está especializado en la venta de electrodomésticos, equipos de aire acondicionado, altavoces, muebles y objetos de decoración, lo cual no es poco. De hecho, mi mujer y yo nos hemos desorientado en más de una ocasión y aunque hemos ido simplemente a curiosear, estoy seguro de que hubiésemos tenido que dar muchas vueltas para poder decidir entre la mesa o la alfombra ideal.

Personalmente, me han llamado la atención las tiendas dedicadas a las antigüedades, aunque reconozco que no soy ningún experto en la materia. Es posible que entre los trastos acumulados hubiese muchos objetos sin valor, pero me da la impresión de que a más de uno que conozco le podrían interesar cosas como las viejas radios que se aprecian en la siguiente foto.

Ahora bien, ¿de dónde proceden todos estos productos?

Parte de ellos provienen de negocios que han cerrado o han sido renovados, entre los que destacan los hoteles. Otros llegan de fábricas que no pueden ponerlos a la venta por algún fallo de producción. El resto son recogidos barrio por barrio a través de todo un regimiento de trabajadores que no solo nos pueden ayudar a deshacernos de ellos, sino que además nos ofrecerán algo de dinero a cambio, si es que todavía conservan algo de valor.

Curiosamente, este servicio está extendido por la mayor parte de China sin que haya calendarios de recogida ni contenedores especiales, como acostumbramos en la mayoría de países occidentales, y esto ocurre simplemente porque hay mucha gente dispuesta a trabajar en este sector y competir por hacerse con los bienes reutilizables más demandados. De hecho, es muy habitual verlos u oírlos pasar por las urbanizaciones con sus característicos triciclos o sus pequeños vehículos de carga, muchos de ellos modificados a mano.

En otro reportaje ya traté la cuestión del reciclaje de basura en zonas de exclusión social, pero en el caso de los trabajadores del mercado de Liangjia Honghua y de los habitantes de Shiling, no puedo decir que se trate de personas condenadas a la pobreza extrema. Quizás sus hogares no se corresponden con el ideal de construcción del país, y a lo mejor parte sus habitantes tienen que hacer uso de las duchas públicas (abajo) porque no cuentan con un buen suministro de agua caliente y calefacción. Sin embargo, aquí nadie pasa hambre y todo el mundo parece ocupado tratando de mejorar las condiciones de vida de sus hijos.

Algunos de ellos trabajan para empresas públicas o privadas y otros lo hacen por cuenta propia. También hay negocios familiares en los que un hermano se encarga de la recogida, otro de las reparaciones, y otro atiende a los clientes que se acercan al almacén. De una forma u otra, ellos son los que se encargan de dar una nueva oportunidad a aquellas cosas con las que no sabemos muy bien qué hacer, y aunque es posible que a muchos no nos atraiga su forma de vida, seguramente nos iría a todos bastante mejor si aprendiésemos a aprovechar los recursos como ellos hacen.

Con un poco de suerte, en el futuro a los chinos y no chinos se nos pasará ese gusto irresponsable por tener cosas nuevas y este tipo de economía crecerá hasta convertirse en un sector tan importante y digno como cualquier otro. Mientras tanto, los profesionales del reciclaje y de la segunda mano seguirán a lo suyo, porque, al ritmo en que consumimos, trabajo precisamente no les va a faltar.

Eso es todo por mi parte. Os dejo con unas fotos más del mercado y del pueblo de Shiling y nos vemos en el próximo fotorreportaje de Historias de China.

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