Cuando el abismo entre ricos y pobres era un problema chino

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Esta tarde he pasado un rato buscando un nuevo documental para la videoteca, y tras surfear un poco por la red, me he quedado a ver uno titulado China, un abismo entre ricos y pobres (2008), el cual fue emitido por TVE allá por vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín.

El documental no muestra nada novedoso para alguien que conozca la realidad social de China, pero ilustra muy bien lo diferente que es el día a día en ambos extremos de la pirámide económica del país. Por un lado, nos asoma al derroche de magnates como Li Xiaohua, el hombre más rico de Pekín y el primer chino de la historia en comprarse un Ferrari. Por otro lado, muestra el día a día de los trabajadores migrantes que se separan del campo y de sus hijos para vivir en un barracones insalubres y dejarse la espalda por cuatro yuanes.

Las historias de los protagonistas de esta película son reales y no hay trampa ni cartón en lo que vemos. El objetivo de sus creadores era mostrar al público occidental las diferencias en el nivel de vida de la población que han generado las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping en los años 80, porque se supone que esto era un tema de interés en el año 2007, cuando la palabra crisis no era más que un mal augurio en boca de aguafiestas y conspiranoicos.

8 años después de la publicación de este documental, China sigue siendo un país con enormes diferencias de clase, pero el salario de los trabajadores migrantes ha aumentado considerablemente, hasta alcanzar la media de 400 euros mensuales, según la Oficina Nacional de Estadística (en el documental mencionan que un trabajador cobraba 570 euros anuales).

Además, si nos fiamos de un estudio publicado por el diario online Wangyi, resulta que en el año 2012 los empleados de las empresas estatales ya ganaban una media anual de 14.820 euros. Por supuesto, hablamos de medias en las que se incluyen los sueldos astronómicos de los altos cargos, y no podemos olvidar que el conjunto de estos trabajadores no deja de suponer una pequeña fracción de privilegiados.

También es cierto que, de acuerdo con el mismo estudio, los empleados de empresas privadas recibían una media de apenas 3877 euros anuales, pero según otra fuente, dicha media aumentó en nada menos que mil euros para el año 2014.

Por otra parte, dentro de los estratos de clase media incipiente encontramos otros datos recientes (2014) bastante llamativos, como el que indica que los universitarios chinos se incorporan al mercado laboral cobrando una media de 470 euros mensuales.

Por supuesto, los precios también han subido mucho en China durante estos últimos años, pero la crecida salarial ha sido una realidad palpable en todos los estratos sociales, y aunque esto último ha beneficiado sobre todo a unos pocos, hasta los más pobres siguen teniendo la esperanza de poder aspirar a algo mejor.

Mientras tanto, en España, esa clase media que dábamos por sentada siente cómo se le resquebraja la silla, y los trabajadores menos formados afrontan un futuro de lo más incierto, cuando no desolador. Los salarios han descendido a niveles que sonarían a chiste allá por mediados de los años 2000, y como era de esperar, los tele-espectadores ya no muestran interés en lo mal repartida que está la riqueza en China, porque bastante tienen con la chulería de sus cerdos corruptos y el drama de sus vecinos desahuciados.

Aun así, animo a cualquiera a que vea este interesante documental, porque, hoy más que nunca, nos recuerda lo grave e injusto que puede ser el problema de la desigualdad social y la enorme importancia de que exista el mayor número posible de personas entre los extremos de poder conducir un Ferrari o tener que vivir en una furgoneta.

2 comentarios en “Cuando el abismo entre ricos y pobres era un problema chino”

  1. He visto este documental hace tiempo y no acabo de entender el porqué no enseñan en colegios como es debido a estas clases sociales (las más desfavorecidas de los pueblos) que es mejor no casarse tan rápido y tener uno o dos hijos. Que aunque sea un tesoro familiar, también lo es una carga, y es necesario no incrementar su ya difícil situación socio-económica con las cargas familiares, no hasta tener una situación o edad acorde… bien es fácil decirlo y otra cosa es hacerlo.

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