Tras las huellas de Falun Gong en la ciudad donde comenzó todo

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Desde el año 1999, momento en el que el gobierno chino reaccionó contra Falun Gong, el nombre de esta organización se ha convertido en uno de los mayores tabúes del gigante asiático. Sin embargo, todavía en muchas ciudades es posible encontrarse con huellas de lo que llegó a suponer y con ciertas señales de vida clandestina.

Una de esas ciudades es Changchun, un lugar de gran importancia para Falun Gong, pues fue allí donde su líder Li Hongzhi comenzó a enseñar su doctrina, aunque en la ciudad circulan rumores muy dispares sobre sus andanzas. Y es que, muchos de los que le conocieron como trabajador de una empresa de suministros no entienden de dónde sacó el tiempo para la meteórica carrera espiritual que describen sus biografías y que culminó con el supuesto dominio de todo tipo de poderes sobrenaturales, desde la invisibilidad o la levitación hasta la práctica omnisciencia.

Rumores aparte, el caso es que Changchun sigue siendo un lugar muy caliente dentro de la cuestión Falun Gong, pues sus fieles no se cansan de llevar a cabo arriesgadas y creativas formas de proselitismo en espacios públicos, actividad terminantemente prohibida en todo el país, sea cual sea el credo.

De hecho, durante mi estancia de dos años en esta ciudad pude coleccionar una buena cantidad de objetos producidos y distribuidos en nombre de dicha organización, a la que algunos equiparan con otras religiones o cultos sincreticos de China, mientras que para otros no pasaría de ser otra alocada secta de las que surgieron durante los años 90.

Fuera como fuese, como ya ocurrió en épocas pasadas con organizaciones como las del Loto Blanco, lo cierto es que Falun Gong llegó a penetrar de forma muy notable en la clase política del país. Lo que en un principio no era sino otro escuela más de Chi Kung, evolucionó en una especie de religión de salvación revelada por un maestro carismático, y para cuando el Gobierno Central quiso darse cuenta, ya tenía todo un movimiento de millones de practicantes listo para exigir el mismo reconocimiento disfrutado por las 5 religiones oficiales del país.

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Ahora bien, el objetivo de este post no es entrar en el debate de si Falun Gong era una secta maligna (邪教) o de si el gobierno chino se excedió al perseguir y castigar a sus líderes, sino simplemente mostrar las vias por las que la “resistencia” de Falun Gong extiende sus ideas dentro de China, y dejar que cada uno las juzgue de acuerdo con sus principios o su ideología.

Antes que nada, conviene recordar que los contenidos de Internet relativos a Falun Gong son cuidadosamente censurados por el gobierno chino, por lo que resulta muy difícil que los vídeos y textos que circulan en Youtube y en otras páginas lleguen a los ciudadanos de la China Continental.

Pero la imposibilidad de utilizar la red de redes no impide que esta organización intente llegar a sus seguidores y convertir a más ciudadanos a través de otros medios no menos imaginativos.

En primer lugar hay que considerar la posibilidad de que existan varias redes clandestinas de copia y distribución de las obras de Li Huangzhi, principal fuente de ingresos del líder, aunque hace tiempo que los libros dejaron de ser una forma segura y eficaz de transmitir información prohibida en China.

Curiosamente, el teléfono es una de sus vías de comunicación más utilizadas, y no sé hasta qué punto se trata de una experiencia generalizada, pero yo he recibido llamadas de sistemas automatizados en nombre de Falun Gong en al menos 3 ocasiones. Reconozco que la primera vez no entendí casi nada de lo que decía la grabación, a excepción del término Gongchan Dang (共产党), que hace referencia al Partido Comunista de China. Y es que, como comprobaremos sucesivamente, en el discurso que Falun Gong hace circular por China hay tanta paz y amor como crítica y deslegitimación del partido que gobierna el país.

Es más, uno de los textos más difundidos por Falun Gong en China no es otro que el titulado como Nueve comentarios sobre el Partido Comunista, una especie de manifiesto anticomunista que repasa los aspectos más oscuros de la historia y las aspiraciones del PCCh. Obviamente, se trata de un texto demasiado extenso para transmitirlo de forma íntegra vía telefónica, pero parece que los chicos de Falun Gong están en todo y ya se han ocupado de llevarlo al formato documental y distribuirlo a través de pequeños DVD.

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La primera vez que me encontré con uno de estos discos fue en el parking de la Universidad de Jilin, la más prestigiosa de Changchun, y de la que se rumorea que acogió a un buen número de seguidores de Falun Gong. El disco venía envuelto en una bolsa de plástico y había sido depositado en el espacio entre dos coches aparcados, justo al par de la puerta delantera, de modo que los conductores se percatasen al montar en su vehículo o al bajar de él.

Sin embargo, también es posible cruzarse con mensajes mucho más directos o atrevidos, como pequeñas pegatinas, tarjetas y hasta pósters con lemas del tipo “Falun Gong es bueno. Abandona el Partido Comunista de China, abandona la Liga de la juventud comunista de China”.

Ahora bien, el medio de comunicación más popular y conocido entre los utilizados por Falun Gong son, sin duda alguna, los billetes de uno, cinco y diez yuanes de curso legal. Efectivamente, aunque es posible que en Occidente el dinero no suene como el vehículo ideal para propagar la buena nueva, lo cierto es que constituye un elemento muy presente y aceptado en las principales formas de culto del taoísmo, el budismo y el confucianismo. Y además funciona de maravilla si lo utilizas como soporte para imprimir y hacer circular información.

Para que nos hagamos una idea de la facilidad con la que aparecen estos billetes marcados, durante 2 años de estancia en Changchun, y sin aplicar ningún metodo particular de detección, mi mujer y yo llegamos a reunir quince billetes de un yuan, tres de cinco yuanes y dos de diez yuanes, todos ellos con entre uno y tres mensajes grabados.

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En cuanto a su contenido, volvemos a encontrarnos con dos tipos tipos bien diferenciados: los que alaban las bondades de Falun Gong y sus tres principios básicos (verdad, benevolencia y tolerancia) y los que atacan al Partido Comunista de China. Los que vienen a continuación son cuatro de los mensajes más repetidos traducidos al español:

“El Partido Comunista es dictatorial y tiránico, y gobierna el país con mentiras”.

“Dios destruirá el Partido Comunista. Abandona el Partido Comunista de China, despídete del partido maligno”.

“Falun Gong es bueno. La verdad, la compasión y el auto-control son buenos. Cuando llegue el peligro, tu vida quedará protegida”.

“Los desastres naturales y los creados por el hombre no son lo que buscas. Solo puedes librarte de la miseria si crees en Falun Gong”.

Tal y como puede comprobarse, todas las máximas hacen un uso bastante obvio del miedo como herramienta para movilizar a los ciudadanos, y algunas de ellas transmiten promesas un tanto atrevidas, cuando no engañosas.

Por supuesto, también hay ciertas verdades bastantes obvias en la particular crítica política de Falun Gong contra el gobierno chino, pero no deja de resultar curioso que sus alternativas no receten más democracia, sino simplemente más fe en su doctrina, como si de una opción política se tratase.

Se mire como se mire, resulta cuanto menos curioso descubrir que el único movimiento capaz de cuestionar la autoridad del PCCh dentro de la propia China lleve las siglas de una religión/secta, pero supongo que así de sorprendentes pueden ser las relaciones entre política y religión cuando mezclamos un estado ateo, poca democracia y una población sedienta de asociaciones libres.

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