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Bajo el signo del gorrino

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Pese a que hay muchos chinos que se abstienen de comerlo por razones religiosas o de otra índole, China fue, es y seguirá siendo un país con una cultura marcada por todo aquello que rodea a la figura del cerdo doméstico (Sus scrofa domestica). Y como ya sugerí en un artículo previo, este es un hecho que nos une al país oriental en un nivel mucho más profundo de lo que imaginamos.

El antropólogo lingüístico Edmund Leach defendía que en las culturas en las que criamos y comemos cerdos guardamos una relación muy especial con ellos, ya que en muchas granjas viven tan cerca de las personas como los perros o los gatos, y además comen más o menos lo mismo que nosotros, aunque al final los sacrificamos para devorar su carne en mil y una recetas.

Es más, según este célebre investigador, al dar matarife al cerdo nos entraría un tipo de culpabilidad subconsciente similar a la que sobreviene por violar el tabú del incesto, en la medida en que nos llevamos al estómago un animal que está en el límite entre los más y menos “familiares”. Dicho de otro modo, cargarnos al puerco de casa generaría en nuestro subconsciente un conflicto interno similar al de montárnoslo con una prima o primo. Ahí queda eso.

Por ello, en cantidad de países, incluida China y España, el cerdo es un animal que inspira amor y rechazo en medidas poco habituales para otras especies, y tan pronto como recurrimos a su nombre para insultar, lo elogiamos con dichos tan dignos de psicoanálisis como aquel que reza “del cerdo me gustan hasta los andares”.

Sea como fuere, y al margen de que para los chinos el cerdo sea más tonto que sucio, lo cierto es que el momento de su matanza es vivido como todo un acontecimiento en buena parte de la China rural, y cada invierno los medios mandarines se hacen eco de unas cuantas noticias y fotografías pintorescas que contribuyen a recordar el peso simbólico que tenía el consumo y aprovisionamiento de carne porcina en la sociedad agrícola.

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Y es que, como ya explicó el bueno de Marvin Harris, estas particularidades de la economía influyen de forma crucial sobre la cultura, cuyas sublimaciones se hallan estrechamente ligadas a lo que se cuece en la huerta, la cuadra, o la propia fábrica, por citar un espacio más cercano a nuestros tiempos modernos.

Por todo ello, al margen de las diferencias obvias en el lenguaje y en las formas rituales, la cría, la matanza, el procesado y el consumo de carne de cerdo se erige como una praxis que une a las culturas que lo practican de forma mucho más íntima de lo que parece.

No en vano, uno de las cosas que más me ha ayudado a conectar con la idiosincrasia China es la experiencia de haber crecido cerca del caserío, y en especial la de haber presenciado gran parte de los ciclos tradicionales de la cría del gorrino. Porque igual que ocurre en nuestros caseríos y granjas familiares, el San Martín de la China campesina también implica convocar a parientes y vecinos para que echen una mano, rasgo que contribuye a reactivar la circulación de favores y renovar los lazos de confianza. Quien lo haya visto de cerca o lo haya vivido sabe muy bien a qué me refiero, sea o no capaz de expresarlo.

Según recuerda mi madre, que es natural de Sunbilla (Navarra), la matanza del cerdo iba acompañada de toda una serie de costumbres locales mantenidas religiosamente. A los vecinos había que servirles un buen café con anís cuando se presentasen por la mañana, y una vez pasado el cuchillo al animal, se les servía una sopa de ajos junto con hígado recién extraído y bien frito con cebolla. Después, mientras las mujeres se encargaban de hacer las morcillas y limpiar las tripas, los hombres se encargaban de despiezar, trocear la carne, y picarla para hacer longanizas.

Aunque la faena implicaba una buena dosis de esfuerzo por parte de hombres y mujeres, generalmente se desarrollaba en un ambiente festivo no exento de alguna borrachera que otra durante los dos días sobre los que solía alargarse. Además, una vez finalizado el trabajo, tenían lugar las conocidas como zerri puskas, literalmente “pedazos de cerdo”, que consistían en repartir un poco de morcilla, costilla, tocino y hueso a cada uno de los vecinos del barrio.

Y de forma esencialmente muy parecida, en buena parte de China, incluida la provincia de Hubei, de donde proviene la familia de mi novia, el momento de sacrificar al cerdo también iba acompañado de sonadas reuniones con familiares y vecinos, y no precisamente carentes de significatividad, ya que dichos banquetes suelen preceder a las celebraciones del Año Nuevo, y sus manjares -vía empanadas o longanizas- suponen una pieza fundamental del paso al nuevo ciclo de producción.

Por otra parte, se deba o no a las causas apuntadas por Edmund Leach, los cochinos en China también se ven rodeados de toda una serie de llamativas contradicciones simbólicas, y su sacrificio va acompañado de toda una serie de rituales de especial importancia en los que se manifiesta el especial simbolismo de esta criatura.

De hecho, no es raro que en su último día se vista al animal con ornamentos colorados similares a los que los propios chinos visten en las celebracions especiales (en las bodas tradicionales se viste de rojo), aunque esta posible tendencia a la antropomorfia también se manifiesta por vías más familiares para nosotros, como la costumbre de bautizar al cerdo con el nombre de algún enemigo o ministro.

Por todo ello, aunque en China el desarrollo económico también ha contribuido al desgaste de este tipo de herencia cultural, no me extraña nada el interés que despiertan entre mis conocidos chinos las fotos y vídeos que me envió mi tío tras la matanza del año pasado, pero no porque les resulten exóticos, sino porque en ellos descubren lo mucho que nos parecemos en nuestras gorrinas formas de supervivencia y socialización.

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Comments

  1. Enlace a los comentarios de Menéame: https://www.meneame.net/story/bajo-signo-gorrino

  2. Me estoy dando cuenta que los chinos y los españoles somos muy iguales.

    Supongo que por alli matan a la antigua como aqui. Metiendole el cuchillo vivo y sujetandoles hasta que se desangre. Creo que en algunos pueblos de españa le tan un palo antes para dejarlo KO.

    Desde hace pocos años, es obligatorio aturdir al bicho antes de meterle el cuchillo. No en todos sitios lo hacen pero la gente incluso que lo hace a la antigua está mas concienciada.

    • En el nivel de las costumbres agrícolas y ganaderas yo creo que granjeros españoles y chinos comparten cantidad de elementos con los que se entendería perfectamente, incluso sin poder comunicarse verbalmente. De hecho, eso de las diferencias culturales son construcciones que se generan sobre todo en las ciudades, donde los políticos liamantas contaban con muchos más recursos y medios para “educar” a la nación sobre sus ilustres intereses.

      En cuanto al método de matanza, en el caserío de mi tío ahora se mete al cerdo en una especie de cajón de acero que limita su movimiento, luego se le mete un gancho bajo la barbilla para tirar y que asome el cuello, y luego se le cortan las arterias metiéndole el cuchillo. Se trata de una escena un poco bestia, y el cerdo siente mucho miedo y sufre en el proceso, pero no sé qué otros métodos podrían usarse en casa para que fuese menos cruel y que el corazón del animal siga bombeando para recoger la sangre y hacer morcillas.

      • Una opcion es contratar a Bardem para que vaya por los pueblos con la bombona esa de matar.
        Ya en serio, tal vez no seria muy caro tener una pistola de bala cautiva para compartir entre los vecinos o alquilar. Otras opcion seria cotratar el servicio o un veterinario, pero la gente ya es reticente para contratarlo para otras cosas como comprobar si la caza tiene triquinosis.

        Y el mas barato que se me ocurre es un buen palo en la cabeza. Pero hay que saber darlo, supongo.

        Hay mucha gente que piensa que muerte cerebral significa que el corazon se para y no es asi. Un cerdo puede estar muerto cerebralmete y tener el coracion funcionado.
        Pueno aqui lo explican mucho mejor
        http://medtempus.com/corazon-autonomo/

        Entiendo que ya lo han hecho toda la vida asi, tienen que ir a lo seguro. Salvo que se aprenda antes es dificil cambiar la tecnica.

        Por el titulo, yo pensé que ibas a decir que eras del año del cerdo. Yo soy del gallo, aunque no creo en estas cosas 😛

        • Mi bisabuela, que era una mujer asturiana de armas tomar, tenía una discusión con mi bisabuelo:
          -Severo, esti gochu (cerdo) tá pa matar.
          -Calla, María, espera un poco.
          Y como no le hacía caso, le pegó un estacazo (al cerdo, claro, no al marido) que lo dejó más para allá que para acá. Y Severo tuvo que matar al cerdo por narices.

  3. santaklaus says:

    Con ese título pensé que el artículo iba del Gobierno del PP.

  4. Para que veáis que lo del palo en la cabeza funciona… pero hay que ser profesional, como mi bisabuela xD

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