Casarse o perder la dignidad: El gran reto del matrimonio en China

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La esperanza de poder casarse y formar una familia constituye uno de los factores que mejor explican el afán de los chinos por estudiar y trabajar duro. El temor que le tiene este país a la idea de envejecer sólo es tan alto, que ni maestros, ni profesores, ni muchos padres siquiera, dudan en utilizarlo para mantener a sus estudiantes e hijos bien disciplinados.

Y es que, en la China de hoy, esa que sigue imprimiendo la imagen de Mao en sus billetes, sólo los funcionarios y trabajadores de las empresas nacionales cuentan con un sistema de pensiones más o menos decente, mientras que a la inmensa mayoría no le queda otra opción que esperar que sus hijos los cuiden y les ofrezcan una jubilación y una vejez digna.

Es más, tengo la constancia de que muchos de esos profesores de instituto que siguen sermoneando sobre los planes nacionales para construir el socialismo y enriquecer a todos sus proto-ciudadanos, no tienen ningún reparo en recurrir a la desoladora imagen de los innumerables ancianos abandonados en las calles para “motivar” a sus estudiantes y conseguir que asuman el descabellado número de horas que dedican al estudio cada día.

A veces imagino qué les pasaría a los estudiantes chinos si de pronto se les iluminara el cerebro con el nivel de pensamiento crítico que se esperaría de un sistema educativo realmente inspirado en el marxismo, y pienso que a muchos simplemente les explotaría la cabeza ante semejantes contradicciones. Pero esto es China, el país donde los estudiantes son machacados desde críos con conceptos como el de qutong, que viene a expresar su supuesta tendencia a “estar de acuerdo”.

Espero que no haga falta deciros a qué parte de la sociedad beneficia ese concepto, y no os pase como a la mayoría de los estudiantes chinos, que carecen de las herramientas intelectuales para distinguir qué parte de sus elementos culturales e identitarios han sido seleccionados y promocionados por los intereses políticos.

En cualquier caso, a mi modo de ver, cuando una sociedad se ve privada del pensamiento crítico, sus ciudadanos quedan ciegos ante la oportunidad siempre presente de transformar su hábitat social, y no les queda otra que adaptarse a los caprichos de su entorno (o a los caprichos de los poderosos).

Y eso es exactamente lo que ocurre con el matrimonio en China, donde, al igual que otros muchos hitos de la vida convencional, constituye un estadio al que se accede con altas dosis de presión y competencia. Más todavía cuando hablamos de un país con varios millones menos de mujeres que de hombres, otro de los lamentables efectos secundarios de la política del hijo único.

Seguro que alguno que conozca bien China pensará: “pero en China abundan las redes para buscar pareja a hijos o amigos”. Y, efectivamente, ese es un hecho fácil de comprobar no sólo en Internet, sino a pie de calle, en plazas y en cantidad de espacios públicos donde padres y abuelos anuncian e intercambian los perfiles de sus hijos y nietos en edad y/o necesidad de casarse.

En la siguiente foto, por ejemplo, podemos ver uno de los mercadillos de solteros que se organizan un par de veces al año dentro del Campus de la Universidad de Wuhan, en el cual se cuelgan una serie de anuncios de color azul para los hombres y de color rosa para las mujeres, para que queden a la vista de los transeúntes.

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En las fichas se incluye información relativa a la altura, edad, peso, nivel de estudios, profesión, nivel salarial, propiedades, y el tipo de pareja que se busca. También se suele aclarar si el soltero/a es hijo/a único/a, ya que si ambos miembros de la pareja lo fueran, podrían tener dos hijos en lugar de sólo uno.

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Puede que a algunos os sorprenda oír que en muchos anuncios se mencione si los solteros poseen una casa o un coche, pero es que en China esta condición supone un factor fundamental a la hora de calcular las posibilidades de acceder a un matrimonio social y familiarmente aceptable. Y menciono expresamente las espectativas sociales y familiares, porque constituyen un elemento que practicamente todos los chinos tienen que tomar en cuenta, y que todavía hoy en día tiene una importancia primordial.

En resumen, y como puede escucharse en la actualmente de boca de cualquiera desde Pekín hasta Urumchi: “si no tienes casa, no te casas”. Seguro que a muchos os puede resultar exagerada la idea, y más aún si tomamos en cuenta que hablamos de un país en desarrollo, pero os aseguro que es casi una norma social hoy en día, y un requisito que se aplica a todo el mundo, incluido servidor.

Todavía recuerdo muy bien el día en que conocí a la madre de mi novia y me hizo el famoso “interrogatorio de la suegra”, en el que me sometió a todo tipo de preguntas acerca de mis expectativas profesionales, el nivel salarial al que podía aspirar, y el tipo de vida que le podría ofrecer a su hija. Y en lo referente a esto último, efectivamente, su mayor preocupación era si podría o no comprar una casa en la que vivieramos solos los dos. Bueno, en realidad lo que más le preocupaba era que, al estar su hija casada con un extranjero y no residir de forma permanente en China, al volver a su pueblo en año nuevo no podríamos lucir coche propio ante los vecinos, hecho que aparentemente constituye todo un ritual de exhibición del estatus social en las zonas rurales.

Pero, ¿acaso no en China no tenían la costumbre de que la pareja compartiera techo con los padres del marido? Pues sí, es verdad, la sociedad china guarda todavía cierta influencia de lo que los antropólogos llamamos patrilocalidad, aunque esta es una costumbre que está cambiando mucho con el desarrollo económico del país. La razón de esta transformación reside sobre todo en el mal recuerdo que tienen las madres y abuelas sobre el momento en el que tuvieron que compartir techo con sus suegras, relación que tiene fama de ser tanto o más difícil que aquella entre marido y suegra en la cultura mediterranea.

De hecho, el miedo a caer en las garras de una suegra celosa y exigente es tan grande, que las madres de las novias chinas no dudan en insistir y machacar con la cuestión de la vivienda aparte, y en ocasiones lo hacen con tanta saña que me pregunto si no ocurrirá que en unos años la relación maldita en China sea también aquella entre marido y suegra.

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Pero desarrolle un sentimiento de rencor o no, el resultado es el mismo para el pobre pretendiente: tendrá que ponerse a trabajar como un lelo o buscarse patrocinadores donde sea para poder comprar una casa y garantizar así el enlace matrimonial.

¿Y si no tiene uno suerte en ello? Pues entonces me temo que las oportunidades de lograr el beneplácito de los padres de la novia se reduciran drásticamente, lo que puede suponer un verdadero problema para la pareja, ya que en China contrariar los deseos de los padres es casi un pecado, y muchas veces lo es sin el casi. Es lo que tiene criarse el país de Confucio, cuya escuela se preocupó mucho de hacer del valor de la piedad filial el elemento central de su sistema ético y moral.

En el tiempo que llevo en China, he oído todo tipo de historias de culebrón que incluyen padres histéricos, madres llorando y rogando de rodillas, y todo tipo de chantajes emocionales que resultan muy difíciles de entender para un occidental, aunque resultan de lo más normal incluso en ciudades tan modernas como Shanghai.

Por otra parte, aunque, en principio, la ley china permite a dos individuos casarse sin necesidad del consentimiento de los padres, todavía hoy en día es necesario hacer uso del libro de familia o “hukou” para legalizar el matrimonio, documento que por lo general se halla en poder de los padres.

No obstante, una vez recibida la negativa de los padres, son pocas las parejas que hoy en día optan por empeñarse en su proyecto, ya que la capacidad de los padres chinos para entrometerse y chafar la relación de pareja puede llegar hasta límites totalmente intolerables. Es por ello que, en más de una ocasión, a la pareja de enamorados no le queda otra opción que huir lejos para poder seguir juntos, aunque es muy posible que ello implique hacer frente a altas dosis de culpabilidad por aquello de no honrar al padre y a la madre.

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Pero incluso si la pareja cuenta con el beneplácito de los padres del novio y de la novia, quitando los casos de la minoría pudiente del país, para el resto de los mortales, casarse supone comenzar a hacer frente a una enorme carga de responsabilidades hacia la propia pareja, hacia la generación anterior, y hacia la siguiente generación, que apenas dejan un milímetro para eso que en ciertos lugares de Occidente llamamos “espacio personal”.

Por todos estos problemas, y por otros muchos que seguro que se me han escapado, la cuestión del matrimonio es uno de los temas más acuciantes y más abiertos a la discusión pública que afectan hoy a la sociedad china, cuyo sistema económico ha pasado de estar basado en la agricultura de subsistencia a constituir el principal foco industrial del planeta en apenas 30 años.

Cada año, millones de jóvenes chinos se ven frente a frente con la cuestión ineludible del matrimonio, y lo hacen no tanto como una opción de desarrollo personal, como pretende ser en algunos lugares privilegiados del planeta, sino más bien como una condición sine qua non de cara a la supervivencia, las expectativas familiares, y la conquista de un estatus social que se mide cada vez más por lo que uno tiene y no por lo que uno es.

A veces pienso si podría ser que, en los años venideros, los jóvenes chinos lleguen a problematizar tanto esta cuestión, que acabe resultando la chispa inesperada para el cambio social y político. Quizás no sea una locura plantearlo. Pero hasta que no fortalezcan los escasos y endebles lazos sociales que mantienen más allá de los nexos inter-familiares, no les quedará otra opción que recurrir a los mercadillos de solteros y las páginas de citas, que en el fondo no hacen otra cosa que lucrarse a costa de un problema que agobia a millones de personas, y que requiere medidas de otro tipo y escala.

Mientras tanto, en las escuelas chinas siguen prometiendo a los estudiantes un futuro feliz y de riqueza generalizada en formato de familia nuclear, aunque al hacerlo mencionan cada vez menos a Mao y cada vez más a Confucio, aquel filósofo cuya corriente de pensamiento sirvió de base para la legitimación de dos mil años de gobiernos autoritarios.

¿Os está entrando dolor de cabeza sólo de imaginar la situación? A mí por lo menos sí, y más cuando me acuerdo de lo hipócrita y paradójico que resulta que me meta con el sabio que da nombre a la beca que recibo en estos momentos. Pero, ¿qué queréis que os diga? El desarrollo económico de China, así como el propio desarrollo global, funcionan cada vez más como una especie de máquina absurda que necesita generar precariedad y nos obliga a competir y traicionarnos unos a otros, desgastando nuestra integridad moral y nuestra dignidad, y dejándonos indefensos ante aquello que el ser humano más teme en su calidad de ser gregario: la soledad.

En otra ocasión volveré a hablar de más cuestiones relacionadas con el mundo familiar chino, que es, sin ningún lugar a dudas, un ámbito de la vida social que alberga algunas de las diferencias culturales más significativas en relación a muchas sociedades occidentales.

Hasta entonces, os espero con más artículos y anécdotas de investigación en Historias de China.

9 comentarios en “Casarse o perder la dignidad: El gran reto del matrimonio en China”

  1. Me ha gustado mucho, Javier. Yo vivo desde hace casi dos años en una ciudad pequeña de Anhui, que es de las provincias más pobres de China. La verdad es que conozco de primera mano todo el tema que describes, la represión sexual que hay, la presión por parte de las familias, la falta de información, la censura… Como profesora, muchas veces debo morderme la lengua en clase para no buscarme problemas y con amigos es complicado hablar de estas cosas porque se sienten muy incómodos. Yo también creo que tarde o temprano esto explotará por alguna parte… Todas las barreras que se han levantado en las últimas decadas se las llevará por delante Internet, a pesar de la censura, y si no al tiempo. Un saludo!

    1. Muchas gracias Klara! No sé si escribes, pero te animo mucho a que anotes sobre lo que estás viviendo, apuntando un poquito cada vez en un diario o un cuaderno. No me cabe duda de que estás viviendo una experiencia única en tu pequeño pueblo de Anhui. Saludos desde Changchun!

  2. Me ha encantado el articulo. Conocía el concepto de madre tigresa y la obsesión por la excelencia en los estudios pero desconocía el drama del matrimonio. ¿Cómo lo llevas tú con tus suegros?

    1. Hola jimbo!! Me alegro mucho de que te haya gustado el artículo.

      Para ser honesto, tengo que decir que, efectivamente, uno de nuestros mayores problemas de pareja reside en los padres de ella.

      La verdad es que agobia un poco que estén todo el día preguntando y exigiendo cosas que suenan casi ridículas para la gran mayoría de chinos, como que lleguemos a ganar más de 2000 euros al mes, y cosas por el estilo…

      Así pues, al final aprendes a decir a todo que sí, a ser paciente y a aparentar obediencia, como hace la mayoría por aquí, y santas pascuas…

  3. Chicos, ¿que me pueden decir sobre el tema de la virginidad femenina en China?, ¿afecta el desfloramiento prematrimonial en la futura búsqueda de una pareja a una chica o chico?,, ¿ es importante para los chinos casarse con una chica virgen?, Saludos a todos, desde Ecuador.

  4. Tienes una explicacion para lo que le pasó a este chico?

    Bueno, había ido al extranjero a trabajar con una colaboradora para nuestro proyecto. Además, quería hablar con ella para publicar unos cuantos papers juntos, ya que nuestras investigaciones tenían puntos en común. Me llevaba muy bien con ella… tan bien que un día, sin comerlo ni beberlo, me suelta que somos pareja (y por lo visto, así lo creían también sus amigos, compañeros de trabajo, padres y familia).
    Yo soy sincero y le digo que lo siento mucho pero yo la considero sólo amiga y le explico que, desde el punto de vista de mi cultura, yo no he hecho nada para que ella me considere algo más (que ni un abrazo nos hemos dado, vamos). Pero su cultura es diferente y ella piensa de otro modo…
    El resultado es yo teniendo que trabajar desde el lobby, la investigación en común a la mierda, la colaboración cancelada y el proyecto que se queda cojeando, un e-mail de malas maneras enviado al resto del grupo, y yo comiéndome el marrón de vuelta a mi lugar de trabajo.

    http://curiosoperoinutil.com/forum/viewtopic.php?p=154910#p154910
    http://curiosoperoinutil.com/forum/viewtopic.php?p=152882#p152882

    Para nosotros parece bastante marciano, puede que tambien raro para los chinos aunque no tan surrealista. No lo sé.

    En china o en japon, se contrata a gente para hacerse pasar por novios. Eso aqui parece de chalados, pero alli no es nada raro y no se que pasa si le pillan.

  5. Me encanta leer tu blog. Vivo en Hong Kong, que parece muy civilizado y nada chino a primera vista, pero que está cada vez más influenciado por los mainlanders. Lo que tu cuentas está a un minuto de ser igual aquí, sólo que más adornado de dinero y lujo, dn Hong Kong no se casan porque no hay pisos en los que puedan vivir con los salarios que pagan, ya no sólo es difícil encontrar pareja.

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