Tres causas materialistas para comprender el desarrollo económico chino (con extra de reflexión)

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Dentro de los principales debates públicos y académicos acerca de los factores del desarrollo chino, últimamente no cuesta demasiado encontrarse con referencias un tanto fáciles sobre determinados aspectos de la herencia confuciana.

A algunos les gusta usar términos chinos como “guanxi” para explicar las claves culturales de la economía china, o de cuño chino, obviando que el tipo de redes inter-familiares de China no son para nada un patrimonio exclusivo de dicho país, ni tampoco de Asia.

Otros incluso se empeñan en buscar en China aquella “tensión” entre éste mundo y el otro mundo que Max Weber consideraba decisiva para el desarrollo del capitalismo, tratando de descubrir una especie de homólogo chino del protestantismo calvinista, y haciendo oídos sordos a las claras diferencias entre el concepto de religión chino y el Occidental.

De hecho, antes de llegar a China y ponerme a investigar la realidad social a pie de calle, mi perspectiva sobre la cuestión del crecimiento económico en China era más bien culturalista, y ya tenía formadas una serie de hipótesis sobre el budismo chino que cuadraban muy bien en el “mundo chino” que me había imaginado en mi sesera.

Pero como les ocurre a tantos otros idealistas a los que se les ocurre meterse en el fregado del trabajo de campo y la investigación empírica, en cuanto comencé a “preguntar a la gente”, me di de bruces con la importancia toda una serie de factores materiales que había pasado por alto durante mi fase de documentación en Pamplona.

Por eso, en esta ocasión, y sin ánimo de desprestigiar las causas culturalistas del problema, sino más bien con el objetivo de equilibrarlas, os ofrezco un resumen de 3 factores materialistas que, a mi juicio, nos ayudan a entender mejor el desarrollo económico chino.

1- La superpoblación: sé que muchos académicos tuercen el gesto sólo con toparse con una razón tan “vulgar”, pero la superpoblación es un aspecto demográfico de lo más decisivo a la hora de entender la economía china, y además es la respuesta por excelencia que te ofrece todo chino, desde estudiantes hasta expertos, al ser preguntados al respecto.

El espectacular nivel demográfico chino cumple dos papeles de vital importancia en el el desarrollo económico del país:

A) Por un lado, constituye un potencial de trabajo y de consumo que fue abierto al mercado global casi de golpe al comienzo de los años ochenta, y que ha sido cuidadosamente gestionado por el gobierno chino desde entonces. Con más de 1300 millones de ciudadanos listos para trabajar a mitad de precio, y dispuestos a dejarse el salario de dos meses en productos de diseño extranjero, ¿qué país está dispuesto a meterse en problemas con China?

B) Por otro lado, los gobernantes chinos juegan de forma muy hábil a la hora de movilizar a la población china, que tiene muchos obstáculos para crear lazos sociales “espontáneos” más allá del parentesco, haciendo que compita contra sí misma por acceder a unos servicios e infraestructuras públicas insuficientes.

“No ser dejado atrás”. Ese ha sido el leitmotiv de los estudiantes chinos en las últimas décadas, muchos de los cuales llegan a estudiar hasta 100 horas semanales para poder acceder a una universidad decente y mejorar su situación familiar, fenómeno que no puede ser entendido si dejamos atrás un aspecto tan crucial como el de la superpoblación.

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2- La política del hijo único: Ya fuera por tratar de ajustar los objetivos de desarrollo del país a los recursos disponibles, o por otras razones aducidas para justificar la implantación de las medidas de control de la natalidad, lo cierto es que constituyen un factor estructural de lo más fundamental para entender el boom económico del “gigante asiático”.

Para comprender el por qué de tal importancia, basta con que recordemos que hasta las últimas décadas del siglo pasado, China era un país cuya economía agraria apenas sobrepasaba el nivel de subsistencia. De hecho, las terribles sequías padecidas durante los años sesenta, combinadas con las deficiencias del la política económica de Mao hicieron que millones murieran de hambre en todo el país, dejándolo en la miseria absoluta.

En cualquier caso, lo relevante aquí es que, como muchos sabréis, la agricultura de subsistencia a menudo va acompañada de la costumbre de tener un mayor número de hijos por pareja, lo que permite asegurarse la supervivencia de al menos un descendiente “funcional” por quién ser cuidado durante la vejez.

Puede que, como apuntaba Pierre Bourdieu , tener hijos en los países desarrollados haya pasado a ser una forma de indicar el estatus familiar, pero en la China de hoy, que carece de un Estado de Bienestar para la mayor parte de su población, los hijos siguen suponiendo una inversión de futuro indispensable, sin la cual uno corre el riesgo de pasar la vejez en la indigencia.

Ahora bien, imaginemos la tensión y presión que tuvieron que padecer las jóvenes parejas de los ochenta cuando de pronto se dieron cuenta de que la conquista del socialismo no iba a realizarse a través de la cooperación, sino a base de competencia mutua, y que su jubilación iba a seguir dependiendo del nivel de éxito económico alcanzado por su descendencia, la cual pasaría a ser limitada por ley, y bajo penas severas, a un sólo hijo o hija.

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3- La represión sexual:

Aunque no se trata de una causa materialista en sentido estricto, al igual que en el caso de las “políticas del hijo único”, considero que las medidas de represión sexual en China son el resultado directo de una lógica de la eficiencia y la explotación de los recursos humanos acorde con los objetivos de desarrollo económico impulsados por las élites del país.

Es cierto que la herencia cultural China cuenta con ciertos elementos de castidad que provienen del confucianismo y el taoísmo, pero los actuales métodos de represión sexual que se aplican en los colegios e institutos de gran parte del país han dado lugar a una especie de “puritanismo instrumental” o “puritanismo técnico” un tanto peculiar para el ojo Occidental.

Y es que en China, el imperativo de auto-reprimir la sexualidad no se justifica a través de argumentos religiosos o morales, sino a través de una lógica explícita según la cual, distraerse en temas amorosos supone arriesgarse a ser “dejados atrás” en esa carrera por salvar la dignidad personal y familiar que alimenta el desarrollo económico del país.

Según las investigaciones que he realicé en Wuhan acerca de los procesos educativos en china, estas serían algunas de las consignas correctivas más recurridas por los profesores de instituto:

“Si te echas novia/o ahora, es posible que más tarde nadie te quiera como esposo/a”

“Si te entretienes con romances ahora, acabarás como esas personas que van por la calle barriendo o recogiendo basura”.

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Ya hace más de un siglo desde que Sigmund Freud reveló el importante papel que jugaba la represión sexual a la hora de poner a trabajar a las masas, y tras la Segunda Guerra Mundial, Herbert Marcuse se encargó de recordarnos de nuevo sobre el riesgo que corríamos de acabar enjaulados en una sociedad “unidimensional”, donde el pensamiento instrumental y la fascinación por la técnica socavarían el pensamiento crítico y explotarían el potencial creador de “Eros”.

Sin embargo, resulta irónico que finalmente no fuera en las potencias de herencia cristiana como Estados Unidos o la propia Unión Soviética donde se pariera al temido “hombre unidimensional” de Herbert Marcuse, sino que es en China, un país casi ajeno a la idea religiosa del pecado que supone nacer y recrearse a través del sexo, donde está siendo producido de forma masiva.

Reflexiones sobre las implicaciones sociales y el contexto geopolítico de los 3 factores presentados:

Visto lo visto, ¿a nadie le parece sospechoso que tanto en Rusia como en la propia España, dos países a los que parece apretar especialmente la agenda del desarrollo, el conservadurismo religioso esté ganando terreno en distintas esferas de la sociedad, incluyendo la educación? ¿No será que nuestro subconsciente nos la está jugando con esa lógica de que la sexualidad constituye una “distracción fatal” a la hora de entregarse a las tareas mundanas? ¿Es posible que los apóstoles del desarrollo económico, sean del signo político que sea, coincidan sobre la necesidad de obstaculizar o capitalizar la gratificación inmediata y gratuita que ofrece el sexo?

Si resulta que el éxito en la represión y canalización de la energía sexual o el “Eros” hacia el trabajo resulta crucial para “levantar un páis”, entonces es posible que el elemento vital del protestantismo como motor de la industrialización no residiera en esa “tensión” entre el plano intramundano y el ultramundano que Max Weber subrayó en relación al caso chino, sino en su capacidad para censurar el acceso a lo lúdico, lo sensual y lo sexual, y hacer del trabajo la única esfera de afirmación personal y colectiva.

No obstante, a excepción de la fijación de Max Weber por la tensión intra/ultramundana, que le llevó a escribir unas conclusiones un tanto “extremas” en lo relativo al desarrollo del capitalismo en China, considero que su análisis sobre la incompatibilidad entre el pensamiento confuciano y los “requerimientos culturales” del “capitalismo racional” son válidos todavía a día de hoy, y creo que el modelo chino actual guarda muchas similitudes con el “capitalismo de rapiña” que ponía en práctica el funcionariado de la dinastía Qin.

Por otra parte, en un país con una tradición de autoritarismo tan larga como es China, y en cuyo pensamiento antiguo no existe apenas vestigio alguno de ideales democráticos, me resulta muy complicado apuntar exclusivamente a causas culturales para explicar el desarrollo económico, y más aún si recordamos la férrea hegemonía cultural que han ostentado siempre sus élites políticas, y la cantidad de veces en las que han jugado a crear y destruir elementos culturales a su antojo.

Por todo ello, me parece que cuando hablamos de conceptos como el de “familismo”, y los ligamos al confucianismo por las buenas, corremos un gran riesgo de estar confundiendo la herencia cultural de una escuela de pensamiento, con los impulsos básicos que imperarían en cualquier sociedad en caso de que estuviera tan sometida por la clase dominante, que apenas se le permitiera generar lazos sociales u organizacionales más allá del parentesco.

Si alguien tiene dudas respecto de esto último, le recomiendo que eche un vistazo a la parte relativa al taoísmo y la heterodoxia dentro del famoso ensayo de Max Weber sobre las religiones de China, y allí podrá comprobar el empeño de la élite confuciana por identificar a las organizaciones y hermandades religiosas como una forma pecaminosa de traición a las obligaciones familiares.

De hecho, y aunque suene paradójico, creo que si alguien intentó alguna vez desarrollar en China un modelo de “fraternidad” ciudadana fuerte y capaz de ir más allá del modelo atomista-familiar, ese alguien fue el denostado Mao Zedong, aunque su proyecto acabó dejando a la sociedad china todavía más huérfana de socialidad y más vulnerable a los imperativos de la posterior carrera económica.

En resumen. No estoy nada seguro de que la configuración de desarrollo social y económico de China se mantenga estable por mucho más tiempo, pero sí sé que en el caso de continuar sobre las mismas premisas sociales, será un modelo de capitalismo de lo más despótico, no sólo en relación a la mayoría de su población, sino también en relación a la población de otras regiones del mundo globalizado.

Pero lo curioso aquí es que, en parte por esa estructura social basada en los nexos inter-familiares, y en parte por la relativamente escasa predominancia de lo que Max Weber denominaba “racionalidad orientada a la dominación”, es más probable que China evite erigirse en primera potencia a través de la vía del imperialismo.

Al mismo tiempo, desde un punto de vista geopolítico, existe una diferencia de estilo entre las potencias occidentales y China que me llama mucho la atención.

En un extremo, vemos que las potencias occidentales han desarrollado modelos de capitalismo más “estables” y benébolos para el conjunto de sus ciudadanos, aunque muchas lo lograron a base del imperialismo y a base de políticas agresivas hacia los países en desarrollo.

En este sentido, como país agredido por diversas potencias durante buena parte de los dos últimos siglos, China ha mantenido una actitud defensiva y muy cautelosa al cooperar con las principales potencias, asegurándose de que la inversión extranjera contribuyera al desarrollo local a través de su particular modelo de asociación empresarial.

El objetivo de los líderes chinos durante los movimientos de apertura de los ochenta era el de desarrollar su economía mediante la cooperación con las grandes multinacionales, pero sin sucumbir a sus intereses particulares, y desde ese punto de vista, hay que reconocer que les ha ido bastante mejor que en otras regiones del planeta, donde el desarrollo económico lleva décadas tratando de arrancar.

Por todo ello, en relación al extremo que representa el estilo de capitalismo chino, podría decirse que éste opera de forma más sutil fuera de casa, y consciente del gran potencial que constituye su inmensa demografía, prefiere obligar al resto de potencias a asumir el juego de competencia mutua sin regulaciones firmes y sin garantías legales ni sociales al que juegan de puertas para adentro.

Por otra parte, y desde una perspectiva “micro”, como investigador afincado en China y más o menos integrado en un ámbito muy local, me preocupa la alienante situación de las últimas generaciones de proto-ciudadanos chinos, que están siendo educados para pensar su vida desde esa perspectiva acrítica y monotema del “soy lo que tengo”.

Mientras yo me puedo permitir la sana libertad de criticar los problemas de su sociedad, ellos siguen estudiando el marxismo “con caracteres chinos” de memoria, y siguen convirtiéndose en miembros del partido con la misma indiferencia y cinismo que lo hacían los burócratas confucianos, sin pararse a pensar en lo que su proyecto de crecimiento implica, y sin tiempo ni fuerzas para comprometerse por los que no comparten sus lazos de sangre.

Pero lo más inquietante de todo ello es que, como nunca se llegó a madurar un concepto claro del ciudadano a título individual y de la ciudadanía como colectivo, nadie se responsabiliza de la dirección en la que se ha lanzado su proyecto social.

Cuando uno pregunta a los estudiantes sobre su situación, estos culpan a los profesores, que a la vez culpan al gobierno, que a su vez culpa a las familias, y así seguirá cada agente social hasta que sus “peculiares” pautas de asimilación de métodos de producción y consumo modernos desestabilicen completamente su anquilosado modelo de dominación política y social, o empujen resto de paradigmas del desarrollo a la quiebra técnica.

Entonces veremos si China es capaz de desarrollar un modelo de crecimiento capaz de salvaguardar la integridad de sus ciudadanos, o si, por el contrario, son el resto de modelos los que sucumben a su actual lógica de que un mayor grado de participación y garantías ciudadanas es igual a un menor nivel de competitividad económica.

8 comentarios en “Tres causas materialistas para comprender el desarrollo económico chino (con extra de reflexión)”

  1. Lo de canalizar la “energía sobrante” al tener al pueblo reprimido en su faceta sexual ya hablaba Orwell en “1984”.

    P.D.: Buen blog, lo he conocido hoy y no paro de leer post tras post.

    1. Gracias por tu comentario, Elena.

      Efectivamente, es un aspecto de la dominación social que merece mucho tener en cuenta.

      Me alegro mucho de que te esté gustando el blog. La verdad es que anima mucho que os paréis a dejar vuestro punto de vista y sugerencias.

      Saludos desde Changchun.

  2. Muy interesante el artículo. Y que muy acertado. Responde a la pregunta de ¿por qué la represión sexual en China?
    Por añadir algo en la misma línea, los economistas hablamos de economías de escala. Las ventajas de producir en grandes cantidades. Las economías de escala son muy importantes y en esto los grandes países tienen una gran ventaja. Los pequeños países tipo holanda han crecido mediante la apertura a los mercados internacionales.
    Saludos cordiales

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