Los riñones más duros del planeta

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Segunda edición del glorioso “Libro Chiness de los Records”, esta vez con una temática que hará estremecer los esfínteres de cualquier amante del Kung-fu y de los mamporros estilo Bruce Lee.

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo demonios aguantan Jackie Chan y compañía esas tremendas palizas en sus órganos vitales?

La respuesta, queridos fans, se encuentra en la sabiduría taoísta, que se ha preocupado durante siglos de desarrollar diferentes métodos para cultivar y canalizar la energía vital o “Qi”. Estos métodos permitirían al cuerpo humano adquirir capacidades aparentemente sobrenaturales, como la de recibir un palazo en el cráneo y ser capaz de responder al agresor con una reverencia, en lugar de saltarle al cuello entre lágrimas de rabia y dolor, o simplemente caer inconsciente.

Y os preguntaréis ¿por qué ese afán de zurrarse a leches unos a otros? Pues no me hagáis mucho caso, pero es posible que se deba a eso que el sociólogo Max Weber denominaba “racionalidad orientada a la adaptación”, y que, en contraste a la mentalidad Occidental-Protestante, en lugar de ese afán por dominar y controlar el entorno, enfatizaría las capacidades humanas de amoldarse a las tendencias del cosmos y contar con la fortaleza suficiente para aceptar lo que sea que llegue (incluidas palizas brutales) y ofrecer una respuesta óptima (puñetazo demoledor en todo el jeto).

Pero a lo que iba, que desvarío y no acabamos. Nuestro récord de hoy tiene que ver con una misteriosa escuela de artes marciales especializada en el endurecimiento de los órganos vitales: la famosa 铁肾教 o “Tieshen jiao”, que traduciríamos como “Enseñanza del Riñón de Hierro”.

Y es que, según nos contó el orgulloso maestro de la escuela, que es quien nos contactó para registrar el posible record, uno de sus alumnos logró, hace apenas una semana, dominar la legendaria técnica del “riñón indestructible” (无坚不摧的肾). El joven, a quién podéis observar entrenando en las fotos, nos enseñó varios vídeos en los que aparecía soportando estoicamente los siguientes despropósitos en la zona riñonal:

1- Impacto a velocidad de unos 60 km/hora por lo que parecía ser la furgoneta C-15 de su querido tutor.

2- Caída de costado desde el primer piso de su vivienda, aterrizando sobre un colchón de cactus saharianos, cuidadosamente colocados por su venerable instructor.

3- Paliza salvaje y prolongada de un grupo de ancianas de esas que suelen bailar en la calle, después de que el honorable maestro les dijera que, según su alumno, su coreografía apestaba.

Alucinados por las imágenes, preguntamos al susodicho alumno si suele sentir dolor tras someterse a semejantes “pruebas”, a lo que nos respondió: “ya apenas me duele cuando lo hago, aunque a veces meo un poco raro”. Parco en palabras, el joven prodigio deja que su gran maestro, amante incondicional del chándal, hable por él:

“El chaval es un crack. De verdad que estoy muy contento de tenerlo como alumno. Cuando yo era estudiante, hubo muchas ocasiones en las que, harto de que me dieran de palos a diestro y siniestro, me planteé la opción de abandonar el camino del “riñón de hierro”. Pero mi maestro, que era muy sabio, me decía que esperase a tener mis propios alumnos, porque sólo entonces entendería el sentido último de nuestra noble y milenaria escuela. ¡Cuánta razón tenía el viejo de los (censurado)! Todavía no sé muy bien por qué, pero cada vez que veo a mi aprendiz recibir como un lelo, noto que mi espíritu se libera de la ira homicida que me produce vivir en China, y además me parto el culo hasta reventar. Dicen que eso es muy bueno para el corazón, ya sabes, todo sea por la salud”.

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A continuación, le preguntamos si son ciertos los rumores sobre el interés de ciertos expertos de Estados Unidos por aprender sus técnicas milagrosas, a lo que respondió lo siguiente:

“Sí, es verdad. Nos contactó un tal Chuck Norris, que por lo visto es un maestro de artes marciales muy famoso en el extranjero, aunque a mí me pareció un viejo bastante descuidado. Pues eso, el tío quería que le enseñáramos nuestras técnicas, porque debe tener unas piedras enormes en el riñón, pero luego me enteré de que es un poco facha, y que no le gustan mucho los inmigrantes, así que le dije que se fuera al hospital a sacárselas, y se construyera su propio “muro de la vergüenza” con ellas. El tío no me volvió a llamar”.

Como veis, el caso promete para récord Chiness, pero consideramos que es necesario investigar un poco más, no vaya a ser que exista otro aspirante al título de los riñones más duros del planeta, y nos hagan quedar en ridículo. Por eso os pido que no dudéis en ayudar con vuestras aportaciones y vuestra opinión al respecto.

Eso es todo por hoy. Nos vemos en la próxima edición del “Libro Chiness de los Records”. (Y en historias de China).

Una respuesta a “Los riñones más duros del planeta”

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