No es país para sexólogos

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Aunque en la China Imperial hubo ciertos periodos en los que las clases altas gozaron de altos niveles de libertad sexual, la Nueva China es un país esencialmente dominado por el puritanismo y el desconocimiento de este ineludible aspecto de la condición humana.

Según el doctor Pan Suiming, considerado como el primer sexólogo de China, su país carece de una educación y de medios de comunicación capaces de informar debidamente a los jóvenes sobre las formas más seguras para disfrutar del sexo, lo cual agrava los riesgos de la “revolución sexual” que se inició a comienzos del Siglo XXI.

El conocido investigador, recientemente jubilado de la Universidad Renmin de Pekín, acumula más de 1500 entrevistas realizadas a profesionales y clientes de la industria del sexo, y ha elaborado una contundente base de datos sobre la actitud y la conducta sexual de sus paisanos. Debido a su rigurosa dedicación, en la actualidad sus conlusiones y postulados son seguidos por millones de chinos, aunque el rechazo por parte del público y ciertas autoridades sigue estando muy presente para él.

En el año 1985, cuando Suiming ofreció el primer curso de sociología de la sexualidad, las estudiantes lo acusaron de ser un “sinvergüenza”, sus colegas docentes le pidieron que abandonase el proyecto y acabó siendo investigado por los responsables de la universidad. No en vano, mientras en Occidente los movimientos de liberación sexual arrancasen a mediados-finales de la década de 1960, según recuerda el sexólogo, China permaneció sumida en una cultura “asexual” hasta prácticamente el comienzos de los años 80.

Sin embargo, el paso de un concepto fundamentalmente reproductivo del sexo a otro recreativo sigue generando un auténtico torbellino de oposición entre cabezas de familia, autoridades educativas y líderes políticos, y una buena prueba de ello es lo que le sucedió el 7 de noviembre de 2014 a su joven colega de profesión, el Dr. Peng Xiaohui.

Peng se encontraba a punto de comenzar su charla en la Expo de Cultura Sexual de Guangzhou cuando, de pronto, una mujer armada con una bolsa de heces invadió el estrado para abofetear al académico y derramar los desechos sobre su cuerpo (ver la noticia en el siguiente vídeo).

Y es que, tal y como sostiene Fang Gang, otro de los pioneros de la sexología china, para gran parte de los padres del país la sexualidad es un tabú que suscita los peores temores de cara a la formación de los hijos, mientras que los centros educativos perciben la educación sexual como una materia que perjudica al rendimiento escolar y al total de matrículas anuales.

De hecho, cuando mi director de tesis me envió a investigar sobre los factores de motivación de los estudiantes chinos, pude comprobar la enorme relevancia que adquiere el puritanismo en sus procesos formativos, donde lo lúdico, lo sensual y lo sexual son observados como la más letal distracción en la ardua carrera hacia mayores cotas de estatus económico y social.

Ahora bien, aunque el puritanismo chino bebe de fuentes tradicionales que tienen mucho que ver con la dominación sexual de la mujer (de ahí que la virginidad siga estando muy valorada para ellas), debe gran parte de su vigencia a esa lógica “técnica” -tan repetida en mil y un eslóganes- de que la energía invertida en amoríos es energía desperdiciada para la continuidad y el bienestar familiar. Porque aunque en Occidente apenas nos acordemos de ello, en China los hijos siguen constituyendo un apoyo crucial para gozar de una jubilación digna, mientras que la limitación a un único sucesor no ha hecho sino multiplicar las expectativas y presiones que los estudiantes soportan en sus carreras.

Así pues, entre los resultados de esta coyuntura de causas culturales y económicas, nos encontramos con una imagen de los sexólogos como poco menos que una amenaza para el orden público, y las pocas veces en que obtienen un espacio en los medios de comunicación no lo hacen tanto por el resultado de sus investigaciones, sino por las polémicas en las que se ven envueltos, o por cuestiones relativas a su vida personal.

Es decir, al periodismo chino le interesa mucho más escribir sobre los sexológos como freaks que mantienen relaciones con transexuales o se convierten en monjes budistas, en lugar de divulgar sus conclusiones científicas en una sociedad cada vez más amenazada por los riesgos sobre la salud de la “ceguera sexual”, que es como Pan Suiming resume el actual estado de ignorancia y rechazo social.

Así pues, no nos extrañemos cuando la económicamente milagrosa China nos traiga surrealistas noticias sobre su vida sexual, porque aunque la censura funciona muy bien sobre sus sufridos sexólogos, no es tan efectiva contra la ilegalizada pornografía, y son sus social y anatómicamente representativas estrellas las que ocupan la cátedra, aunque sea de forma clandestina y en la sub-disciplina “a pelo”.

4 comentarios en “No es país para sexólogos”

  1. Hola,

    Lo de que muchos se educan con el porno es rigurosamente cierto. No en vano, la superpornstar japonesa Sora Aoi es conocida como “La profesora”, y es toda una celebridad en China.

    Aprovecho para recomendar el libro “Sex and Sexuality in China”, editado por Elaine Jeffreys, con algunos artículos sobre el sexo contemporáneo chino de lo más interesantes. Aunque creo que más bien obsoleto, “The Culture of Sex in Ancient China”, de Paul Rakita Goldin, sigue siendo la primera referencia.

    Y ya que sale el tema, por si alguien no lo conoce, el “Jin Ping Mei” (“El ciruelo en el vaso de oro”), clásico de la literatura china. Casi sin competición, el mejor libro erótico de la literatura universal.

    1. Corrijo, que me he equivocado. La referencia básica de la cultura sexual china era “Sexual Life in Ancient China” (1961) de Van Gulik, y el de Goldin (2001) es la referencia contemporánea que lo supera. Goldin conoce bien el primero y es el responsable de la edición moderna, de ahí mi error…

      1. Muchísimas gracias por tu aportación, amigo Borja.

        El libro de Van Gulik lo tenían en la librería de una pequeña cafetería de Wuhan, y recuerdo que a más de un estudiante le hacían los ojos chiribitas al toparse con las ilustraciones de antiguos juguetes eróticos.

        En cuanto al Jin Ping Mei, aunque no lo he leído, sé que estuvo censurado durante muchísimo tiempo, y me suena que todavía hoy en día la versión de China continental no está íntegra.

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