La temeridad y el reto de discutir en China

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Puede que a alguien le suene extraño, pero una de las cosas que más he echado de menos en China es la posibilidad de discutir libre y acaloradamente sin que ello implique una grave ruptura en el ambiente.

Si enciendes la tele, resulta prácticamente imposible encontrar los programas de tertulia que inundan las mañanas de los canales españoles; si te asomas a una clase de ciencias sociales, los alumnos nunca se enzarzan con sus posturas sobre un tema candente; e incluso si entras en un grupo de debate universitario, verás que la mayoría de participantes expone sus argumentos de forma muy calmada y con mucho cuidado de criticar a quien no se debe.

Obviamente, parte de esta situación responde al peculiar concepto de la democracia que domina en el país, pero no todo lo que obstaculiza el intercambio de ideas se debe al gobierno del Partido Comunista de China. De hecho, incluso las discusiones más banales pueden adquirir un carácter mucho más disruptivo del que cobrarían en casi cualquier contexto social de Europa.

Por ejemplo, yo sé que no me conviene cuestionar la opinión de los familiares mayores de mi mujer en una reunión familiar, por muy “apolítico” que sea el tema, ya que lo ideal es que este tipo de encuentros de produzcan en total armonía, un concepto de importancia vital en la cultura tradicional china.

Otra cuestión es el tipo de condiciones que se dibuja ese ideal estado de armonía, o el tipo de actores sociales a los que beneficia, aunque para eso hace falta estar un nivel por encima en el plano del pensamiento crítico, y me temo que esa no es precisamente la asignatura estrella del sistema educativo chino.

Así pues, si durante una comida a mi suegro le da por decir que Maradona era brasileño, lo más prudente en mi caso, dado mi paupérrimo estatus en la jerarquía familiar, es asentir con sonrisa pelotera y esperar a que otro miembro más reconocido rebata semejante burrada, si es que se atreve.

Como algunos sospecharéis, todo esto está relacionado con el concepto chino de la “cara” (面子), que básicamente no hace referencia a otra cosa que el honor o la dignidad personal y/o colectiva. Pero también tiene mucho que ver con lo que el filósofo y sinólogo Benjamin Schwartz denominaba “cosmología correlativa”.

Explicada brevemente, la cosmología correlativa aludiría a una forma de entender el mundo basada en las “resonancias” que cada acto tiene sobre su entorno y viceversa. Se trata de un concepto que recuerda en cierta manera al karma, aunque en versión algo más secular.

Para que nos hagamos una idea, la cosmología correlativa es la forma de pensamiento responsable de que el emperador fuese contemplado como un nexo entre el mundo de los vivos y el de las deidades y los espíritus, de modo que cuando el primero no cumplía debidamente con sus rituales, su comportamiento “resonaba” en los segundos (incluido el dios del cielo) y causaba todo tipo de calamidades relacionadas principalmente con las cosechas.

Ahora bien, del mismo modo en que el emperador debía respetar las ceremonias de palacio, sus oficiales y súbditos también tenían que observar todos y cada uno de los ritos que regulaban la rutina del día a día, con especial énfasis en las muestras de respeto a los padres, los profesores y los superiores. Sin embargo, igual que ocurrió en muchos otros reinos, esa ritualización de la vida moral dejó al arte de la discusión pública sin espacio, pues discutir implica grandes dosis de improvisación, y la improvisación es esencialmente peligrosa en un mundo que aspira a la armonía (especialmente la de algunos) y que resuena con cada imprudencia que cometemos.

Por eso, no es de extrañar que, todavía hoy en día, una simple discusión apasionada sea interpretada en muchos puntos de China como un suceso esencialmente negativo, en la medida que desafía lo previsible y ataca el núcleo de los patrones de comportamiento en los que se sustenta el tan explotado concepto de la armonía social.

Además, en varios de mis intentos frustrados por debatir en alguna que otra clase de sociología (¿qué menos?), me han solido responder con frases como “a los chinos nos gusta estar de acuerdo”, o “a los chinos no nos gusta compartir cosas negativas”, aunque sospecho que este tipo de argumentos provienen de la particular receta identitaria que el PCCh administra a los estudiantes desde niños.

Por supuesto, esto no es óbice para que cada día en China millones de parejas problemáticas y conductores iracundos monten numeritos en plena calle, pero me siguen pareciendo sucesos aislados o excepcionales si tenemos en cuenta la enorme densidad poblacional y el infernal ajetreo que reina en la mayoría de sus ciudades.

Al mismo tiempo, lo que acabo de explicar no implica que entre los chinos no haya montones de ciudadanos con espíritu crítico de sobra y muchas ganas de cuestionarlo todo, pero me temo que ese perfil acaba desafinando en la sinfonía de movilidad social que orquesta la élite política.

13 comentarios en “La temeridad y el reto de discutir en China”

  1. Pobrecitos los chinos, no tienen las discusiones sin sentido que disfrutamos en occidente. Aaaah me acuerdo y lloro de la emoción jaja, como olvidar los “increíbles y apasionantes” debates sobre si un transexual es mujer o no, si los homosexuales deben adoptar o no, si el populismo es esto o aquello, si la derecha ayuda a los pobres o no, si las feministas tiene razón o no, si al iglesia es una mierda o no, etc, etc, etc. Por dios.

    1. En el fondo prefiero una discussion harmoniosa y con sentido, como pueda haber en un pais civilizado. No discursiones acaloradas y sin ninguna base que es lo que nos gusts en nuestro pais. Eso si, llenas de emociones, pero las emociones no te hacen mas sabio.

  2. Hola Javiertzo, te felicito por tus posts y tu blog en general, ¡me encanta y lo leo siempre que puedo! Sobre el tema que expones aquí, tal vez sería interesante tener en cuenta que no solo existe una forma de cuestionamiento como la crítica abierta o directa, también existen ciertas estrategias indirectas que los chinos en general dominan bastante bien y que, aunque al final el objetivo sea mantener la armonía social, no implica que los conflictos no se resuelvan por otras vías menos visibles. Pero también entiendo que algo tan común para nosotros como el hecho de enunciarlas en voz alta o simplemente ayudar a corregir a alguien que está en un error pueda convertirse en todo un obstáculo para los que venimos de una tradición basada en la contrastación y el pensamiento crítico. Saludos y gracias por la labor que realizas a través de tu página 🙂

    1. ¡Gracias a ti, Lola! Tienes razón en lo que comentas sobre las estrategias indirectas de cuestionamiento y es importantísimo conocerlas para no dejarse llevar por la frustración en según qué contextos. A veces el propio silencio ante una opinión que no se comparte expresa mucho más que mil argumentos en contra. No obstante, sospecho que esa libertad de discutir abiertamente con cualquiera, sin importar su edad, cargo o clase, resulta de gran importancia a la hora de democratizar una sociedad. Otra cosa es que esa libertad acarree toda una serie de “efectos secundarios” que también hemos problematizado en Occidente, pero supongo que todo tiene un precio.

  3. Hay de todo, lo que yo he notado es que cuando hay algún extranjero las conversaciones son diferentes porque les encantan las conversaciones con alguien de fuera de China, pero entre ellos discuten como en cualquier otro sitio. Por temas mucho más banales que los que discutimos en España. Si que es cierto que no tienen esos debates interminables entre izquierda y derecha en política, pero discuten también, sólo que les interesan otros temas. Dales un par de botellas de bai jiu, ya veras lo pronto que empiezan a discutir.

  4. Gracias por el artículo, muy interesante, yo tampoco conocía el concepto de “cosmología correlativa”.
    Evidentemente sin contraste de opiniones, de modo libre, los únicos que ganan son los que detentan el poder y algo así no se consigue sin una historia de “armonía”.

  5. Felicidades por el artículo Jabi, pero me parece que habría que matizar bastante esto, ya que en mi experiencia los chinos sí debaten, y de forma muy acalorada por cierto.
    Me encargo de dar soporte técnico para el desarrollo en chips y la mayoría de mis clientes son chinos (de China). Cuando me toca hablar con ellos una de las cosas que he observado es que generalmente plantean la situación de una forma ofensiva, ¡esto no funciona! ¡esto es inaceptable! o cosas bastante más subidas de tono. Lo que deduzco es que se ven acorralados por algo que no pueden negar (el chip no funciona como ellos quieren) y para evitar “perder cara” dirán y pretenderán sostener contra viento y marea las opiniones más absurdas. Por ello el primer paso al resolver un problema/duda/incidencia de un cliente chino siempre acaba siendo en ver quien tiene la “culpa”. Con clientes europeos, por ejemplo, no suele pasar esto, ya que están mucho más interesados en que resolver la situación a centrarse en aclarar de quien es la “culpa” si es que hay algo que culpar si quiera.
    En vez de preguntar “como puedo activar la característica X del chip?” te vendrán diciendo que esa característica no funciona, o ante un problema propio mentirán descaradamente para intentar convertirlo en ajeno. Este por supuesto no es el caso de todos mis clientes, algunos son muy buenos profesionales, pero sí de la inmensa mayoría, lo cual me da mucho que pensar.
    También me he dado cuenta de que muchos técnicos de este país prefieren meter la cabeza bajo tierra y ocultar errores graves que ponen en peligro projectos enteros antes que enfrentarse a la posibilidad de tener que “perder cara” por no saber manejar un tema de su área. Por ello no hago una valoración muy positiva del concepto de la “armonia”, ya que sus consecuencias me acaban explotando en la cara habitualmente y me toca tener que lidiar con los resultados.

    1. Muy cierto lo que dices, Alpha.

      Yo también he visto bastantes situaciones como las que describes, sobre todo de clientes cabreados, pero como reza el dicho, “el cliente manda”, y es normal que uno proteste cuando considera que ha pagado más de lo que recibe a cambio.

      Una vez que ayudé a montar una línea de producción en una fábrica, vi como el jefe echaba una bronca monumental a la empresa que contrató, soltando perlas del tipo “esta cadena no vale para nada”, cuando en realidad suponía una enorme ventaja para su empresa. Sin embargo, en ese tipo de situaciones es comprensible que el cliente se sienta un poco por encima, sobre todo si siente que ha “perdido cara” en el asunto, y quizás resulta más aceptable que monte un puro al respecto.

      Ahora bien, en esa misma fábrica, los empleados temblaban cuando tocaba pedir algo a sus superiores (herramientas, más material, etc.) y muchas veces se corrían riesgos riesgos innecesarios o se malgastaban recursos simplemente por evitar incomodar o contrariar al jefe.

      Por otra parte, también hay que diferenciar entre las quejas o discusiones privadas entre dos partes, ya sea por teléfono o cara a cara, y las realizadas en público, donde me parece que los chinos sí que suelen cortarse más, pero como bien señalas, eso no significa que se resistan a discutir o montar la bronca de turno.

  6. Hola de nuevo Jabi,
    La última que me han montado ha sido un jefe de desarrollo en una sala de reuniones con 15 personas, eso yo lo considero estar en público, y todo ello para acabar reconociendo que el error era suyo…
    Cuando se me acercan de forma personal, suelen ser más sociables, ya que parece no temen “perder cara” cuando hablan únicamente conmigo, pero la mayor parte del trato que tengo con mis clientes es por mail que en realidad no es privado, ya que cuando lo mandan se aseguran de tener a sus jefes y a mis jefes en copia.

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