El sentido ético del dinero en la cultura china (II)

guan-yu-comercial-2

Resumen:
Desde el estudio que dedicó Max Weber a la China Imperial, diversos sociólogos han investigado sobre las posibles afinidades entre los valores éticos de las filosofías y religiones de China y el llamado “espíritu capitalista”. Uno de los enfoques más populares dentro de este tipo de investigadores consiste en equiparar el confucianismo con el calvinismo, reivindicando la faceta transcendental y religiosa del primero a costa de ignorar su tradicional orientación secular y obviar el papel del budismo, el taoismo y la religión popular, uno de los elementos más reveladores en el ámbito de las empresas familiares.

Palabras clave: valores éticos, dinero, cultura china, confucianismo, religión popular, empresas familiares, linajes.

Dinero y ética; dos conceptos cruciales en los debates sobre la modernización china desde que, hace ya casi un siglo, Max Weber escribiese su famoso ensayo sobre el confucianismo y el taoísmo .

La inigualable intercambiabilidad del dinero ha hecho que veamos en él un símbolo del poder mundano, mientras que a la ética la imaginamos habitando los etereos mundos del espíritu, de la metafísica, y de aquello que es digno de sacralizar en nuestras vidas. O al menos, así es como buena parte del Occidente moderno entiende la relación entre ambos elementos.

No obstante, la perspectiva tradicional de China sobre el dinero y su acumulación cuenta con ciertas particularidades que, sin duda alguna, merecen ser investigadas y discutidas, dado el relevante papel que ha adquirido la economía en el ámbito de las relaciones internacionales.

Así pues, con el fin de ilustrar algunas de estos rasgos distintivos, los cuales fácilmente pueden causar falsas impresiones y desorientar al visitante occidental, me gustaría repasar cuatro aspectos de la vida social china que he estudiado como beneficiario del Confucius China Studies Program, un programa de formación doctoral organizado y financiado por el Instituto Confucio.

La presencia y circulación del dinero en los templos taoístas y budistas:

A la hora de visitar los templos religiosos de China, una de las características que más puede llamar la atención de los provenientes de regiones con herencia judaica es el protagonismo que cobra el dinero fuera y dentro de sus muros. Las tiendas de incienso, figuras, y demás artículos religiosos, acompañan al visitante prácticamente hasta las puertas de los altares más venerados, mientras que los nombres de cientos de donantes inscritos en paredes y estatuillas anuncian una lógica diferente a aquella que Jesús de Nazaret impuso sobre los mercaderes del templo.

Pero no nos precipitemos a señalar al materialismo, pragmatismo, o consumismo como responsables del fenómeno, ya que según investigadores como Michael J. Walsh (2010), quien ha estudiado a fondo el intercambio de donaciones por mérito religioso en el budismo chino, hablaríamos de una costumbre que se remontan varios siglos antes de la llegada de cualquier ideología moderna.

Es más, a la hora de analizar esta tradición desde un enfoque antropológico, descubriríamos que la acumulación de riqueza, posición social y estatus cultural en manos de los templos y de los donantes, descansa sobre la lógica primigenia de dar, recibir, y reciprocar, según defendía Marcel Mauss a través del concepto de la “circulación del don” (2010).

Aunque es cierto que el catolicismo también cuenta con ritos y costumbres en las que la presencia del dinero llega a niveles muy explícitos, tanto este, como el cristianismo ortodoxo y el protestante, coinciden en representar al dinero como un bien necesario pero irremediablemente unido al “reino de los hombres”, en tanto que no puede ser intercambiado por la salvación, y no facilita el acceso al “Reino de Dios”.

Sin embargo, en la mentalidad religiosa de China, el dinero actúa como un medio privilegiado de comunicación entre el mundo de los vivos y el mundo de los espíritus y de los dioses, y la imaginación popular se ha encargado de erigir incluso bancos celestiales que reciben el dinero y bienes enviados por los mortales.

No en vano, si despejamos el individualismo moderno de la ecuación, y entendemos la cuestión desde la perspectiva de esa unidad trans-generacional que constituye el linaje familiar, nos encontramos con que ganar dinero no solo es una condición sine qua non para su continuidad, sino que además representa un deber y una responsabilidad ética en toda regla.

Por tanto, cuando el cabeza de familia realiza una donación al templo, no solo está entregando el fruto de sus esfuerzos, sino también el fruto de su compromiso hacia valores centrales de la ética confuciana. Y a través de la ofrenda, el donante trata de harmonizar los efectos adversos que su particular búsqueda de la prosperidad pudiese haber causado sobre su entorno.

Las deidades protectoras de los negocios familiares:

Otra costumbre relativamente asequible, incluso para los viajeros que se hallen de paso, es la de ornamentar los locales de negocios o sedes empresariales con imágenes, estatuillas, o altares dedicados a héroes como Guanyu, Bigan, u otros “Caishen” o “deidades de la riqueza”.

Sin embargo, aunque varias grandes figuras de la política económica y la sociología, entre ellas Francis Fukuyama (1998: 67) y Shmuel N. Eisenstadt (2005), han insistido en la importancia de los valores confucianos entre los factores culturales que explican el “milagro chino”, resulta cuanto menos complicado considerar a las célebres deidades antes mencionadas como patrimonio exclusivo del confucianismo. De hecho, ambas son figuras adoradas también en el taoísmo y diversas ramas del budismo chino, y al igual que ocurre con las prácticas de los templos, es posible que esta forma de culto contribuya a generar una especie de “circuito ético-económico” por el que circulan la confianza mutua y la riqueza.

No obstante, al comparar las implicaciones de la religiosidad china y la protestante, Max Weber consideraba que las comunidades calvinistas jugaron un papel mucho más crucial en la génesis del capitalismo, ya que, entre otras cosas, promovieron una forma de crédito basada en el compromiso hacia determinados valores éticos. Más concretamente, el dinero era prestado a aquellos “hermanos” que demostraban su fe en Dios a través de una conducta puritana y la entrega a una vida de trabajo ascético.

Ahora bien, dado que, según el propio Max Weber, ni el taoísmo, ni el budismo chino contaban con congregaciones de creyentes laicos como las del cristianismo u otras religiones de salvación, el espíritu del capitalismo halló en China una traba sociológica difícil de superar. Además, de acuerdo con las conclusiones de su ensayo sobre las religiones de China, y por paradójico que suene, la perspectiva positiva del confucianismo hacia el mundo, los seres humanos, y la riqueza, hizo que las personas careciesen del grado de “tensión” necesaria para dar pie a los procesos de modernización (1984: 515).

Efectivamente, cuando echamos un vistazo a los altares e imágenes dedicadas a Guanyu o Bigan, quienes suelen verse rodeados de dinero y símbolos de abundancia, resulta bastante obvio que nos hallamos ante una forma de culto muy diferente a las propias del protestantismo, comparativamente carentes de elementos mágicos. Pero la razón de que los Caishen sean considerados como principales protectores de los negocios familiares no se debe a que persiguiesen la riqueza o fuesen habilidosos en su producción. Al contrario, si las nuevas generaciones de empresarios siguen rindiéndoles culto, es porque representan el sumum de la justicia, la honradez, y el sacrificio por lealtad hacia los principios. ¿Y quién mejor para proteger la riqueza que aquel que está libre de avaricia?

Por eso, cuando una familia o un emprendedor chino abre un negocio, y decide colocar un altar a alguno de los llamados “dioses de la riqueza”, sea o no consciente de ello, lo cierto es que está manifestando su adscripción a una serie de valores éticos de gran relevancia a la hora de generar confianza y facilitar que el crédito circule. Es decir, a través de la reproducción de esta costumbre, el nuevo empresario se suma a una colectividad ético-económica que va más allá de las personas y de las familias, y que podría estar jugando un papel decisivo en el desarrollo chino. No en vano, a pesar de los efectos de las políticas “anti-superstición” durante buena parte del Siglo XX, si echamos un vistazo a las zonas con mejores indicadores económicos, descubriremos que su área se solapa con la de las zonas en las que mejor se ha conservado esta costumbre, y esta es una relación que, sin duda alguna, merece ser investigada.

El papel del dinero en los ritos funerarios:

Aunque es posible que este aspecto de la vida social quede algo más oculto a la mirada del visitante esporádico, se trata de una realidad relativamente expuesta a aquellos expatriados mínimamente familiarizados con las costumbres familiares de China. Sin embargo, una vez más, a su alrededor nos encontramos con toda una nebulosa de prejuicios etnocéntricos lista para provocar malentendidos.

El primero de dichos prejuicios es el relativo al supuesto carácter “supersticioso” de las ofrendas a los miembros difuntos y ancestros del linaje familiar. Y esta es una cuestión que pesa especialmente sobre las teorías de Max Weber, cuyo pensamiento jugó un papel legitimador para aquellas políticas de modernización empeñadas en eliminar los “retrógrados” e “irracionales” rituales mágicos de las religiones de China.

Según expone la historiadora Rebeca Nedostup (2008: 88-89), ya desde la década de 1930, la quema de réplicas de dinero como ofrenda para los espíritus fue un rito que disgustó especialmente a los partidarios de una China moderna, y a aquellos convencidos de que el país requería de cultos religiosos al estilo del protestantismo.

Ahora bien, si nos acercamos al modo en que los chinos realizan las ofrendas de “dinero espiritual” en festivales como el de Qingming, celebrado al decimoquinto día del solsticio de primavera, no tardaremos en descubrir el enorme y profundo sentido que se oculta tras las formas de culto más populares del país.

De acuerdo con los resultados de una encuesta que llevé a cabo entre los estudiantes de la Universidad de Wuhan, el 78% de ellos reconoció participar activamente en las ofrendas a los familiares difuntos o a los ancestros, aunque el 46% de ellos no considera el ritual como una práctica religiosa, y solo un 8% de ellos se definen a sí mismos como creyentes. Además, durante la fase de investigación a través de entrevistas en profundidad, descubrí que la mayoría de estos estudiantes consideran la costumbre como una forma de mostrar respeto y agradecimiento hacia sus antecesores, y prácticamente ninguno de ellos afirmó creer en la efectividad “mágica” o “sobrenatural” del ritual.

Al contrario, y lejos de mantener una visión que pudiese ser tachada de “supersticiosa”, la práctica totalidad de ellos entendían perfectamente que la quema de réplicas de dinero simboliza una forma de retribución por los esfuerzos de sus predecesores por el porvenir de la familia. Es decir, el propio ritual contribuye a enfatizar el compromiso y la responsabilidad hacia la continuidad y el bienestar del linaje familiar, cuya naturaleza trans-generacional ofrece un horizonte de transcendencia inmanente a las personas que lo componen. Dicho de otro modo, desde un punrto de vista “religioso”, la tradición china no apunta tanto hacia una salvación en el más allá, y como miembro de una hermandad de fe, sino a una salvación en el más aca, en tanto que miembro de un linaje.

Así pues, aunque desde la perspectiva cristiana, islámica o judaica nos veamos tentados a proyectar una especie de “Reino de Dios” en la referencia china al “más allá”, no debemos pasar por alto la posibilidad de entender ese “otro mundo” de los espíritus y las deidades como un plano en el que habita la ejemplaridad del pasado. Y en ese sentido, dedicar una ofrenda a los ancestros antecesores familiares se convierte en una excusa para sacralizar, según la visión sociológica de Émile Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa (2013), aquello que era importante en el pasado, en el presente, y en el futuro de aquellos que den continuidad al linaje familiar.

Por eso, si aquello que garantiza la supervivencia y buena situación del linaje es deseable, el dinero, en tanto que medio de intercambio por excelencia, también lo es. Pero el dinero no solo representa los bienes y servicios que todos requerimos en nuestra vida diaria, sino que además representa los esfuerzos que lo han producido, y también los compromisos y responsabilidades que motivan dichos esfuerzos. Y en ese sentido, la ofrenda constituye un recordatorio del deber y la responsabilidad ética de dar, recibir, y reciprocar en la medida de lo posible.

Ser capaz de ganar dinero como condición para casarse y tener familia:

Recuerdo que cuando investigaba a los universitarios de Wuhan, muchos jóvenes me hablaron de la cantidad de presión que les supone tener que hacer frenet a las altas expectativas económicas de los padres de sus novias. Efectivamente, en los últimos años se ha popularizado un nuevo requisito que afecta a buena parte de los hombres solteros del país, y que podríamos resumir en la expresión “si no compras una casa, no te casas”. Es decir, China está pasando de una sociedad patrilocal, en la que el nuevo matrimonio pasaba a vivir junto con la familia del marido, a una sociedad en la que la familia del marido debe asegurar una vivienda independiente para la pareja.

Esto puede sonar a efecto del materialismo, o de nuevas expectativas y estilos de consumo llegados de Occidente, pero a mí me parece que tiene mucho más que ver con algunas de las cuestiones que venimos discutiendo. Y sí, es cierto que el requisito de comprar un hogar puede actuar como complemento a la legalidad en caso de divorcio, pero hay otro asunto subyacente que merece ser analizado dentro de su propia coyuntura cultural.

En primer lugar, lo que motiva el debate y los malentendidos no es tanto que se espere la compra de una casa o un coche como condición para el “sí, queremos” de la familia de la novia, sino aquello de que el amor quede reducido a una cuestión económica. Pero aunque cada cultura y civilización tiene sus propias convicciones al respecto, tanto en China como en las primeras potencias occidentales, desde un punto de vista estadístico, las personas siguen casándose con miembros de su mismo nivel económico y educativo (Schwartz and Mare, 2003).

Es decir, el nivel económico ha sido, es, y seguirá siendo una cuestión irremediablemente mezclada con el amor, entre otras razones, porque está muy relacionada al nivel educativo, que sin duda tiene mucho que decir a la hora de encontrar a nuestra “media naranja”.

De hecho, este es un dilema presente en algunas de las historias románticas más famosas de China, como la antiquísima leyenda de Los amantes mariposa, que lleva problematizando los casamientos concertados al menos desde la Dinastía Tang (618-907).

En segundo lugar, parece que entre los solteros chinos se detecta cierto enojo hacia la forma tan explícita de tratar el tema de la capacidad económica del aspirante a yerno. No obstante, y precisamente por las diferencias en la perspectiva ética hacia el dinero, se trata de una cuestión especialmente delicada y propicia a los malentendidos para los aspirantes de origen occidental.

En mi propio caso, sin ir más lejos, y a pesar de que mi formación sociológica implicaba estar al corriente de la importancia del factor económico en los enlaces matrimoniales, reconozco que no me agradó especialmente escuchar las preguntas de mi suegra en potencia sobre mi nivel salarial. Es más, el asunto me causó no pocos disgustos y dolores de cabeza durante meses, hasta que por fin comprendí que los requisitos de la madre de mi novia no eran sino una forma de exigirme pruebas de mi compromiso y responsabilidad hacia el porvenir de su hija y de los que pudiesen llegar a partir de nuestra relación.

Dicho de otro modo, cuando las suegras de los jóvenes chinos preguntan por la capacidad económica de sus posibles yernos, lo que esperan es una prueba fehaciente de que pueden ser capaces de hacerse cargo del porvenir de la familia, un deber tradicional en el que, no olvidemos, las mujeres juegan un papel cada vez más importante.

Así pues, una vez más, en la mayoría de los casos nos encontramos con que la aparente “intromisión” del dinero en las relaciones de pareja y el matrimonio no obedece a la simple avaricia o al más desalmado materialismo o pragmatismo, sino que puede actuar como todo un símbolo y vehículo de los compromisos y responsabilidades éticas entre los miembros de, al menos, dos linajes familiares.

Conclusión:

Por lo tanto, en vista de su sentido y de las funciones que cumple en los cuatro aspectos de la vida social tratados en este artículo, me inclino a considerar dos posibilidades mutuamente compatibles.

La primera: que pese a lo reprochado por diversos agentes de la modernización durante buena parte del último siglo, la particular combinación de ética confuciana y religión popular manifiesta grandes dosis de afinidad hacia el llamado “espíritu capitalista”. La segunda: que aunque en Occidente nos sintamos más o menos cómodos ante la paradoja de perseguir y repudiar simultáneamente la riqueza como símbolo de lo mundano, es posible que la tradición china cuente con una visión menos contradictoria del asunto, aunque no por ello menos ética.

Bibliografía:

-Durkheim, Émile. (2013) Las formas elementales de la vida religiosa, Fondo de Cultura Económica: México.
-Eisenstadt, Shmuel. (2005): Multiple modernities, New Brunswick (New Jersey): Transaction Publishers.
-Fukuyama, Francis. (1998) La confianza (trust), Barcelona: Ediciones B.
-Nedostup, Rebecca. 2008. “Ritual Competition and the Modernizing Nation-state.” Pp. 87–112 in Chinese Religiosities: Afflictions of Modernitiy and State Formation, edited by Mayfair Mei-hui Yang. Berkeley and Los Angeles: University of California Press.
-Mauss, M. (2010) Ensayo sobre el don: forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, Madrid: Katz.
-Schwartz, Christine R. and Mare, Robert D. (2005) Trends in Educational Assortative Marriage From 1940 to 2003
-Walsh, Michael J. (2010) Sacred Economies: Buddhist Monasticism and Territoriality in Medieval China. New York: Columbia University Press.
-Weber, Max. (1984) Ensayos sobre sociología de la religión. Madrid: Taurus Humanidades.

2 comentarios en “El sentido ético del dinero en la cultura china (II)”

  1. Fascinante como la experiencia humana cambia totalmente de sentido según la cultura. La interrelación de individuo, familia, clan, tribu más dinero, religión, filosofía cambia totalmente el sentido de la vida personal de una cultura a otra.
    A veces me imagino yendo a un supermercado chino con una remera con una imagen de GuanYu bien visible y ver que reacción tienen los dueños. ¿Tal vez no sería recomendable porque sería una banalización de su figura para ellos? (al ponerlo en algo tan ordinario como una remera).

    1. A lo mejor la gente del supermercado se extrañaría de ver a un extranjero con una camiseta de Guanyu, pero no creo que les resultase ofensiva. Una de las “ventajas” que hay en China en relación a estas figuras es que no son propiedad de ningún credo en particular, y además mucha gente no los ve como personajes sagrados, en sentido religioso, sino como grandes héroes de la historia a los que se debe respeto.

      En cualquier caso, además de ser una figura de lo más popular, lo mires por donde lo mires, Guanyu mola una barbaridad, y es un personaje que aparece en un montón de videojuegos chinos del tipo World of Warcraft, entre otros.

      Por eso, no creo que nadie se escandalizase porque llevases su imagen en una prenda u objeto banal. Ahora bien, a lo mejor la cosa cambia si eres tú quien se pone a sacar fotos al altar en honor a Guanyu de algún comercio o de algún hogar, pero en ese caso también entra en juego la parte de “invasión” o “apropiación” que implicaría tu acción en relación a las prácticas de culto de un individuo o una familia en particular.

Deja un comentario