Ya tocaba hablar de ópera china

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Llevaba mucho tiempo con la idea ver y oír ópera china en vivo, y ayer, por fin, nos decidimos a ello. No es que a mi novia no le guste la cultura china, pero entiendo que, al igual que me pasa a mí con la música tradicional vasca, después de crecer oyéndola como súmmum de la identidad cultural, uno acaba prefiriendo escuchar casi cualquier otra cosa, por el simple gusto de variar.

Sin embargo, al igual que me ocurrió a mí cuando la introduje a nuestro patrimonio cultural, ella acabó disfrutando mucho más de lo que esperaba de compartir conmigo ese tesoro de las artes que es la ópera china.

Esta variante del drama y del teatro musical cuenta con un larguísimo recorrido histórico, aunque alcanzó su madurez en el Siglo XIII, bajo el dominio de la Dinastía Song. Además aglutina un gran número de estilos locales que se pueden separar en la siempre recurrente distinción Norte/Sur, aunque el más famoso de ellos es, sin duda alguna, el de Pekín.

De hecho, tanto los expatriados como los propios chinos tienden a identificar la ópera china (戏曲) con la ópera de Pekín (京剧), internacionalizada a través de películas tan notables como Adiós a mi concubina (1993), de Chen Kaige, la cual os recomiendo encarecidamente.

Aunque muchos jubilados se aficionan a interpretar algunas de estas obras en centros culturales o incluso al aire libre, en Changchun, capital de Jilin, sólo hay un pequeño teatro especializado en ópera china. Como de costumbre, nos plantamos allí en el último momento y sin saber muy bien lo que íbamos a ver. Pagamos cada uno 7 euros de entrada, que está fenomenal para la calidad ofrecida, y tomamos unos asientos relativamente cercanos a la escena.

Los primeros minutos fueron algo inquietantes para nosotros, ya que en el tablado nos encontramos a un profesor dando una charla sobre el sustrato cultural, ético y religioso en el que floreció esta expresión artística, y temimos habernos presentado a un curso sobre ópera china en lugar de a una actuación en vivo.

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Por suerte para nosotros, se trataba de una actividad rutinaria previa a la función, aunque lo cierto es que me resultó mucho más interesante de lo que temíamos, no sólo por la información aportada, sino porque supuso una clara muestra de las medidas que están tomando determinados agentes de la sociedad para concienciar a la ciudadanía sobre el valor y la importancia del patrimonio cultural.

En cuanto terminó la charla, y sin demorarse un minuto siquiera, dio comienzo la obra, que resultó ser El romance de la Cámara del Oeste, una adaptación de la novela homónima de Wang Shifu (1260-1336), considerada como “la comedia de amor más popular de China” y como “la Biblia de los amantes”. Se trata de una ópera catalogada dentro de aquellas de estilo Yueju, fundado a comienzos del Siglo XX alrededor de Shengzhou, en la provincia de Zhejiang.

Básicamente, cuenta la historia de amor entre Zhang Shen, un joven estudiante de 23 años, y Cui Yingying, la hermosa hija del recién fallecido primer ministro de la corte Tang. Sin embargo, aunque el relato nos remonta a una sociedad siglos y siglos anterior a la actual, su trama transmite ciertas problemáticas todavía presentes en la China de nuestros días.

Para empezar, el protagonista, quien se enamora a primera vista de Yingying, de 18 años, no cuenta con el beneplácito de su suegra en potencia, ya que esta espera poder casar a su hija con un hombre de mayor estatus social y económico. Además, el joven Zhang cuenta con una fiera competencia por parte de otros pretendientes, como es el caso del bandido Sun, que incluso trata de raptar a Yingying.

Al igual que ocurre a día de hoy en buena parte del país, es la madre de la novia la que impone las condiciones para aceptar el posible enlace. La primera de ellas pasa por liberar a su hija de los rapaces indeseables. En la novela de Wang Shifu, la futura suegra del pretendiente Zhang se muestra tan preocupada por ello, que promete entregar su hija a quien la libere de la amenaza del villano y sus secuaces.

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Pero, ya se sabe, puestos a pedir, siempre se puede tirar de manga, y aunque el bueno de Zhang consigue que un colega del ejército (arriba a la izquierda) le de un escarmiento a Sun, la viuda rompe su palabra e impone una segunda condición. Pues bien, es en este nudo donde millones y millones de jóvenes chinos podrían identificarse con Zhang, pues el requisito que se le impone a este último no es otro que el de sacar la mejor nota en las oposiciones a funcionario del Estado.

Sí, queridos amigos, olvidaos de duelos a muerte y de gaitas épicas por el estilo, porque en China quien se lleva a la princesa es el empollón de turno, ese que persevera en los estudios desde bien chico, hasta que consigue un cargo o puesto de trabajo que garantice un futuro en condiciones para sus sucesores.

Sin embargo, como no todo el que goza de estatus social lo logra por méritos, la obra cuenta con un elemento de tensión muy actual, consistente en convencer a las madres de que casen a sus hijas con un pretendiente de origen más humilde, aunque firmemente comprometido a luchar por el estatus familiar, antes que entregarlas a aspirantes que nunca han requerido de su esfuerzo y responsabilidad para gozar de respeto y una vida próspera.

Y es justo en ese dilema donde entra en juego Hong Niang, la casamentera-celestina del relato, quien se encarga, a través de diversas tretas, de convencer a la madre de la novia de las ventajas del enlace, igual que lo hacen los “aliados” del novio en la China contemporánea.

En resumen, que a pesar de las dos horas y media que duró la función, me resultó una experiencia de lo más reveladora, y estoy deseando volver a participar en otra ocasión.

En cuanto a la música, interpretada en directo por los propios actores y por un grupo de 5 músicos, es cierto que puede resultar algo estridente para el oído acostumbrado a otros registros, y aunque los timbres son algo peculiares, tampoco cuesta demasiado cogerles gusto.

Para quienes os interese acercaros a la experiencia, aquí os dejo el siguiente vídeo de la misma obra transmitida por la televisión nacional china (CCTV).

 

Espero que el artículo os haya resultado de interés. Otro día más y mejor. Hasta entonces, nos vemos en Historias de China.

6 comentarios en “Ya tocaba hablar de ópera china”

  1. Claro que resulta interesante. Me gusta como lo escribes y haces sentir como si uno estuviera ahí mismo. No sabía lo de la opera en China, y es gratificante comprobar que en esto del Internet hay cosas muy interesantes y buenas que solo el Caralibro. Mas artículos como este. ¡Saludos!

    1. Muchas gracias, Maquinangel. Me alegro mucho de que te haya gustado el artículo, y me comprometo a escribir más sobre las actividades culturales en las que participe.

      Recibe un cordial saludo de mi parte.

  2. Hola! Me parece excelente tu artículo y tu blog. La verdad es que ir a la ópera china es una experiencia súper interesante y conocer un poco más de los trajes, gestos y personajes ayuda un poco más a entender la trama.

    1. Hola Wallebot.

      No es nada claro incluso para los propios chinos, y además muchas obras están escritas en un estilo que ya nadie utiliza. Supongo que pasa un poco como con nuestra música clásica vocal, que tampoco es que canten parecido a como hablamos hoy en día, y a veces cuesta mucho entender lo que dicen.

      Gracias por participar.

  3. He visto varias de estas obras en CCTV en español, no recuerdo si había subtitulo pero supongo que si, la última que vi trataba de una prostituta acusada injustamente de un crimen, el juicio y como se separa de su amado (aunque después logra demostrar su inocencia). Me gusta mucho su blog. Saludos!

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