Con la antena puesta en el Foro de Civilizaciones de Nishan

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El pasado mes de mayo, entre los días 21 y 23, tuve el privilegio de participar en el Tercer Foro de Civilizaciones de Nishan, un encuentro celebrado en Shandong que, según se indica en su página oficial, fue creado para “promover las finas tradiciones de la cultura china, demostrar apertura, diversidad, inclusividad, y la búsqueda de armonía de la cultura china, promover intercambios y diálogos entre la civilización china y la occidental, y mejorar el entendimiento y respeto mutuo entre la gente de diferentes países para construir un mundo armonioso”. Ahí queda eso.

El foro, que lleva el nombre del hogar de Confucio, se celebra cada dos años, y cuenta con el apoyo de varias de las más prestigiosas universidades de China, la Academia de Cultura China, la Asociación China de Comunicación de la Cultura Religiosa y otras instituciones culturales de nivel nacional, además del propio Gobierno Chino, que considera el encuentro como uno de los principales puntos de su agenda para la UNESCO.

Durante estas semanas, he estado buscando por Internet alguna referencia en español sobre el desarrollo de esta última edición, guiada bajo el lema “ética común bajo diferentes creencias”, pero como apenas he encontrado mención al respecto, he decidido cubrir el evento por mi cuenta y de paso darme un poco de autobombo, que nunca viene mal.

Así pues, y como aviso para los amantes del rigor periodístico, si queréis algo más serio al respecto, os recomiendo que, en lugar de meteros conmigo, que no cobro un céntimo por esta tarea, presionéis a los profesionales y editoriales del sector que, posiblemente, deberían haberse preocupado de escribir sobre ello, que para eso les pagan. Otra opción es que me enviéis un cheque o me pongáis en nómina, aunque sea como falso autónomo, en cuyo caso estaré más que encantado de esforzarme por cubrir vuestras expectativas estilísticas y metodológicas.

Para los que me conocéis un poco más u os preguntáis cómo dejaron colarse en el programa a semejante despojo de investigador social, os aclaro que fue, principalmente, gracias a la invitación que nos pasó el propio Instituto Confucio a los doctorandos beneficiarios de sus becas. Y es que, además del programa principal, donde participaban expertos de prestigiosas universidades de Estados Unidos, Canadá, Israel, Corea del Sur, India, y la propia China, el foro contaba con un programa para doctorandos en el que participamos novatos como servidor.

Si os digo la verdad, cuando envié mi artículo, a cuyo resumen podéis acceder aquí, apenas tenía esperanzas de que me lo aceptasen, porque es un trabajo muy crítico hacia el supuesto potencial modernizador del confucianismo, que ya asoma como posible relevo, o al menos como un parche, para el desgastado materialismo histórico.

Sin embargo, para que veáis lo flexibles que son con los estudiantes extranjeros, resultó que mi artículo fue admitido (una vez traducido al inglés y al chino, con ayuda de mi pareja), y allá que me presenté, en la que sería mi primera participación activa en un debate más o menos académico. Y lo de más o menos lo digo porque, como suele ocurrir en este tipo de encuentros, a veces se mezclan los intereses políticos y científicos, lo que contribuye a complicar las cuestiones hasta límites insospechados. Eso sí, los garrotazos (dialécticos) entre cristianos y ateos, o entre etnocentristas y relativistas son mucho más entretenidos que las discusiones entre quienes estudian cuestiones más sencillas de contrastar o menos proclives a convertirse en elementos identitarios.

Por otra parte, como bien sabéis, en China hay ciertas cuestiones de las que es muy complicado hablar, y quizás parte de los organizadores del foro esperaban que los invitados extranjeros no llegasen con demasiadas ganas de meter el dedo en la llaga, aunque siempre hay alguien que no se resiste a abrir el buzón y soltar algo incómodo. Y entre ellos, cómo no, servidor.

Lo sé, lo sé, ya me han dicho más de una vez, que esa manía de criticar a quienes me dan de comer no es muy buena para el curriculum, pero es que no lo puedo evitar. Cuando veo que alguien defiende algo con lo que no estoy de acuerdo, no me puedo resistir a rebuznar con el mayor respeto posible, y además es algo que mis padres me inculcaron casi como un deber moral. ¿Al fin y al cabo, no se basa en eso la democracia?

Todo ocurrió durante la sesión en la que me tocaba participar, que fue iniciada por Jean-Christophe Bas, ex-consejero estratégico de la famosa Alianza de Civilizaciones (sí, aquella que se montó Zapatero), y Vice-presidente del consejo asesor del Instituto Aspen de Francia. Ya llevaba unas cuantas sesiones rumiando sobre el efecto que podrían tener estas iniciativas sobre la opinión pública y sobre el entendimiento mutuo a pie de calle, y a la vista de que sólo un estudiante se había animado a lanzar una pregunta, decidí salir a la carga.

Aunque me enrollé un poco por los nervios, esencialmente, esto es lo que le planteé:

-Señor Bas, coincido en el interés de dar a conocer el confucianismo y otras grandes aportaciones de la cultura china. Sin embargo, yo vengo de un país donde se nos está “invitando” a bajar nuestros salarios y perder parte de nuestros derechos con el pretexto de ser más competitivos y salir de una crisis cuyos orígenes van mucho más allá de las barreras nacionales. En ese contexto, no es extraño encontrarse con la idea de que la Troika quiere que España, además de otros países, se convierta en “la China de Europa”. Y al mismo tiempo, creo que cuando los españoles piensan en los chinos, gran parte de ellos no piensa en el confucianismo, sino en el simple hecho de que los chinos trabajan sin derechos y que es difícil competir con ellos.

Dicho de otro modo, le trasladé la vieja cuestión del internacionalismo obrero, que entiende las identidades nacionales como un obstáculo para el interés de la clase obrera mundial. Porque si China fuese un país realmente preocupado por la causa socialista e interesado en extender dicho proyecto a otros países, lo lógico sería que sus órganos e iniciativas culturales se dirigiesen a las clases obreras desde el discurso de la lucha de clases, y no a través de un retorno al confucianismo, que fue una corriente filosófica prácticamente exclusiva del funcionariado imperial.

Por su parte, el señor Bas, respondió que entendía muy bien el recelo que en países como España pudiese surgir hacia la competencia china, e incluso recordó algún caso de violencia contra tiendas de ropa regentadas por emigrantes chinos. Sin embargo, a Bas le parecía que en España hacía falta “encender la antena” para ponerse al día de lo que está ocurriendo en China, algo en lo que coincido plenamente.

No obstante, su símil de la antena me pareció un tanto paradójico, principalmente debido a que nos encontrábamos en un país cuya “antena” no funciona demasiado bien, y a menudo sufre las interferencias de la censura, que se cuida mucho de que sus ciudadanos discutan o tengan noticia de determinadas cuestiones.

Lejos del enojo, la reacción de Bas se redujo a un encogimiento de hombros y una sonrisa cómplice, con la que me respondía algo así como: “sí, sí, ¿y qué quieres que diga, majete?”

Sin embargo, en ese momento de debate delicado con un superior, tan infrecuente en China y casi impensable para la gran mayoría de estudiantes universitarios del país, el chico que había hecho la pregunta anterior (y que, probablemente, era miembro del partido), ofreció la predecible respuesta oficial con un “estás totalmente equivocado en lo que dices, porque China tiene la antena muy bien puesta, y este foro es una prueba de ello”. Pues bien, con esa puesta en escena del típico: “soy el líder del cotarro, por si alguien no se había enterado”, se acabó cualquier esperanza de crear algún tipo de debate entre los estudiantes chinos, que quedaron cabizbajos y se mostraron claramente reacios a hablar del tema, incluso durante el descanso.

Personalmente, entiendo perfectamente su reacción, porque tengo la constancia de que los estudiantes universitarios están muy controlados por el gobierno (no vaya a ser que se repita lo del 89). Sin embargo, me dio mucha rabia encontrarme, una vez más, con esa imposibilidad de discutir determinados temas, sobre todo por los propios estudiantes y los ciudadanos del país, a los que no les queda otra que callar y decir amén ante los caprichos ideológicos y las decisiones de la élite política.

Por lo demás, y aunque no me pude quitar el problema de la cabeza, sobre el que pude hablar, más tarde, con el propio Bas, el foro me resultó muy interesante, aunque, después de ver todo el dineral que había costado (vi hasta un Rolls Royce en la puerta del recinto esperando a algún pez gordo), resultó un tanto decepcionante que concluyese recalcando un principio que lleva dando vueltas desde finales del Siglo XVII: la famosa Regla de Oro.

Para quienes no la conozcáis, os dire que, básicamente, es la norma moral que te invita a tratar a los demás como te gustaría ser tratado, elemento que aparece en todas los grandes sistemas éticos del mundo, y que bien podría ser estudiado desde la visión de la biología sobre algo tan básico como la empatía.

Pero bueno, tal y como señalaba antes, el objetivo principal de estos encuentros no es puramente científico, sino que más bien se trata de poner a la ciencia, o en este caso a las ciencias sociales, al servicio de una iniciativa geo-política que, dicho sea de paso, no es, ni de lejos, tan agresiva como la han sido, y los siguen siendo, las practicadas por potencias como Estados Unidos.

Y por ello, a pesar de las limitaciones que van ligadas a este tipo de eventos de las élites, considero que es positivo contar con ellos, porque nos ofrecen la oportunidad, todavía muy precaria, de sentarnos juntos a discutir sobre lo que nos diferencia y nos une, en lugar de juzgarnos y competir mutuamente desde la fría lejanía.

Ojalá dentro de dos años haya otro representante más preparado que yo y más reporteros de habla hispana, para que podamos estar un poco más al día sobre lo que se cuece en China, y ya no nos puedan venir con eso de que no tenemos la antena encendida.

Nota: si algún lector interés en los contenidos del programa, no tiene más que pedirlo, y le haré llegar una copia digital en cuanto disponga de un momento.

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