De matrimonios concertados, citas sorpresa y la suegra china que las arregló

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Como ya expliqué en otra ocasión, China cuenta con una larga tradición en eso de concertar citas y matrimonios, y todo apunta a que seguirá siendo así por una buena temporada.

Para empezar, cualquier hombre que aspire a casarse en este país debe considerar muy seriamente la compra de una vivienda. Este es un requisito relativamente nuevo con el que las familias de las novias esperan poner tierra de por medio entre estas últimas y sus suegras, a las que la cultura popular atribuye un carácter sobreprotector hacia sus hijos. Sin embargo, el precio de los apartamentos es tan alto que la mayoría de los solteros requieren del apoyo económico de sus padres, lo cual acarrea una importante pérdida de independencia a la hora de elegir pareja.

Es decir, ¿cómo hacer oídos sordos a la opinión o las preferencias de papá y mamá cuando son ellos los que se hacen cargo de los costes que acarrea el matrimonio?

Por otra parte, los últimos cambios en la ley del divorcio han hecho que muchas mujeres teman quedar desamparadas en el caso de que su marido adquiriese la vivienda antes de casarse, y son cada vez más las que optan por labrarse una independencia económica a base de invertir más tiempo en su formación y su carrera profesional. Y como la moral confuciana considera prácticamente un pecado negarse a formar una familia, muchos jóvenes nacidos en los 80 se hallan en la tensa tesitura de tener que casarse cuanto antes y no tener tiempo ni para abrirse una cuenta en Baihe o Jiayuan, dos de las páginas de citas más famosas del país (la segunda de ellas cotiza en NASDAQ).

Por cierto, gracias a la labor de este tipo de empresas se han obtenidos datos bien llamativos sobre este paso tan importante en la vida social, como los publicados a finales de 2012 por el diario Eastday. Según dicha fuente, casi la mitad de los jóvenes de menos de 30 años conoció a su esposo o esposa a través de sus padres o parientes, mientras que más del 70% de los encuestados habría requerido del beneplácito de sus padres para casarse, aunque el 80% no estaba en contra de ello, ya que consideraban importante tener en cuenta su experiencia matrimonial.

De hecho, dada la enorme importancia que adquiere tener un pariente o amigo influyente a la hora de conseguir un buen puesto de trabajo (en esto nos parecemos bastante), muchos solteros prefieren abstenerse de buscar pareja fuera de las redes de contactos de sus más allegados, quienes, por lo general, estarán más que dispuestos a hacer de casamenteros.

Así pues, ante semejante panorama, no es de extrañar que tanto hombres como mujeres recurran a sus allegados para que les ayuden a pasar por el aro del matrimonio de forma satisfactoria, y es en ese contexto donde entran en juego el xiangqin (相亲), o las citas a ciegas arregladas por terceros, que pueden tomar la forma de auténticos “mercadillos de solteros” en su versión más necesitada.

Según una investigación realizada en 2011 y publicada por el servicio de noticias de QQ, (software de mensajes instantáneos), el 57,2% de los encuestados afirmó haber experimentado este tipo de encuentros arreglados y más de la mitad de ellos lo había hecho entre 2 y 5 veces.

Los lugares más populares para encontrarse, destacaron los parques, restaurantes y cafés, y tres cuartas partes de los encuestados indicó haber gastado menos de 200 yuanes (unos 30 euros) en cada ocasión, aunque en el 80% de los casos fueron los hombres quienes se hicieron cargo de la cuenta.

Ahora bien, aunque parece que son los varones quienes llevan la iniciativa y la cartera en el asunto, generalmente son las mujeres las que se encargan de organizar las citas, y esto es algo que conozco bastante bien, gracias a los tejemanejes que urdieron la tía del exnovio de mi actual pareja y mi suegra en potencia mientras nosotros manteníamos la relación en secreto.

Tengo que admitir que me sorprendió bastante el modo en que el exnovio movilizó sus contactos desde otra provincia, y como sospecharéis, no me hizo mucha gracia la encerrona que le prepararon a mi novia. Pero entiendo que él se jugaba mucho más que yo a la hora de acceder a un matrimonio aceptable, y ahora casi me da pena imaginármelo recibiendo un plantón en presencia de sus compinches después de tomar un avión y pagar la cena de todos.

Supongo que son las dos caras de la presión social sobre el matrimonio, que desemboca en satisfacción para muchos cuando hay novios felices y perdices, pero amenaza con un chasco monumental si las cosas salen mal, o simplemente no salen.

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