En China, si eres mujer soltera, tus óvulos no te pertenecen

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Hace unos días, el gobierno chino aprovechó un suceso aparentemente irrelevante para recordar a sus ciudadanos sobre una cuestión que le preocupa sobremanera.

El suceso en cuestión fue el viaje de la actriz y directora de cine Xu Jinglei a Estados Unidos para preservar sus óvulos, hecho sobre el que informó en una entrevista y que generó toda una oleada de comentarios y debates, ya que su caso es representativo de cada vez más mujeres que retrasan el matrimonio y el embarazo para continuar desarrollando su vida profesional.

Y aquí es donde entra en juego la advertencia del gobierno, porque aunque la práctica de Xu Jinglei es cada vez más popular, la ley establece desde 2001 que las mujeres que deseen hacer uso de sus óvulos congelados para obtener descendencia, deben hacerlo presentando un certificado de matrimonio.

La legislación contra las madres solteras no es nada nuevo en este país, y ellas siguen teniendo que hacer frente a incomprensibles obstáculos para que sus hijos adquieran los documentos de identidad requeridos para disfrutar de derechos tan básicos como la escolarización.

Sin embargo, el nuevo toque de atención del PCCh viene a anunciar que las zancadillas y atropellos contra esta parte de la sociedad van a seguir aplicándose de forma firme, y que una injusta ley seguirá ocupándose de que no haya forma de que las mujeres solteras tengan descendencia sin pasar por la bendición burocrática del matrimonio con un hombre.

Ya sabemos que China no es precisamente un paraíso de los derechos humanos. La herencia del confucianismo y del totalitarismo siguen pesando mucho a la hora de reivindicar, o simplemente vislumbrar, un estatus jurídico que proteja efectivamente a las personas en tanto que individuos y no como componentes reemplazables de las familias o del partido.

Dentro de la idiosincrasia que reproducen y promueven los líderes políticos, “familia tradicional” y Estado son dos piezas fundamentales sin las cuales China sería incomprensible. Puede que en Occidente muchos se hayan olvidado de ello, pero, en realidad, la alianza entre estos dos agentes acumula siglos de historia entre las sociedades agrícolas e industriales del mundo, donde la reproducción de la mano de obra, y de la mano para luchar en tiempos de guerra, constituía una pieza fundamental para la supervivencia y el auge de los reinos y las naciones en competencia.

En el marco de esa competencia, y como resultado de los cálculos de recursos disponibles en el camino al desarrollo económico, el gobierno chino ha impuesto a las familias estrictos límites que fueron asumidos como el sacrificio a realizar en favor de un bien mayor. Pero lejos de suponer un ataque a la “familia tradicional”, la política del hijo único ha ido acompañada de toda una serie de leyes y normas dirigidas a disuadir y castigar a todos aquellos que aspirasen a tener hijos fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer.

Sin embargo, por paradójico que suene, en China, la sacralidad de la familia se mantiene bajo el amparo del ateísmo y el desarrollismo más materialista, lo cual sugiere mucho sobre los factores que motivan las posturas más reacias a los nuevos modelos de familia.

Es decir, si la mayoría de los países en proceso de industrialización, fuesen cristianos, budistas, confucianistas, o ateos, combatieron  las formas de convivencia y reproducción no consistentes en la fórmula “padre-madre-hijos”, parece bastante obvio que lo que realmente mueve a dichas posturas políticas no son las convicciones religiosas, sino la convicción de que el modelo de “familia tradicional” es el que permite que la sociedad se reproduzca de un modo favorable a los objetivos económicos de la élite.

En resumen, que esté todo bien atado, y que por cada obrero y obrera nos lleguen los reemplazos esperados, que el mercado ya cuenta con bastantes variables impredecibles.

De ahí que el matrimonio homosexual suene tan peligroso a oídos de los católicos de bien en España como de los comunistas de casta en China, y qué decir de las mujeres que se atreven a decidir sobre sus ovarios, a esas mejor tenerlas a raya, no vaya a ser que se nos descarríe la prole.

3 comentarios en “En China, si eres mujer soltera, tus óvulos no te pertenecen”

  1. Toda la razón, al final son los grandes explotadores los que están interesados en que haya una reproducción continua de mano de obra, y para eso usarán la religión o cualquier otra cosa que les venga bien para justificar el matrimonio. Es muy triste que el PCCh se haya convertido en el mejor aliado de la burguesía.

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