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Bienvenidos a Bambulandia

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No, amigos, la entrada y el vídeo de hoy no tratan sobre los pandas, sino sobre una aldea china de emigrantes en la que se sigue practicando la silvicultura del bambú. Este lugar llamado Zihongshan (紫洪山), de apenas 1000 vecinos y aparentemente perdido entre las montañas de la provincia de Zhejiang, se encuentra a apenas media hora de carretera desde Shaoxing, una ciudad de varios millones de habitantes y conocida como el hogar del escritor Lu Xun.

Es posible que al ver el minidocumental a algunos os sorprenda la brecha que puede haber entre las áreas metropolitanas avanzadas y sus extrarradios, pero esta es una situación muy habitual en muchas ciudades de China, en parte porque todavía no se ha producido el retorno a las zonas rurales por parte de las clases medias y altas. No en vano, a la mayoría de los urbanitas no le parece que dar un paseo por pueblos como este sea algo deseable, y creo que a la gente de Zihongshan le resultó hasta sospechoso que nosotros los visitásemos en hasta 3 ocasiones durante el último mes. Ahora bien, es muy posible que el carácter montañoso de esta área de la provincia también tenga algo que ver con el aire de aislamiento económico, social y cultural que se respira en estas pequeñas localidades arropadas por frondosos bosques.

En cuanto al aprovechamiento del bambú, según nos explicaron los vecinos del pueblo, en estos momentos la cantidad de árboles talados es más baja porque el precio que se paga por la madera ha bajado mucho y a muchas familias no les sale rentable el esfuerzo. Sin embargo, hace unas cuantas décadas hubo años en los que el gobierno impulsó su explotación y se obtenía algo más dinero por su tala y amplísimo aprovechamiento, que abarca desde la producción muebles hasta la del papel, sin olvidar su todavía popular y vistoso uso en el andamiaje.

A partir de los años 70, y con la llegada de las reformas económicas, las ganancias de las familias campesinas comenzaron a disminuir en comparación con las urbanas y muchos jóvenes y no tan jóvenes de pueblos como Zihongshan entendieron que la mejor manera de acceder a los estándares de vida que asomaban desde el extranjero era emigrar. Es decir, la mayoría ni siquiera se planteó probar suerte en grandes ciudades del país como la cercana Shanghai, quizás porque no les parecía que ofrecían las mismas oportunidades de prosperar.

De hecho, se estima que entre el 70 y el 80% de quienes emigraron a Hong Kong desde el área metropolitana de Keqiao, de cientos de miles de habitantes, provenían de Zihongshan, lo que significa que en algunos años se marcharon prácticamente todas las personas del pueblo en edad de trabajar. Por cierto, no muy lejos de aquí está el condado de Qingtian, del que proceden la mayoría de los emigrantes chinos que llegaron a España, y a la cual regresan muchos después de jubilarse.

Pero aunque Zihongshan es quizás demasiado pequeña como para atraer a los emigrantes que conquistaron la prosperidad, muchos de estos no se han olvidado de su viejo hogar y han hecho todo tipo de contribuciones para mejorar su situación, entre ellas la pavimentación de caminos de montaña para otras aldeas vecinas o la construcción de un templo budista. Con el fin de honrar su generosidad, los nombres de estos benefactores permanecen grabados en pequeños monumentos que les garantizan un más allá en la memoria colectiva de los del más acá, al estilo de lo que se ha venido haciendo con los grandes talentos de la historia china, muchos de los cuales, como Yu el Grande, fueron deificados por sus contribuciones en ámbitos como el de la ingeniería hidráulica.

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Entre los emigrantes más ilustres de Zihongshan se encuentra Zhang Chuanxin, un señor nacido en 1932 que marchó a Hong Kong y que en 1972 abrió una compañía del sector textil, quizás no demasiado diferente a las que vemos hoy en día en el pueblo. Zhang fue uno de los primeros que se fue y tuvo suerte en sus aventuras empresariales, pero también echó una mano a quienes llegaron detrás de él. En 1988 fundó una organización para los emigrantes de Zihongshan a Hong Kong, pero también se las apañó para atraer inversiones a su pueblo natal y a lo largo de 30 años realizó donaciones por el valor de más de 10 millones de yuanes (más de un millón de euros).

Este tipo de iniciativas son las que explican, en gran medida, el desarrollo de pequeñas fábricas y talleres textiles en el pueblo, las cuales han permitido que muchas familias dejen de lado el bambú, los huertos y las cabras, y accedan a un nivel de vida más alto. Sin embargo, la mentalidad dominante entre ellos sigue siendo la de tratar de abandonar el pueblo, aunque sea a través de sus hijos, por los que son capaces de ahorrar considerables sumas de dinero que son invertidas principalmente en su educación y en una vivienda urbana.

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Mientras tanto, a Lele y a mí nos están entrando muchas ganas de mudarnos a un lugar como este, aunque sea durante las vacaciones, porque el alquiler apenas ronda los 150 euros y se respira un aire mucho más sano y tranquilo. Sin embargo, la idea de establecernos en Zihongshan tampoco nos convence del todo, en parte porque la educación en China es muy competitiva y enviar a tus hijos a la escuela del pueblo puede suponer una gran desventaja en comparación con los niños de la ciudad, o al menos así es como lo percibe la mayoría. Además, yo tendría que trasladarme en coche a trabajar, lo cual no es demasiado recomendable si tenemos en cuenta los riesgos de conducir en este país.

En fin, ya veremos lo que hacemos. Por cierto, si os ha gustado mi pequeño documental y queréis convertiros en mecenas de mi canal, podéis hacerlo a través de Patreon. ¡Saludos y nos vemos en la próxima entrada de Historias de China!

Comments

  1. y no seria una opción desplazarse con el niño hasta un colegio de calidad en esa urbe que esta a 30 min todas las mañanas ??

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