Memorias de una superviviente de la esclavitud sexual bajo el Imperio Japonés

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Hace unos días, el canal de noticias Sina publicó un sobrecogedor reportaje sobre Park Yi Ah, una anciana de 93 años originaria de Corea del Sur que lleva viviendo en la provincia de Hubei desde el año 1945.

Park llegó a China como tantas otras “mujeres de confort”, un eufemismo acuñado por el Imperio Japonés para referirse a las horribles prácticas de esclavitud sexual que promovió durante y hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

Según recuerda la superviviente, el ejército japonés la convenció para viajar a China con la promesa de trabajar en una fábrica textil, oferta más que considerable para las jóvenes campesinas de su región de origen, al suroeste de la península coreana. Sin embargo, el mismo día de su llegada a Wuhan, capital de la provincia de Hubei (China Central), la joven de 23 años fue violada por más de 10 soldados japoneses.

Tras la repulsiva bienvenida, la esclava sexual fue forzada durante meses a una rutina sin descanso que, en muchas ocasiones, implicaba “reconfortar” a más de 20 hombres por jornada, hasta que, un día, comenzó a sentir como si tuviese un cuchillo clavado en sus genitales. Al igual que otras muchas mujeres en su situación, más adelante Park descubriría que había quedado estéril por la contracción de una enfermedad de transmisión sexual.

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A finales de agosto, los japoneses reunieron un grupo de esclavas coreanas con la intención llevarlas de vuelta hasta el norte de la península. La guerra continuaba a lo largo de la ruta a seguir, y Park temió que se tratase de un nuevo engaño, así que aprovechó un momento en que la caravana se detuvo para huir a hurtadillas.

Afortunadamente, aunque no hablaba la lengua local, la joven recibió ayuda por parte de dos mujeres wuhanesas que la transportaron a escondidas hasta el distrito de Hankou, donde fue acogida por un trabajador que la llevó consigo de vuelta a Xiaogan, una localidad situada al noroeste de Wuhan.

Una vez allí, Park convenció al que se convertiría en su marido para vivir lejos del centro, en una zona rural en la que se hizo conocer con el apellido del futuro presidente Mao y con el nombre de Yinmei. Tras 7 años juntos y sin posibilidad de obtener descendencia, en 1952, el matrimonio pudo adoptar a la hija de un viudo en serios apuros económicos.

Aquella niña, llamada Huang Meirong y actualmente en la sesentena, relata al reportero de Sina lo bien que se llevaban sus padres adoptivos, pero también recuerda las heridas psicológicas que su madre arrastró desde la guerra y que se manifestaban en bruscos cambios de humor, desesperación por no poder dar a su hija una vida mejor y ataques de ansiedad que le llevaban a arrancarse el cabello.

Aun así, su marido, de habla suave y carácter tímido, siempre la trató con cariño y cuidó de ella hasta 1996, año en que falleció, dejando a Yinmei sola en el pueblo, aunque bajo la atenta consideración de sus vecinos campesinos y de las autoridades locales, quienes la tienen en alta estima y se ocupan de que no le falte lo básico. Además, la anciana recibe ayudas del gobierno chino y de Corea del Sur que le permiten mantener una vida digna dentro de lo que se puede esperar en las zonas rurales de Hubei.

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En cuanto a los sentimientos de Yinmei hacia su tierra natal, según cuenta el reportero de Sina, hace un tiempo sus conocidos coreanos le regalaron un mapa de la península, pero no tardó en pedir a su hija que lo retirase de la pared, y cuando la embajada de Corea del Sur preguntó a la anciana si deseaba que su cuerpo fuese repatriado, respondió con un: “no se molesten, que me entierren aquí mismo”.

Se estima que la esclavitud sexual del Imperio Japonés afectó a alrededor de 200.000 mujeres, la mayoría de ellas coreanas y chinas.

Tras varias décadas de denuncias, en los años 1992 y 1993, nuevas evidencias sobre este este crimen contra la humanidad llevaron a las máximas autoridades japonesas a pedir disculpas a los coreanos y a crear el Fondo para las Mujeres de Asia, una iniciativa financiada a través del Estado y de donativos, y gestionada por voluntarios que dejó fuera a las víctimas de China y Corea del Norte.

En el año 2005, Japón anunció que el fondo sería disuelto dos años después, y desde entonces, tanto el Primer Ministro Shinzo Abe y otros líderes políticos afines a las posturas revisionistas han seguido expresando públicamente dudas de que la esclavitud sexual existiese.

Haz click aquí para ver todas las fotos del reportaje obtenidas por Yan Meihua.

Una respuesta a “Memorias de una superviviente de la esclavitud sexual bajo el Imperio Japonés”

  1. El caso de las mujeres asiáticas violadas por el ejército del Imperio de Japón es uno de esos terribles episodios de la maldad humana. Sin lugar a dudas la política exterior de Japón es terrible con China y Corea del Sur.

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