Los jubilados chinos y sus ganas de jarana

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China es el país que más rápido está envejeciendo y según las previsiones del Banco Mundial, para el 2050, el 40% de su población podría superar los 60 años. Sin embargo, no hace falta irse al futuro para darse cuenta de que los jubilados ocupan un lugar muy especial en el día a día de los chinos.

La pista más obvia de esta situación especial se encuentra probablemente en el uso que esta honorable franja de edad hace de los espacios públicos, los cuales okupan diariamente con envidiable entusiasmo y el justo espíritu cívico.

Dentro de dichos usos, el más conocido y debatido es, sin duda, el de los grupos de baile que atronan cada tarde las plazas de todo el país con el enloquecedor ritmo del sino-bakalao folclórico. Pero para mí lo llamativo del fenómeno “guangchang wu” no son sus bien llamativas formas, sino el hecho de que, aquí en China, son los jóvenes y adultos de mediana edad los que se quejan de la escandalera que montan los mayores.

De hecho, tengo que admitir que cuando vivíamos en la gélida Changchun, nos retumbaban los cristales del piso con el estruendo de los tambores y trompetas que sonaban desde el parking de un supermercado cercano, en el que cada noche se reunían los aficionados a la música y el baile tradicional de la región. Es más, una vez me acerqué con mi mujer a curiosear y sacar unas fotos (dos de ellas aquí presentes), y nos encontramos tal ambiente que a punto estuve de unirme a la juerga, aunque, al contrario que ellos, yo habría necesitado un par de cervezas para soltarme.

Y es que, lo que observamos en las plazas y parques de China es una especie de síndrome de Benjamin Button  a lo bestia, de modo que los roles tradicionales de las diferentes etapas vitales se han invertido, y son los mayores quienes disfrutan de la calle, los juegos, la música y hasta cierto ligoteo, mientras que los niños y jovenzuelos pasan sus mejores años hincando codos entre cuatro paredes.

De hecho, los jubilados y ancianos de este país gozan de una enorme variedad de actividades al aire libre, desde el Tai Chi o la Ópera de Pekín hasta los infalibles juegos de mesa o el “jianzi“, que exige una gran flexibilidad y coordinación, aunque mis favoritos son los grupos de karaoke con espíritu punk, de esos en los que los intérpretes van visiblemente drogados, berrean como si no hubiese mañana y les importa todo bien poco.

Ahora bien, aunque muchas estas formas de ocio también varían en función de las modas, parte de su razón de ser responde a una serie de hábitos que no son nada recientes y que enraízan con la forma en que se socializaron y trabajaron las generaciones pasadas.

No en vano, buena parte de los jubilados que animan los espacios públicos forman parte de los afortunados que trabajaron para el gobierno o para empresas nacionales, la mayoría de las cuales cuentan con grupos de actividades culturales y/o deportivas.

Pero estos grupos de actividades no son el producto de estrategias de recursos humanos como las que se aplican en Occidente, sino el resquicio de un tipo de organización productiva que proviene de las Unidades de Trabajo o “danwei” (单位), uno de los agentes más importantes de la economía china todavía en la actualidad.

Antes de las reformas iniciadas por Deng Xiaoping, las danwei lo eran prácticamente todo para los trabajadores de las ciudades, ya que no solo constituían su lugar de trabajo, sino que además se encargaban de cubrir la mayor parte de sus necesidades, incluyendo vivienda, sanidad y educación. Pero, además, las unidades de trabajo disfrutaban de sus propias organizaciones culturales, deportivas y de ocio, en las que los trabajadores tomaban parte ya fuese por su propio interés o porque tocaba entretener a los líderes de turno (esto sigue siendo habitual en muchas empresas y centros educativos).

Es más, las danwei más grandes contaban y siguen contando con trabajadores más o menos “liberados” de las cargas productivas, los cuales se pueden dedicar a organizar y actuar en bailes, conciertos y demás, como es el caso de mi suegro y su hermano, dos tipos capaces de montar todo un show con la simple ayuda de su voz y cualquier instrumento musical/objeto aporreable.

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Desgraciadamente, además de proveer los servicios necesarios para gozar de una vida digna, el sistema de las unidades de trabajo encarcelaba a los trabajadores en un régimen de control totalitario, en el que casi cualquier decisión individual o familiar debía pasar por la aprobación del partido. Pero igual que les ocurre a muchos rusos con la Unión Soviética, gran parte de los chinos con más experiencia echan de menos el ambiente colectivo de aquella vida en la que lo esencial estaba garantizado.

Ahora muchos de aquellos ámbitos de la vida diaria han quedado en manos de las empresas privadas, y parece que a la mayoría de la población le ha beneficiado la peculiar combinación de planificación estatal y economía de mercado que viene recetando el gobierno.

Sin embargo, todo indica que esa transición hacia la gestión privada no satisface del todo las necesidades de ocio de los mayores, quienes se resisten a pasar las horas perdidos en los centros comerciales y cada día salen a la calle para reclamar el uso de los cada vez más escasos lugares de disfrute público.

Por supuesto, habrá quien diga que sus actividades son un incordio, que participan en ellas como zombies, o que muchos caen en manos de aprovechones que se lucran a costa de su necesidad de hacer deporte, de su soledad y sus ganas de socializar. Pero a mí me parece que en su forma de divertirse al aire libre hay cierto espíritu de rebeldía muy propio de la adolescencia; de hacer lo que a uno más le apetece aunque sea limitándose a imitar a los demás, sin importar que moleste un poco a los que se quedan en casa y, sobre todo, sin tener que dejarse toda la paga en ello.

3 comentarios en “Los jubilados chinos y sus ganas de jarana”

  1. Magnífico post. Tengo cientos, quizá miles de fotos de abuelos tocando el erhu, o jugando al Majiang abuelas bailando, haciendo teatro o cualquier cosa en parques y plazas. Tengo grabada en la retina la imagen de mi suegra bailando con las vecinas a las 8 de la tarde, cuando parece que de una puñetera vez refresca. Ese uso de los parques y de las calles me parece muy recomendable, y algo que en España, por ejemplo, no hacemos. Paseas por un buen parque (en Zaragoza tenemos varios) y es raro ver ninguna actividad si no es con un respaldo publicitario detrás. Supongo que la hiperregulación estúpida en la que vivimos haría que bailar en la calle exigiera que te dieras de alta en un servicio, pagaras 12 euros en una oficina de Ibercaja, mientras te cobran 3 de comisión.

    1. En otros paises europeos tambien se aprovechan mucho mejor los parques.
      En España no tenemos una configuracion muy adecuada para aprovecharlos, Muchos cespedes son para ver y no pisar.

      Tambien el caracter del Español es muy vergonzoso y somos un poco sectareos y fuera no esta tan extendido. Ejemplos.
      Cuando empezamos a chapurrear idiomas es facil que los demas se pitorreen. Seguramente no exagero si digo que es un problema a nivel nacional, por extension y por las consecuencias en el aprendizaje de idiomas.
      Tambien somos muy talibanes con las musica y nos burlamos de otras musicas diferentes a las que nos gustan.
      Son unos ejemplos, que puede extrapolarse a la dinamica parqueril.
      Si montas un Karaoke en el parque será dificil encontrar voluntarios para cantar. Un Speaker corner seria dificil que tuviera exito.

      Es un rasgo que deberiamos cambiar

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