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“Operación Retorno” en China: una y no más

 

Hoy a las seis y media de la mañana Lele y yo por fin hemos llegado a Shaoxing, después de 17 agotadoras horas en la carretera para recorrer los poco más de 1000 kilómetros que nos separan de Dangyang, donde hemos pasado tres semanas descansando y celebrando la llegada del año del perro. Y aunque sabéis que normalmente trato de quedarme con el lado positivo de las cosas que me ocurren por aquí, hoy me voy a dejar de historias y voy a arrancar reconociendo que ha sido una de mis peores experiencias en China y que espero no volver a repetirla en mi vida.

Ojo, con ello no quiero decir que odie conducir largas distancias por este país. De hecho, Lele y yo disfrutamos bastante del viaje de ida, sobre todo por las vistas de los paisajes nevados, aunque aquel viaje lo realizamos más de una semana antes de la víspera del Año Nuevo y sin apenas tráfico en las autopistas. Pero hoy estoy convencido de que para mí es imposible disfrutar de las carreteras de China cuando estas se llenan de conductores en un contexto como el del Festival de Primavera.

Por supuesto, entiendo que esto no resulte tan grave para quienes están acostumbrados al estilo local de conducción, pero supone un soberano despropósito para los que pensamos que las normas de circulación están para obedecerlas. Yo reconozco que en algunos momentos he fantaseado con que las autoridades del tráfico obligasen a mis compañeros conductores a volver a sacarse el carnet, porque me parece simplemente de locos el modo en que buena parte de ellos viola sistemáticamente el código de circulación.

Para empezar, como ya enseñé en uno de los vídeos del canal de YouTube, aquí lo normal para demasiados es usar el carril de la izquierda, sin importar lo despacio que circulen. Pero esto no lo hacen por afinidad ideológica (badum, tssss) sino porque entienden que este carril es el del confort, por estar más libre de camiones y de la incomodidad de las incorporaciones o las paradas de emergencia. Además, el uso de dicho carril suele ir acompañado de otros peligrosos hábitos como el de hablar por teléfono o enviar mensajes de texto y voz, prácticas que se mantienen sin apenas temor a las multas, que siguen siendo muy bajas en términos relativos.

En principio, todos saben que nada de eso debería hacerse, pero aquí la mentalidad que impera no es la de si un comportamiento es o no deseable, sino si dicho comportamiento está castigado, y como no suele multarse a los que van por la izquierda, no hay manera de hacer que los conductores abandonen el hábito.

Otra de las cosas que me ha desesperado es ver cómo en todos y cada uno de los 8 atascos por accidentes que padecimos, cantidad de conductores optaron por usar el arcén para escapar del entuerto, agravando el nivel de congestión de las vías, impidiendo el acceso de policía y ambulancias, y causando nuevos accidentes. Una vez más, cualquiera con dos dedos de frente en este país entiende que eso no debería hacerse, pero como saben que la policía no se va a poner a meter multas en esa situación, prefieren salirse con la suya y arriesgar la vida de los demás con tal de llegar 5 minutos antes, si es que llegan.

Ahora bien, para mí, al igual que para otros chinos, lo más feo y triste de todo ha sido ver la cantidad de basura que se ha tirado a lo largo y ancho de la red de carreteras, dejando las medianas llenas de porquería y convirtiendo las áreas de servicio en auténticos vertederos. Y sí, reconozco que nosotros también somos muy guarros en fiestas como la de los sanfermines, pero echar la basura por la ventanilla, como he visto hacer estos dos últimos días, no solo es sucio sino altamente peligroso para los que circulan por detrás.

Una vez oí a un profesor explicar que los coches nos invitan a que demos rienda suelta a ciertas facetas de nuestro carácter que inhibimos en el trato cara a cara, ya que nos sentimos aislados y protegidos por su estructura de cristal y acero. Pues bien, yo creo que esto también es muy cierto en China, donde las personas generalmente tratan de evitar meterse en problemas con los demás, aunque parece que al subirse a un automóvil algunos se transforman totalmente.

Es más, lo que he presenciado durante esta penosa experiencia de conducción en masa me preocupa mucho más que cualquier otro de los temas sobre los que se suelen cebar los periodistas, porque además de su enorme impacto ambiental, del que yo también soy partícipe en cierta medida, la forma de usar el automóvil en este país refleja muy bien las carencias de muchos de sus ciudadanos ante la posibilidad de construir un Estado de derecho. Y aunque generalmente se señala al gobierno o al Partido Comunista de China como responsable de la lenta evolución del marco jurídico (por decirlo suave), yo tengo la impresión de que en estos momentos buena parte de los chinos tiene muy poco interés en desarrollar todo eso de las derechos y las responsabilidades.

Lo que prima ahora mismo para esa parte de la población es asegurar la subsistencia y conquistar el mejor nivel de vida posible en términos materiales, lo cual, dicho sea de paso, también es un derecho vital. Es decir, ellos quieren tener un coche o, si es posible, un cochazo, pero se ríen de las normas y de los agentes de tráfico, y hacen la vista gorda con el hecho de que los accidentes de tráfico sean la primera causa de muerte no natural de la población joven y no tan joven.

Y no penséis que esto solo es cosa de los conductores de clase baja o poca educación, porque ese comportamiento afecta a todos los espectros del estatus económico y cultural de este país, y yo diría que los que peor se portan son precisamente los que pueden comprarse un cacharro más grande y rápido, de esos con los que da igual lo fuerte que te la pegues, porque saldrás ileso del entuerto, aunque los que vayan en el otro coche ya son otra historia.

Por suerte, cada vez son más los jóvenes que consideran que esa mentalidad no tiene cabida en una sociedad sana, y aunque la educación en materia de civismo apenas ha echado a andar, yo estoy convencido de que las cosas pronto cambiarán a mejor, igual que está ocurriendo en otros aspectos del desarrollo económico y social.

Ahora bien, visto lo visto, yo de momento prefiero tomar el tren para estas ocasiones, pues es más seguro, rápido y barato. Y aunque es verdad que el coche gana en libertad personal y puede ofrecer más comodidad a ciertas familias, resulta muy difícil disfrutar de ello cuando buena parte de los que nos rodean son incapaces de pensar en las consecuencias de sus volantazos.

7 comentarios en ““Operación Retorno” en China: una y no más”

  1. Te entiendo perfectamente tio!! Es un puto infierno coger el coche para viajar en epocas de año nuevo chino… el incivismo al volante es una de las cosas que mas miedo me dan del pais. Y mientras mas lujoso sea elcoche mas imprudencias hacen (como si el estatus economico dictara quien puede pasar y quien no). Para la siguiente ya sabes!! Reportaje en video!! jejeje.. es broma. Tomatelo con calma y para la proxima mejor en tren… que tb ha de ser (segun lo que escribiste en el PEOR VIAJE DE TU VIDA EN TREN) una experiencia guapa guapa jeje. Animos y me alegro que hayais llegado con vida a casa!

  2. Menos mal que no te ha tocado conducir en Perú porque te un yuyu pero los gordos. Alli son peores, lo de respetar las normas de trafico vamos parece que estan escritas pa tu p.t,. madre, porque no las respeta ni Dios y además van follaos como si les hubiera quedado pegao el pie en puto acelador, y dentro de las cuidades es peor aún, en cuidades como Lima, Trujlllo o Arequipa el trafico es un autentico caos, no se respetan los pasos de peatones (por ejemplo). A mi toco conducir dentro del Peru y una y no mas Santo Tomas no vuelvo a repetir y nicagandoooo!

  3. Llevo dos años viviendo en China y te puedo asegurar que esas conclusiones las tengo casi desde el primer mes aquí… conducen sin reglas, ni organización ni por supuesto pensando en los demás..pero es que también viven así.. Si fuesen más colaboradores entre ellos, dejasen menos a la improvisación y más cívicos con su país y por ende con este mundo.. tal vez habrían habitado ya la luna, pues tienen potencial pero visto lo visto, ninguna voluntad de cambio.

  4. Un mes y medio estuve en Zhangjiakou, trabajando junto a varios miembros de la delegación china de mi empresa, y casi lo primero de lo que me avisaron es de que no cruzase ninguna calle sin mirar mil veces a todos lados, independientemente de si hubiera paso de peatones o semáforo en verde para los mismo. Es mas si iba con ellos, algo que ocurrió en el 99% de las ocasiones, no me dejaban cruzar si ellos no habían comprobado el trafico previamente, jejej, casi me sentí como un niño cruzando de la mano de su aita la calle.
    Por supuesto, en ningún momento se hizo la mas mínima referencia a que pudiera tocar un volante mientras estuviese en china
    Y por supuesto suscribo al completo lo que vi en las carreteras y autopistas chinas, coincide completamente con la imagen que aportas, y eso que yo estuve en diciembre que no es año nuevo chino

  5. El trafico de El Cairo es muchisimo peor, los de los pueblos de alrededores no entran a la ciudad en coche, los semaforos y carriles no existen, si hay hueco se meten, cruzar una calle es una odisea, un deporte de alto riesgo.

  6. ¡Hola Javi!

    Me alegra leer que llegaráis sanos y salvos del viaje aunque fuera toda una odisea

    Hay algo de tu escrito que me ha hecho pensar bastante: “…yo tengo la impresión de que en estos momentos buena parte de los chinos tiene muy poco interés en desarrollar todo eso de las derechos y las responsabilidades”.

    Vivo en China hace unos pocos meses y me queda muchíiiiimo por asimilar, pero está siendo muy intenso (creo que sería igual de intenso si llevara aquí años) y realmente creo que es muy complicado que una sociedad desarrolle derechos y responsabilidades cuando está totalmente infantilizada y controlada por el Gobierno. Tengo la sensación de que el sistema está muy bien montado si cumples las normas pero, como te salgas un poco… aaaayyyy, ¿cómo te atreves?

    Y no me refiero a mí, que yo soy extranjera y cuento para lucir y poco más, sino a las personas chinas. Si no te enseñan a ser responsable, ¿cómo vas a serlo?. Si te enseñan a responder solo ante castigos, ¿qué te lleva a querer el bien común?. Si el objetivo último de toda familia es hacer dinero como locos y sabes que eso te salva de todo, ¿quién te va a decir cómo comportarte o dejar de hacerlo?

    Y no machaco a China, porque estas tres preguntas pueden aplicarse a más de un país, pero sí es algo que ocurre en China. Y eso viene causado por un control policial y gubernamental muy bestia. Yo me siento muy a gusto con las personas, me tratan muy bien y me cuidan, pero vivo con una tensión constante que desaparece en cuanto me planto en otro país, y siento que es una lástima porque China es un país fascinante.

    En fin, yo no conduzco en China y no lo haría ni loca, no sabría por dónde empezar

    ¡Feliz Año del Perro!

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