Visita a un monstruomercado de electrónica en China

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Si no recuerdo mal, la primera vez que entré en un monstruomercado de electrónica fue allá por octubre de 2011, pocas semanas después de llegar a Wuhan, la capital frustrada de China Central. El pequeño móvil que me compré junto con mi primera tarjeta sim dejó de recibir llamadas y mi mujer (novia entonces), incapaz de concebir una vida sin cobertura, me llevó a empujones a comprar uno nuevo.

Yo no tenía ni idea de qué tipo de teléfono necesitaba, lo cual fue todo un error, porque en estos lugares existe un verdadero riesgo de acabar apabullado en la marea de comerciales, puestos de venta, ofertas y contraofertas que nos traga nada más entrar. Es posible que los chinos estén acostumbrados a perderse entre tanto ajetreo y tanto chisme, y doy fe de que mi mujer estaba encantadísima con el panorama, pero yo después de una hora ya no sabía si era un simple demandante de telefonía móvil o Tetsuo, el hombre de hierro.

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Después de aquella fatídica primera visita he repetido experiencia en monstruomercados de diversas ciudades, aunque he de reconocer que cada vez me siento más cómodo dentro de ellos, sobre todo porque, pese a su frecuente estado de agitación, todos son prácticamente iguales en cuanto a estilo y organización. Es decir, visto uno, vistos todos.

No en vano, en China hay cadenas de grandes almacenes de electrónica con sucursales por todo el país, entre los que destacan marcas como “La reunión de los 100 ordenadores” (百脑汇, Buynow en inglés), la número uno con establecimientos en 22 ciudades.

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Por la simple razón del acceso, la primera planta y la entrada de estos gigantes es el espacio más disputado por las empresas de electrónica, aunque generalmente es un lugar dominado por los fabricantes de ordenadores portátiles, como Lenovo, Acer, Samsung, Dell, Asus y HP, aunque lo más habitual es que también haya alguna tienda no oficial de Apple en alguna esquina. En mi opinión, esta es la zona más cargante de todo el edificio, porque es aquí donde se concentran los comerciales más pesados.

Curiosamente, esta área resulta más llevadera cuando el centro está bien provisto de clientes, ya que en esa situación es mucho más fácil escaquearse entre la multitud, mientras que en un día tranquilo (como el de nuestra última visita) te puede tocar atravesar solito todo un pasillo de comerciales jaleándote como a Indurain en el Tourmalet.

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El segundo piso ya es otra historia. En principio, nos encontramos en el reino de los teléfonos móviles, aunque también podemos encontrarnos varias tiendas de videoconsolas o material fotográfico. Aquí la cantidad de puestos por metro cuadrado aumenta hasta límites insospechados y casi da igual la marca que anuncien, porque los tenderos habilidosos consiguen lo que sea y están más que acostumbrados a los iluminados que aterrizan bajo un letrero de Samsung para preguntar por teléfonos Xiaomi.

Por cierto, ejem, aquí es donde todavía se puede conseguir algún que otro aparato de esos que se traen de contrabando desde Hong Kong, sin pagar impuestos. Supongo que si vais con un amigo o guía chino os podría ayudar a sacar una “ganga” de esas, pero la verdad es que la cosa está cada vez más difícil en ese sentido y no sé si merece la pena teniendo en cuenta que pierdes la garantía (aunque no siempre es así).

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Entre el segundo y el tercer piso es posible que nos topemos con el servicio informático, compuesto por un equipo de profesionales capaces de desmontar, revisar y reparar nuestro destartalado equipo por una pequeña fracción de lo que se cobra en España. Aquí hace años que no se oye la frase “te sale mejor comprar uno nuevo” y los técnicos te invitan amablemente a esperar o a dar una pequeña vuelta mientras se encargan de tu apestoso portátil, ¡como si fuese posible arreglarlo en lo que te comes unos fideos!

De hecho, en algunos de estos monstruomercados tienen una planta con restaurantes o una cantina, ideal para esperar mientras el técnico se caga en nuestros ancestros por jamás limpiar el ventilador o para reponer fuerzas tras una frenética sesión de no-compras.

A partir del segundo piso entramos en los dominios de las piezas de recambio, el material de oficina, los sistemas de videovigilancia (muy solicitados por aquí pese a la baja criminalidad), y cachivaches de toda índole. Aquí ya nadie nos da la pelmada, a no ser que nos la busquemos muy activamente, y se supone que venimos buscando algo en particular, como un recambio para el trascopolador frusótico de la nave de ET, que seguro que lo tienen en varios colores.

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Por último, en la cuarta o quinta planta están los almacenes, operados por reponedores más o menos atareados y encargados en modo siesta perpetua. No sé si recomiendo adentrarse en estos niveles, porque aunque algunos de sus locales están bien ordenaditos y resultan hasta curiosos, otros se parecen a la guarida de la Bruja Avería y a mí aquel muñeco me daba mucho yuyu cuando era pequeño.

En cualquier caso, si algún día estáis de visita por China y tenéis ganas de comprar o simplemente ojear productos de electrónica, os recomiendo que deis una vuelta por uno de estos mercados. Es probable que después de un rato a vueltas se os olvide lo que andabais buscando, pero, ¿quién sabe? A lo mejor encontráis el armatoste definitivo para hacer vuestra vida mucho más fácil, hasta que un día se estropee y os hunda en la más absoluta miseria.

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